Dieta Alcalina
Una alternativa para retomar el control de la salud
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Desde los tiempos de Hipócrates las enfermedades se explican por el desequilibrio de nuestro medio interno. En sus fundamentos terapéuticos, la observación de los “cuatro humores corporales”: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema, cuya perfecta armonía está regida por la fuerza de la naturaleza es imprescindible conseguir la cura a través del reequilibrio de los mismos. Y este abordaje médico está basado de forma principal en la dieta: “Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento”.

En 1865, Claude Bernard adopta y desarrolla una visión más seria y comprometida con la importancia del equilibrio del medio interno. Bernard declaro que : “Es el medio interno de los seres vivos el que está en relación inmediata con las manifestaciones vitales normales o patológicas de los elementos orgánicos (…) Todos los mecanismos vitales, por variados que sean, no tienen siempre más que un principio: mantener la unidad de las condiciones de la vida en el medio interno”.

El mantenimiento de la vida precisa unas condiciones fisicoquímicas específicas. La estabilidad del medio dependerá del correcto funcionamiento celular y para que este se lleve a cabo la sangre ha de satisfacer dos importantes necesidades: llevar nutrientes (fundamentalmente oxígeno) y retirar los residuos tóxicos que genera la transformación (metabolismo) de dichos nutrientes.

La estabilidad de nuestro medio interno se valora a través del grado de acidez o alcalinidad, determinando el valor del pH, es decir la concentración de iones de hidrógeno.

Entre 0 y 7 tenemos valores de acidez y de 7 a 14, de alcalinidad. Es decir, los valores del pH que van de 0 (extremo ácido) a 14 (extremo alcalino), localizándose en el centro (7) el valor neutro. Esto no quiere decir que siempre lo ácido sea “malo” y lo alcalino sea “bueno”, de ser así todo sería más sencillo, debemos entenderlo como una situación de equilibrio o balance, con la situación ideal de tendencia al equilibrio entre los extremos.

La concentración de ion hidrógeno en el plasma se mantiene entre unos límites muy estrechos en las personas sanas, manteniendo un ligero nivel de alcalinidad. Las concentraciones fisiológicas suelen oscilar entre 35 y 45 nmol/L (pH entre 7,45 y 7,35). Valores superiores a 120 nmol/L (pH=6,9) o inferiores a 20 nmol/L (pH=7,70), suelen ser incompatibles con la vida.

Los iones hidrógeno se originan como consecuencia del metabolismo, especialmente por la oxidación de los aminoácidos que contienen azufre de las proteínas ingeridas con los alimentos.

La cantidad total de ion hidrógeno producida cada día de esta forma es del orden de 60 mmol. Si toda ella estuviera diluida en el líquido extracelular (unos 14 L), la concentración de ión hidrógeno en el plasma sería de 4 mmol/L, es decir, unas 100000 veces más ácida de lo normal.

Esto no se lleva a cabo, ya que todos los iones hidrógeno producidos son excretados eficazmente en la orina. Sin duda, una persona que lleve una dieta rica en proteínas animales eliminará una orina notablemente ácida.

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El organismo contiene una serie de mecanismos para amortiguar los cambios bruscos en la producción de ion hidrógeno, como el sistema tampón. Pero en general la regulación del pH se hace por tres procedimientos fundamentales: uno, por las condiciones de la sangre misma en cuanto sistema físico-químico regulador; otro, por la coexistencia de líquido y células (suero, hematíes), que permite un mutuo intercambio, y, por último, por la función activa de órganos que restauran las condiciones anteriores de la sangre, funcionando como órganos de regulación, entre los que se encuentran el pulmón, el riñón y el aparato digestivo, como más importantes, ya sea restando ácidos (estómago), o álcalis (secreciones biliar, pancreática, intestinal). Por tanto la alimentación, siguiendo los originales dictados de Hipócrates es imprescindible para acercarnos de forma natural a esa tendencia alcalina de nuestro organismo.

Situaciones en las que en estado normal tienden a perturbar esta regulación son: la respiración celular, que supone un constante ingreso de un ácido, el carbónico; la respiración pulmonar, que al hacer entrar oxígeno, transforma la hemoglobina reducida en oxidada, lo que aumenta su acidez; el metabolismo, liberando elementos alcalinos y ácidos, y todas las actividades orgánicas, ya porque resten agua (riñón, piel) ya porque liberen ácidos (músculos).

Algunas causas de acidosis son:

  • Disfunciones renales (eliminación ácidos).
  • Disfunciones pulmonares (eliminación CO2).
  • Desequilibrios metabólicos (producción excesiva de ácidos, acumulación de cuerpos cetónicos).
  • Dietas con predominio de alimentos acidificantes.
  • Dietas cetogénicas.
  • Ayunos.
  • Disbiosis intestinal.
  • Determinados agentes estresores

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Los posibles síntomas más frecuentes de la acidosis como la falta crónica de energía, sabor agrio y viscoso al despertar, propensión a la fatiga, encías inflamadas y sensibles, , caries, cabello sin brillo y perdida del mismo, piel seca y agrietada, uñas quebradizas, calambres y espasmos musculares, problemas articulares, inmunosupresiones, propensión al dolor y tendencias a la depresión vienen originados por la desmineralización que tiene el organismo en su intento de neutralizar los ácidos y a las variadas alteraciones producidas por los ácidos no neutralizados.

Cualquier protocolo que incida en restaurar el equilibrio ácido-básico ha de pasar necesariamente por una valoración de las causas que pueden originar la acidosis principalmente, ya que las situaciones de alcalosis son mucho menos frecuentes.

Paralelamente a la interpretación de los principales síntomas, el análisis de los hábitos higiénico dietéticos es indispensable.

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PROTOCOLO BÁSICO.
1.- Determinación ácido-alcalina.
2.- Valoración sintomatología acompañante y hábitos higiénico dietéticos.
3.- Restaurar.

Dieta AlcalinaEn muchas de las situaciones anteriores el organismo trata de neutralizar el exceso de acidez corporal recurriendo a nutrientes alcalinos y a elemen­tos minerales aportados por el propio cuerpo. Si estos nutrientes minerales no están presentes en la alimen­tación o no se absorben en cantidades suficientes a nivel intestinal, el organismo recurre a sus propios depósitos, que poco a poco se van quedando vacíos. Una vez consumidas estas reservas de nutrientes minerales ya no es posible neutralizar los ácidos. Entonces se forman sales difícilmente solubles, que como otras sobrecargas toxínicas y metabólicas  se acumulan  en los tejidos.

Como nos podemos dar cuenta, ayudar al organismo a sus procesos de depuración de residuos ácidos es importante para mantener un buen estado general de salud, las recomendaciones de dieta alcalina son un buen ejemplo de sencillas prácticas saludables.

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BIBLIOGRAFIA GENERAL

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Por Roberto Vimbert
Licenciado en Medicina
Postgraduado Salud Pública y métodos de investigación biomédica