Vitamina DIdentificar a cualquier micronutriente (minerales, vitaminas, aminoácidos, etc..) por sus efectos positivos (y por los negativos también) sobre un órgano o un sistema concreto del organismo termina generando en la población una transferencia de datos no siempre bien contrastados y que parece ser, a partir de ahí, un conocimiento o información prácticamente inviolable que “clasifica” al nutriente en una posición en la que poder ver más allá de estas posibilidades identificadas, resulta si no imposible, por lo menos complicado.

Podemos citar muchos ejemplos clásicos de utilidades biológicas establecidas y fuertemente arraigadas en el saber popular más allá de los resultados de la evidencia clínica existente. Algunos de los más clásicos podrían ser hablar de las propiedades de la vitamina A para la vista, de la vitamina C para apoyar y reforzar el sistema inmunológico, la vitamina K para la coagulación sanguínea, o la que nos ocupa en este artículo, la vitamina D para la salud ósea, pero todas ellas, han reportado a lo largo del tiempo y de innumerables estudios, evidencia suficiente para considerarlas imprescindibles más allá de sus fronteras terapéuticas.

Hipócrates (337 a.C.) dejaba un precepto “Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento”, sobre este principio han sucedido una serie de avances y descubrimientos históricos que han permitido reconocer el uso de vitaminas y minerales en la prevención y tratamiento de múltiples enfermedades.

Con el desarrollo de la medicina basada en resultados, se ha podido cribar en relativamente poco tiempo, información con diferentes grados o niveles de calidad en su evidencia y que a su vez han abierto un campo amplio y prometedor, que en algunos casos descubre y en otros sustenta y valida firmemente, el uso y sinergias de los micronutrientes en esquemas de prevención y tratamiento de diferentes procesos patológicos.

La vitamina D, es uno de estos casos de moda en el ámbito científico, que ha agregado un buen número de referencias seriamente contrastadas a su calidad de nutriente esencial así como de componente vital para la homeostasis mineral, de modulador en el crecimiento y en la diferenciación de tejidos en el cuerpo.

En los últimos años se han sugerido y evidenciado beneficios en la reducción del cáncer, en las enfermedades cardiovasculares, en la función muscular, en la regulación y modulación del sistema inmunológico, en el metabolismo… Incluso en la prevención de enfermedades neurodegenerativas, como el parkinson y alzheimer se ha evidenciado una relación directa con los déficits de vitamina D.

Entendemos como vitamina D, un grupo de compuestos liposolubles. Sus formas principales son la vitamina D2 (ergocalciferol, de origen vegetal) y la D3 (colecalciferol, de origen animal). Sin embargo, solo una pequeña parte proviene de la ingesta, ya que la fuente principal es la exposición de la piel a la luz solar.

Es absorbida junto a las grasas a nivel duodenal, con la ayuda del buen funcionamiento del páncreas y de las vías biliares. Se almacena principalmente en el hígado, aunque también podemos encontrarla en cantidades más pequeñas en la piel, el bazo, el cerebro y los huesos.

Biológicamente, las dos formas, ergocalciferol y colecalciferol, están inactivas. Necesitan ser modificadas por una serie de enzimas mediante hidroxilación, proceso en el cual se agregan dos tercios de moléculas de agua para generar 25-hidroxivitamina D o 25(OH)D, que es el mejor indicador para medir el estado global de vitamina D por que refleja el total obtenido a través de la ingesta, de la exposición solar y de la conversión de los depósitos adiposos hepáticos.

Este segundo proceso del cual obtendremos 25(OH)D o calcidiol, se desarrolla en el hígado, al cual llega a través de la circulación sanguínea. Este proceso también pueden realizarlovarias células de la piel, pero la mayor parte del mismo que se encuentra circulando en la sangre, ha sido producida en el hígado.

Aún se requiere de una nueva conversión para que actúe en el organismo. Se debe transformar en el riñón, el calcidiol (25(OH)D) en Calcitriol (1,25(OH)2D), la forma activa y más potente de la vitamina D, ya que la mayoría de los efectos fisiológicos del organismo están relacionados con éste.

En publicaciones científicas se considera que valores de 21 a 29 ng/ml de 25(OH)D reúnen los criterios de déficit relativo y sitúan hasta los 30 ng/ml los criterios de suficiencia. En el 2011, el Institute of Medicina (IOM) dictaminó que los niveles de 25(OH)D de 20 ng/ml cubren los requisitos del 97,5% de la población y se establece este nivel de corte como el valor útil para los profesionales sanitarios en la práctica clínica. De la misma forma se establece que 50 ng/ml es el valor límite para la aparición de potenciales efectos adversos.

El déficit de este nutriente se relaciona con la ingesta pobre de alimentos ricos en vitamina D, con estados que conllevan a una mala absorción de grasas como en el caso de patologías intestinales o hepáticas y principalmente a una baja exposición a la luz solar.

Aproximadamente un 75% de esta vitamina se obtiene por exposición a los rayos UVB, pero se debe tener en cuenta la cantidad de tiempo de exposición la estación del año, la latitud, los factores climatológicos, la nubosidad, la contaminación, la superficie corporal expuesta y la protección solar utilizada.

La pigmentación de la piel también juega un papel importante por que modifica los tiempos de exposición necesarios para producir vitamina D. Los sujetos de piel oscura requieren de 3 a 4 veces más de exposición solar que los de piel clara.

Así mismo, los estados deficitarios se han asociado en personas que ingieren fármacos antiepilépticos, rifampicina, antiretrovirales o corticoides por períodos prolongados, y en personas que toman orlistat y colestiramina se recomienda no tomarlos junto con la suplementación de vitamina D por su carácter liposoluble.

Las personas obesas representan una población con riesgo de déficit por que la vitamina, una vez sintetizada o ingerida, es depositada en los tejidos adiposos siendo menos biodisponible. Además, los bebés alimentados exclusivamente con leche materna también presentan riesgos importantes, ya que la leche humana tiene 25 U.I de vitamina D/litro, lo cual es insuficiente para un bebé, en especial si tiene poca exposición a los rayos UVB.

Se han publicado varios estudios que demuestran que hay una gran parte de la población con déficit de vitamina D, por tanto podemos presumir que la simple exposición solar no basta y que la suplementación se convierte en una necesidad proporcionalmente asociada a las altas tasas de obesidad, de enfermedades digestivas y o de mala absorción intestinal, principalmente.

En estudiantes de medicina sanos de Gran Canaria, González-Padilla y colaboradores demostró una insuficiencia de vitamina D en el 61% de la muestra de estudio con niveles de 25 hidroxivitamina D (25(OH)D)<30ng/ml y un 32% con niveles inferiores a 20 ng/ml. Anteriormente, Vaqueiro, et al había demostrado que en la población mayor de 64 años sin factores de riesgo de hipovitaminosis se encontraban niveles <25 ng/ml de 25(OH)D en un 87%.

Por su efecto biológico, la vitamina D es esencial para una eficaz absorción de calcio en el intestino y para la utilización de éste en el organismo. Si los niveles de calcio bajan, la glándula paratiroidea detectará este descenso de calcio sérico y segregará paratohormona (PTH), que intentará normalizar los niveles séricos a través de un aumento de la absorción intestinal de calcio dietético y de la reabsorción de calcio filtrado por los riñones, pero también a través de la estimulación de los osteoclastos que provocan la degradación del tejido óseo para su remodelación y la consecuente movilización de calcio de los huesos.

En resumen, el déficit de vitamina D conduce a una absorción de calcio insuficiente que eleva los niveles de PTH movilizando el calcio de los huesos para mantener los niveles de calcio sérico.

Vitamina DDebido a esto la relación que tiene con la osteoporosis ha sido estudiada con una gran diversidad de resultados en relación a la suplementación de la vitamina D asociados al calcio, principalmente, por dificultad de separar los efectos específicos de la misma, así como de conocer los niveles basales preexistentes o de la ingesta de calcio. La evidencia sugiere que la administración de calcio acompañado de vitamina D reduce el riesgo de fracturas.

Pero a medida que la población envejece el papel de esta vitamina es determinante para una buena salud. Más de un 40% de la población mayor de 50 años presenta déficit de vitamina D, Bischoff, et al en el 2009, y Muir, et al en el 2011, reportaron estudios relacionando a la vitamina D con la reducción del riesgo de caídas por su efecto beneficioso sobre el equilibrio y la fuerza muscular, para lo cual se consensuan recomendaciones que van de 700 a 1.000 UI/día de Vitamina D.

A nivel endocrino, el calcitriol tiene un papel en la secreción de insulina en condiciones de demanda de insulina aumentada. Datos limitados en humanos sugieren que niveles de vitamina D insuficientes tienen efectos adversos sobre la secreción de insulina y también sobre la tolerancia a la glucosa en Diabetes II.

Otras de sus funciones ampliamente estudiadas es el papel de la vitamina D en la diferenciación celular y la inmunidad debido al efecto del calcitriol de promover la diferenciación celular, inhibir la proliferación de células cancerígenas, además de sus propiedades antiinflamatorias, proapoptóticas y antiangiogénicas.

Teniendo en cuenta que hablamos de proliferación de células cuando se trata de una división rápida y de diferenciación cuando hablamos de una especialización de las células para funciones específicas, podemos decir que la diferenciación celular conduce a una disminución de proliferación.

Sabemos que la proliferación es esencial en el crecimiento y en la curación de heridas, pero por el contrario una proliferación incontrolada de células con alguna mutación pudiera desarrollar distintas enfermedades, entre ellas el cáncer.

La vitamina D en forma de calcitriol es un potente modulador del Sistema inmune. Al ser producida por los propios tejidos se desplaza por vía sanguínea hacia los mismos y actúa activando o reprimiendo diversos genes mediante la unión a una proteína conocida como “vitamina D receptora” (VDR), que en el interior de la célula sirve como un factor de trascripción que actúa dentro del núcleo celular.

El calcitriol, una vez en el núcleo de la célula, se asocia con el VDR y una vez juntos se inicia una cascada de interacciones moleculares que modulan la transcripción de genes específicos. Más de 50 genes en tejidos de todo el cuerpo están modulados por el calcitriol.

El VDR es expresado por la mayoría de las células inmunes, como las células T, las células presentadoras de antígenos (LPA), las células dendríticas y los macrófagos.

Debido a su efecto antiangiogénico y a la asociación del déficit de Vitamina D con el aumento de la actividad de la renina plasmática, la calcificación arterial coronaria y la elevación de la tensión arterial, se realizan esfuerzos por clarificar una dosis terapéutica eficaz en esquemas de suplementación para enfermedades cardiovasculares.

Como se puede observar en esta amplia descripción de los efectos biológicos de la vitamina D, su campo de acción no se limita sólo al sistema óseo. Se le asocia también a la prevención de enfermedades infecciosas, autoinmunes, neuropsicológicas y endocrinas, entre otras, aunque no se ha establecido aún una clara asociación causal a los estados deficitarios. No obstante, las observaciones se han establecido en poblaciones con una menor exposición solar o en estudios donde se observa la incidencia de estas patologías en poblaciones suplementadas o con mayores niveles séricos de Vitamina D.

Los valores de recomendaciones diarias de Vitamina D del IOM se sitúan en:

  • 400 UI/día para menores de un año.
  • 600 UI/día para edades comprendidas de 1 a 70 años, incluidos embarazo lactancia.
  • 800 UI/día para adultos mayores de 70 años, las personas mayores de 70 años sintetizan menos del 70% de Vitamina D.

El límite de ingesta tolerables es de 4.000 UI/día. La información que consta en la etiqueta de alimentos refleja la dosis de CDR de la legislación vigente en la Unión Europea que se sitúa en 200 UI.

La Academia Americana de pediatría recomienda que todos los bebés que no consuman al menos 500ml de fórmula o leche fortificada con vitamina D, se le administre un suplemento de 200 U.I de vitamina D al día. La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria recomienda que los bebés alimentados con fórmulas necesitaran suplementos de 400 UI/día de Vitamina D hasta que sean capaces de tomar un litro de fórmula al día.

Tras la fase de lactancia, los niños o adolescentes con riesgo de déficit de Vitamina D, pueden recibir suplementos de 400 UI/día.

Se recomienda una adecuada producción de vitamina D por medio de exposición solar sin protección por espacio de 10 a 15 minutos en brazos y piernas o cara y brazos, 3 veces a la semana de 11am a 14pm, en primavera, verano y otoño en países a 42º de latitud ya que esto procura unos niveles de vitamina D adecuados.

Un factor de protección SP8 disminuye la producción de vitamina D en un 95%. Latitudes entre los 40º norte y 40º sur tienen insuficiente radiación UVB durante los meses de noviembre a marzo.

El 40% de los jóvenes europeos presenta algún tipo de carencia de vitamina D. Sorprendentemente, esto es más frecuente en países mediterráneos soleados que en ciertos países nórdicos como Noruega.

Roberto Vimbert
Licenciado en Medicina
Postgraduado Salud Pública y Métodos de Investigación Biomédica

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