La vitamina E es una vitamina liposoluble, esto es, soluble en grasas. El término vitamina E cubre 8 compuestos diferentes. Cuatro de ellos se denominan tocoferoles (alfa, beta, delta y gamma) y cuatro tocotrienoles, el d-alfa tocoferol es el más común y biológicamente el que tiene mayor acción vitamínica.

aceite sojaLa vitamina E puede ser sintética (D, L-alfa tocoferol) o extraída de fuentes naturales (D-alfa tocoferol), como del aceite de semillas de soja, siendo esta última forma la más biodisponible.

La vitamina E es la más poderosa de todas las vitaminas antioxidantes presentes en el organismo. Previene el deterioro de los ácidos grasos y de la vitamina A, y su combinación con otras sustancias que los haga perjudiciales para el organismo. No sorprende que las grasas y aceites que contienen vitamina E son menos susceptibles de ponerse rancios que aquellos que carecen de vitamina E. La vitamina E tiene también capacidad de unirse al oxígeno evitando que este sea transformado en peróxidos tóxicos. Esto permite que los glóbulos rojos de la sangre tengan un mayor aporte de oxígeno puro, que la sangre llevará al corazón a otros órganos.

La vitamina E juega un papel esencial en la respiración celular de todos los músculos, especialmente el cardiaco y el esquelético. Hace posible que estos músculos y sus nervios funcionen con menos oxígeno, aumentando por lo tanto su aguante y resistencia. Favorece la vasodilatación, permitiendo un flujo más adecuado de sangre al corazón. La vitamina E también ayuda proporcionando alimento a las células, fortaleciendo las paredes capilares, protegiendo a los glóbulos rojos de su destrucción por tóxicos tales como el peróxido de hidrógeno en la sangre. Además de todo ello, promueve un sistema inmune saludable, reduce la agregación plaquetaria excesiva y favorece el buen estado de la piel.