La vitamina B1 o Tiamina es una de las vitaminas conocidas desde hace tiempo. En pequeñas cantidades está presente en muchos alimentos: levadura de cerveza, carnes de cerdo, de cordero, de vaca, de pollo, cereales, avellanas y legumbres. El polaco Casamir Funk la aisló por primera vez en 1910 y la definió: “sustancia nutritiva indispensable que el organismo no es capaz de sintetizar y que se debe recibir con la alimentación”. Dos médicos holandeses, Eijman y Grijns demostraron, entre finales de 1800 y comienzos de 1900, que la ausencia de esta sustancia, indispensable para el metabolismo del sistema nervioso, en la dieta alimenticia, causaba la polineuritis aviaria y el beriberi en el hombre.


Cristales de tiamina en luz polarizada

Es gracias a un aporte exógeno cotidiano que se satisface la necesidad de Vitamina B1, porqué en nuestro organismo no existe la posibilidad de almacenarla. Además, esta necesidad cotidiana depende de la cantidad de glucosa ingerida cada día. En efecto, la tiamina regulariza la utilización energética de la glucosa; esto explica porqué su carencia absoluta o relativa provoca en poco tiempo graves disfunciones neurológicas, ya que el tejido nervioso tiene un metabolismo casi exclusivamente glucosa dependiente.

La vitamina B-1 actúa como una coenzima necesaria para la conversión de carbohidratos en glucosa, la cual es quemada por el cuerpo para obtener energía. Es esencial para el funcionamiento adecuado de los nervios, los músculos , el corazón y el cerebro.

La necesidad diaria recomendada para los adultos es de 0,5 mg por 1000 Kcal (1,0-1,1 mg para las mujeres y 1,2-1,5 mg al día para los hombres según un aporte medio de calorías). En las mujeres embarazadas o durante la lactancia se recomienda un suplemento de 0,4-0,5 mg/día. En los niños las necesidades se reducen a 0,3-0,4 mg/día para los bebés, 0,7-1 ,0 para los niños según la edad y el aporte de calorías diario.

Fórmula molecular de la Tiamina
Fórmula molecular de la Tiamina