Suplementos simbióticos. Numerosos estudios han evidenciado una relación permanente de convivencia funcional benéfica entre las células del cuerpo humano y los microbios del entorno ambiental. La evidencia genética sobre la presencia de millones de microorganismos en el cuerpo humano normal ha dado paso a la definición del concepto microbioma humano, término que se aplica al conjunto de microorganismos que viven permanentemente en el cuerpo de todo individuo sano y cuya presencia difiere de la simple infección que, hasta hace poco, era considerada como la explicación predominante de este fenómeno.

El tracto gastrointestinal humano es uno de los ecosistemas más complejos conocidos. Su microbiota consta de un gran número de bacterias (10 veces más que el número total de células humanas) que da forma a muchos importantes procesos fisiológicos y metabólicos, así como el desarrollo del sistema inmune.

La flora del colon constituye un ecosistema donde muchas especies distintas participan de ciclos vitales interrelacionados o interdependientes, en un ámbito de gran biodiversidad. Unas especies viven de los productos generados por otras, y a su vez la actividad metabólica de las primeras beneficia la proliferación de terceras.

Las bacterias comensales proporcionan al anfitrión con nutrientes esenciales. Metabolizan compuestos indigeribles, defienden contra la colonización de oportunista patógenos y contribuyen al desarrollo de la arquitectura intestinal, así como en la estimulación de la respuesta inmune. Por el contrario, el anfitrión ofrece a las bacterias con nutrientes y un entorno estable. Tanto huésped y microorganismos autóctonos, se han adaptado a la otra en un caso particular de microevolución para mantener los beneficios mutuos de su interacción.

En la actualidad, existe cada vez un mayor interés en la importancia de la modulación de la microbiota intestinal a través de determinados suplementos que tienen como constituyentes principales los probióticos (microorganismos vivos que administrados en cantidades adecuadas producen un efecto beneficioso en la salud y el bienestar del huésped), los prebióticos (carbohidratos no digeribles cuya ingestión induce el crecimiento de microorganismos beneficiosos) y los simbióticos, asociación de los dos anteriores.

Los prebióticos se han definido como “”ingredientes alimentarios no digeribles que afectan beneficiosamente al huésped estimulando selectivamente el crecimiento y/o actividad de uno o un número limitado de bacterias en el colon, mejorando la salud del huésped”.

Los prebióticos tienen esencialmente la misma finalidad los que los probióticos, es decir: mejorar la salud del huésped, aunque utilizando mecanismos de acción diferentes. Sin embargo, hay algunos casos en que los prebióticos pueden ser beneficiosos para los probióticos, especialmente en lo que concierne a las bífidobacterias: es lo que se entiende por simbiosis. La simbiosis se define como la “mezcla de probióticos y prebióticos que afecta beneficiosamente al huésped mejorando la supervivencia y la implantación de suplementos dietéticos a base de microbios vivos en el aparato digestivo del huésped” (Gibson et al. 1995).

Los lactobacilos y las bífidobacterias son los géneros principales sobre los que los prebióticos ejercen sus potenciales objetivos. En comparación con los lactobacilos, las bífidobacterias son más propensas a obtener beneficios, probablemente debido a que las bífidobacterias residen en mayor número en el colon humano que los lactobacilos y tienen una mayor preferencia por los oligosacáridos.

Todos los prebióticos son fibras, pero no toda la fibra es prebiótica. Para que un complemento alimentario sea considerado como un prebiótico, requiere de la suficiente evidencia científica para demostrar que:

  • resiste la acidez gástrica, la hidrólisis por enzimas de los mamíferos y no se absorba en el tracto gastrointestinal superior;
  • es fermentado por la microflora intestinal;
  • estimula selectivamente el crecimiento y/o la actividad de las bacterias intestinales potencialmente asociadas con la salud y el bienestar.

Los potenciales beneficios de los prebióticos, están substancialmente más limitados que los beneficios derivados del consumo de fibra dietética,  sugiriéndose que la ingesta de prebióticos podría reducir la prevalencia y duración de la diarrea asociada a antibióticos e infecciosa; reducir la inflamación y los síntomas asociados con la enfermedad inflamatoria intestinal; ejercer efectos protectores para prevenir el cáncer de colon; mejorar la biodisponibilidad y la absorción de minerales, incluyendo calcio, magnesio y posiblemente de hierro; reducir algunos factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares; contribuir a un correcto control glucémico o promover la saciedad, la pérdida de peso y prevenir la obesidad.

La inulina y los fructooligosacáridos (FOS) han sido ampliamente estudiados como prebióticos y reúnen todas las características para ser definidos como tales y aumentan significativamente las bífidobacterias fecales. Prebióticos ricos en inulina o FOS modulan los procesos inmunológicos a nivel del tejido linfoide asociado al intestino, lo que puede estar asociado con beneficios significativos para la salud en niños y pacientes con enfermedades inflamatorias intestinales. Esta segura acción moduladora del equilibrio inmune, intestinal y sistémico también se ha comprobado con una mezcla de inulina en combinación con galactooligosacáridos (GOS) agregado a la leche maternizada. Estas fórmulas prebióticas tienen efectos significativos en la composición de la flora, mejoran la consistencia de las heces, disminuyen la permeabilidad intestinal y reducen la incidencia de infecciones respiratorias, gastrointestinales y dermatitis atópica.

Los tratamientos probióticos pueden, potencialmente ser mejorados a través de la combinación con un prebiótico. Existen estudios en los que esta asociación mejora los síntomas de la colitis ulcerosa aguda, los marcadores de actividad inflamatoria sistémica en pacientes con cáncer colorrectal avanzado, ciertos síntomas asociados al síndrome del intestino irritable, como las flatulencias, el estreñimiento, o la diarrea.

José Daniel Custodio
Licenciado en Biología

 

Referencias

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