En la actualidad, hay una creciente demanda de otro tipo de recursos además de los fármacos de síntesis químico-farmacéutica, que actuando sobre diferentes vías, mejoren la función cerebral. Uno de estos recursos son los complementos alimenticios, que en el marco de una dieta adecuada, la mejora constante de las habilidades cognitivas y sociales y la práctica de ejercicio físico de modo regular, podrán mejorar las capacidades mentales, prevenir determinadas disfunciones y facilitar un envejecimiento exitoso del cerebro.

Los trastornos neurológicos y psiquiátricos están generalmente asociados con pérdida de memoria, déficits cognitivos, dificultad o imposibilidad de relaciones interpersonales, deterioro de la función mental o alteraciones en los patrones normales del sueño (entre otras muchas manifestaciones), que conforman un cuadro de naturaleza multifactorial, con un origen desconocido en la mayoría de los casos. Estos trastornos han aumentado en los países desarrollados en correlación con el deterioro de la dieta occidental. Deficiencias nutricionales concretas se han asociado con algunos trastornos mentales. Las deficiencias nutricionales más comúnmente observadas en trastornos del sistema nervioso central (SNC), son las de ácidos grasos omega-3, vitaminas del grupo B, minerales y aminoácidos.

Los ácidos grasos omega-3 están involucrados en procesos de protección neuronal y consecuentemente en las funciones cognitivas y conductuales de varios trastornos neurológicos y psiquiátricos. Con el envejecimiento, las concentraciones de ácidos grasos omega-3 en los tejidos cerebrales parecen disminuir y también se ha observado una disminución en los niveles sanguíneos de ácidos grasos omega-3 en individuos cognitivamente deteriorados y con determinados tipos de demencia. Clásicamente, se pensaba que los ácidos grasos poliinsaturados eran componentes estructurales del cerebro relativamente inertes, cuya principal función era la formación de membranas celulares. En los últimos años, se ha podido evidenciar que también cumplen importantes funciones en la regulación de la microglía (células que forman el sistema inmunitario del SNC), especialmente en el contexto de la neuroinflamación y el comportamiento.

Las vitaminas del grupo B funcionan de forma coordinada contribuyendo al funcionamiento normal del sistema nervioso y a la función psicológica y neurológica normal. La vitamina B2 (riboflavina) retrasa la muerte neuronal in vitro en condiciones excitotóxicas de una manera dependiente de la dosis y el tiempo. La vitamina B3 (nicotinamida) aumenta la energía disponible en cerebros lesionados y la captación de radicales libres. La vitamina B6 (piridoxina) aumenta la disponibilidad de moléculas necesarias para el funcionamiento metabólico normal, ayuda en la glucogenólisis y reduce la excitotoxicidad, todos, mecanismos propuestos para agentes neuroprotectores. El ácido fólico (vitamina B9), junto con la cobalamina (vitamina B12) y la piridoxina, es un cofactor importante en el ciclo de homocisteína, cuyo control es crucial para diferentes procesos, incluidos la protección del SNC. La homocisteína es un factor de riesgo para la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, la atrofia cerebral y el deterioro cognitivo. Se ha comprobado que una disminución de la homocisteína con vitaminas B disminuye la tasa de atrofia cerebral en el deterioro cognitivo leve.  Tanto la vitamina B6, como la vitamina B12, contribuyen al normal metabolismo de la homocisteína.

El magnesio (Mg) es esencial para la conexión de las monoaminas a sus receptores, de ahí su importante función en la transmisión sináptica, tanto en la membrana presináptica como la postsináptica, siendo de vital importancia en diversas lesiones neurológicas, ya que interactúa con otros micronutrientes para mantener y promover la función cognitiva y el rendimiento del SNC.

El zinc (Zn) es un micronutriente esencial  responsable de distintas funciones biológicas, jugando un importante papel en el crecimiento y desarrollo, la respuesta inmune, la reproducción y la función neurológica. Más de 300 enzimas diferentes dependen del zinc para su funcionalidad. Un creciente cuerpo de evidencia indica que el Zn juega un papel dinámico en la fisiología y fisiopatología de la función cerebral.

Determinados estudios  sugieren que el selenio protege las neuronas contra daño hipóxico/isquémico (falta de oxígeno), por reducción del estrés oxidativo, restaurando las actividades funcionales mitocondriales y estimulando la biogénesis mitocondrial (aumento del número de mitocondrias).

Los péptidos bioactivos derivados de la leche se han identificado como ingredientes potenciales de complementos alimenticios multifuncionales, que contribuyen a regular respuestas inmunológicas, gastrointestinales, hormonales y neurológicas. Los procesos inflamatorios y el estrés oxidativo son la base de la patogenia de múltiples situaciones patológicas, incluidas las que afectan al SNC. Después de 30 semanas de tratamiento con una preparación de péptidos ricos en prolina o placebo, los parámetros de evaluación clínica indicaron que la preparación de polipéptidos ricos en prolina, tuvo un efecto significativo en la estabilización de la función cognitiva y la capacidad de completar tareas diarias, particularmente entre pacientes con enfermedad de Alzheimer (EA) menos avanzada al comienzo de la prueba.

Las partes aéreas desecadas y fragmentadas de una planta originaria del Sudeste asiático, conocida como “Gotu Kola” o Centella asiatica (L.) Urban, son conocidas por sus acciones cicatrizantes, protectoras dérmicas y venotónicas principalmente, aunque cuenten con una larga historia de usos tradicionales en Medicina Ayurvédica y Medicina Tradicional China desde hace miles de años, incluyendo la pérdida de memoria y la mejora del estado de ánimo.

La neurodegeneración es un término usado para describir la deterioración progresiva de la estructura o función de las neuronas que afecta a diferentes partes del sistema nervioso central y conduce a su eventual muerte. Dentro de las enfermedades neurodegenerativas se incluye a la EA. Los curcuminoides, son compuestos polifenólicos presentes en la cúrcuma (Curcuma longa Vahl.), que poseen diversas propiedades biológicas que modulan determinados procesos bioquímicos implicados en la EA, incluyendo la atenuación del estrés oxidativo inducido por la disfunción mitocondrial y las respuestas inflamatorias asociadas.

Se ha demostrado en diferentes estudios el papel neuroprotector del ginkgo (Ginkgo biloba L.),  contra lesiones originadas por hipoxia a nivel neuronal. La hoja de ginkgo aumenta la toleracia a la anoxia (aumento de la captación de glucosa y oxígeno y disminución de los requerimientos de oxígeno a nivel cerebral), además de presentar acciones antioxidantes y neuroprotectoras. Los complementos alimenticios a base de G. biloba, a menudo se utilizan con la intención de mejorar la salud cognitiva. La asociación de 120 mg de un extracto de G. biloba, junto a fosfatidilserina, parece  potenciar los efectos cognitivos asociados con dosis bajas de extractos de hojas de ginkgo. La fosfatidilserina y los ácidos omega-3 conectados a su estructura pueden tener un efecto favorable sobre las funciones cognitivas, incluida la mejora de la memoria.

La dieta está directamente relacionada no sólo con el estado físico sino también con el funcionamiento del cerebro y el estado mental. Algunos nutrientes potencialmente beneficiosos con un efecto protector sobre la función del sistema nervioso incluyen, de modo genérico: aminoácidos, vitaminas, minerales, ácidos grasos poliinsaturados y antioxidantes.

José Daniel Custodio
Licenciado en Biología

 

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