El agua de mar es una matriz extraordinariamente rica y compleja, que todavía posee numerosas características inexplicables.

Agua de marDe hecho, hasta la fecha, no existe un modelo que abarque todas sus propiedades físico-químicas. Además, los elementos que componen la matriz salina marina también exhiben propiedades específicas: por ejemplo, el coeficiente de disociación de las sales marinas presentes en el agua de mar es más alta que la observada en las sales disueltas en agua destilada, a pesar de la presencia simultánea de las mismas sales. Una solución al 36 ‰ de sales marinas, que se vuelve a disolver en agua destilada, no exhibe todas las propiedades naturales del agua del mar de la misma salinidad. Por otra parte, la mayoría de los constituyentes disueltos en el agua del océano (a excepción de CaCO3) están lejos de la saturación, con independencia de la importancia de las entradas externas o la disponibilidad de estos elementos en las rocas sumergidas.

Cualquiera que sea la concentración total de la solución salina, las concentraciones relativas de los diferentes iones presentes en el agua de mar con respecto a la de cloro pueden considerarse como constantes. Los complejos mecanismos que regulan estas concentraciones aún no se han explicado completamente.

En la civilización asirio-babilónica, al médico se le llamaba “azu”, el que conoce las aguas1 y en las primeras muestras de escritura (3.500 a de C)  ya vienen reflejada la utilidad de diferentes plantas y aguas para el cuidado de la salud. La vida del hombre ha ido unida al uso del agua y las plantas y no hay cultura que se haya desarrollado fuera de estos recursos. Son muy numerosas las citas históricas sobre las virtudes del agua de mar (Eurípides 480-406 a de C: “El mar cura todos los males de los hombres”), algunas dotadas de un importante simbolismo. El uso del mar como elemento terapéutico es tan antiguo como la propia humanidad. Plinio el Viejo (ca- 23-79) en su Historia Natural, Libro XXXI,33,  menciona la “thalassomeli”, bebida compuesta por agua de mar, agua de lluvia y miel, que dejada reposar durante un tiempo, era útil para aliviar el vientre sin provocar molestias. La sal se ha considerado en el mundo antiguo como uno de los elementos indispensables para el tratamiento de enfermedades. También se aventuró a indicar que: “Un sextario de sal por cuatro de agua tiene el poder curativo y las características del agua de mar más salada. Pero se considera más razonable mezclar la medida de agua antes indicada con ocho ciatos de sal  porque así calienta los nervios y no irrita el cuerpo”.

No fue hasta que a principios del siglo XX René Quinton (1866-1925), reparando en la similitud fisiológica del agua de mar y el plasma sanguíneo de los mamíferos le llevó a proponer que tal vez sustituyendo el plasma sanguíneo del enfermo por agua de mar (“plasma marino”) debidamente tratada, se podrían curar determinadas enfermedades. La obra de Quinton, junto a las de Jarricot, Robert Simon, Lacheze o Mace, se basan en el principio de la regeneración del medio interno empobrecido, por medio de agua de mar purificada. Esto da como resultado una composición equilibrada y completa, con el fin de permitir que se reconstruya sistemáticamente el medio interno, las células y por lo tanto restablecer la homeostasis.

El trabajo de Quinton y sus colaboradores se ocupó de varios tipos de trastornos cutáneos, astenias neurovegetativas, anorexia, caquexia, la diarrea infantil aguda, deshidrataciones profundas, gastroenteritis, tuberculosis pulmonar, el cólera o el tifus. Los resultados que se obtuvieron a partir de los descubrimientos y el trabajo de estos pioneros ahora deben complementarse con nuevas investigaciones.

Agua de mar

Comparación de las composiciones de electrolitos entre el agua de mar isotónica, el líquido extracelular, plasma sanguíneo y el líquido intracelular. La altura de cada columna representa la concentración total de electrolito. Tomado de Passebec-Soulier, 2003.

 

El agua de mar  puede ser ingerida vía oral como una solución salina hipertónica en relación a la concentración del medio interno humano, es decir un 36 ‰ (36 gramos por cada litro de agua) frente a 9 ‰ (9 gramos por cada litro de solución acuosa) respectivamente, siempre con las debidas precauciones. El agua de mar ha de recogerse y manipularse de acuerdo con procedimientos que respeten las propiedades vitales y al mismo tiempo, ajustándose a la legislación vigente.

La asunción de la identidad “fisiológica” entre el plasma humano y “plasma marino” presupone una forma de biodisponibilidad de todos los elementos necesarios para el organismo.

El estudio del medio interno pone de relieve las interacciones entre las sales constituyentes. Su balance global es una consideración de importancia primordial: cada sal sólo puede ser asimilada y metabolizada si se equilibra el medio interno correctamente. Si es utilizada por separado, debe estar en la dosis correspondiente a las necesidades individuales de la persona. Esto demuestra las limitaciones, por no decir, los peligros de una ingesta masiva o excesiva de cada elemento por separado, en particular los minerales u oligoelementos.

Al igual que en el caso de la remineralización durante la ingesta de oligoelementos, la forma utilizada es de gran importancia. Hay que tener en cuenta que un oligoelemento puede ser el principal agente de tratamiento, pero no actuará por sí solo en el organismo y necesitará la sinergia de otros elementos y componentes, que pueden ser aportados por el agua de mar, o llegado el caso la acción conjunta con plantas medicinales.

Estas consideraciones ponen en evidencia el valor particular del agua de mar en la terapia con oligoelementos y encaja también perfectamente con el modo de acción catalítico de las plantas medicinales. Además de los principios activos e inmediatos, en todas las plantas medicinales también se encuentran minerales y oligoelementos, fácilmente biodisponibles, que pueden ser determinantes en una acción concreta, más allá del mecanismo de acción sintomático dado por los principios activos.

Como resultado de su exquisito equilibrio mineral, el agua de mar podría ser capaz de restaurar el equilibrio del pH, como factor básico de la homeostasis. Además, se debe considerar su utilidad en todos los tratamientos relacionados con sales minerales y oligoelementos: la acidificación del medio interno provoca desmineralización. Una vez que los electrolitos de los fluidos internos son neutralizados por el exceso de acidez, los tejidos pierden sus minerales. Como corolario, la desmineralización produce la acidificación del terreno que a su vez crea un círculo vicioso que resulta en la degradación del equilibrio mineral.

Todos los problemas de salud pueden enfocarse desde dos puntos de vista de acuerdo con la condición del medio interno: o bien el terreno está contaminado y congestionado por las toxinas, o bien es deficiente o presenta desequilibrios en particular de oligoelementos y sales minerales.

El agua de mar contiene los elementos necesarios para el mantenimiento de la vida celular, sus cantidades son equilibradas y es perfectamente asimilable.

La regeneración del medio interno también promueve en gran medida la eliminación de toxinas. Dado el estado general de salud y el impresionante número de deficiencias minerales, el agua de mar junto a las plantas medicinales podría  resultar ser un complemento esencial de cualquier tratamiento del terreno.

Agua de mar

Elementos en el agua de mar y en el cuerpo humano. Fuente: Fundación Aqua Maris.

Históricamente la utilidad terapéutica del agua de mar, vía oral, se ha centrado en tres genéricas líneas de acción:

  • Recargar hidroelectrolíticamente el organismo. Las sales, a través de los mecanismos de presión osmótica y de la regulación renal, aseguran el balance hídrico del organismo con lo que se asegura una adecuada aportación hidroelectrolítica en patologías agudas como deshidratación, diarreas agudas, shocks hipovolémicos, quemaduras y reanimación pre y postoperatoria así como regular patologías crónicas graves con carencias, desmineralización y espasmos.
  • Reequilibrar las funciones a nivel enzimático. Los minerales marinos en forma de plasma marino tienen una biodisponibilidad excepcional y afectan al conjunto de ciclos metabólicos, generales y específicos; por ejemplo, modificando las estructuras, las secreciones hormonales y la producción de anticuerpos. Esto se aplicaría particularmente para las enfermedades graves en las que el tratamiento de terreno mineral se impone como un complemento a menudo inevitable.
  • Regenerar las células. El plasma marino no actúa contra un síntoma concreto sino que contribuye al buen funcionamiento global del metabolismo. Regenera el medio interno favoreciendo de este modo la actividad celular y, con ella, toda la actividad orgánica.
Agua de mar

Posible modo de acción de los componentes del agua de mar.

En ocasiones, estas acciones están más justificadas teóricamente o por un entusiasmo no crítico, aunque bien intencionado, que a través de pruebas rigurosas. Afortunadamente, las líneas de trabajo actuales van corroborando éstos y otros posibles mecanismos con cada día mayor evidencia científica.

Astenia y revitalización

Diferentes tipos de fatiga física y psíquica pueden estar relacionados con un desequilibrio mineral. Un estudio en humanos muestra que la administración de agua de mar tratada (desalinizada parcialmente y filtrada) disminuye el tiempo de recuperación después de un ejercicio asociado a fatiga física intensa2. Estos resultados positivos parecen estar relacionados con la protección que el agua de mar tratada ejercería sobre el daño muscular producido por el ejercicio. La composición del agua de mar, rica en minerales y oligoelementos, permitiría paliar el momentáneo desequilibrio en este tipo de compuestos que se produce después de un prolongado ejercicio físico y permitir así una recuperación más rápida3.

Mejora de la función mitocondrial

La prevalencia mundial de las enfermedades metabólicas, incluyendo la obesidad y la diabetes, está aumentando. La disfunción mitocondrial es reconocida como una característica central de estas enfermedades. Se ha podido comprobar que el agua de mar aumenta la biogénesis mitocondrial de modo dosis-dependiente4.

Son numerosos los estados patológicos que se asocian directamente con disfunciones mitocondriales.

Según diferentes estudios, el agua de mar o agua con altos niveles de calcio y/o magnesio disminuye el colesterol sérico y el nivel de colesterol lipoproteico de baja densidad en individuos con infarto de miocardio agudo y con hipercolesterolemia. Sin embargo, deberían realizarse más estudios que aporten mayor número evidencia científica sobre su correlación y mecanismos implicados5.

Un estudio reciente ha mostrado que la ingesta de 1,05 l al día de agua de mar tratada (filtrada mediante ósmosis inversa y diluida), rica en magnesio, por personas hipercolesterolémicos durante 6 semanas produce una disminución de los niveles séricos de colesterol total y colesterol-LDL. Además se pudo observar una disminución del estrés oxidativo en las personas que tomaron el agua de mar, lo que indicaría que el consumo de agua de mar disminuye el estrés oxidativo asociado a estados de hipercolesterolemia. Estos efectos beneficiosos son atribuidos por algunos autores al alto contenido del agua de mar tratada en algunos minerales, concretamente en calcio y/o magnesio6.

La administración de agua de mar tratada (electrodializada y diluida al 10%) a ratones alimentados con una dieta rica en colesterol produjo una disminución del colesterol considerado perjudicial (colesterol no HDL) y de los triglicéridos plasmáticos7. Asimismo, un estudio realizado con ratas espontáneamente hipertensas, demostró que la administración de agua de mar tratada (evaporada al vacío y diluida) disminuyó el colesterol sérico y los lípidos hepáticos e estos animales8.

Igualmente en estudios llevados a cabo con hámsteres alimentados con una dieta rica en grasas se observó que el consumo de agua de mar tratada durante 6 semanas mejoró el perfil lipídico de estos animales. Un primer estudio demuestra que la ingesta de agua de mar disminuyó el colesterol total y los triglicéridos y disminuyó el índice aterogénico9. En un segundo estudio la administración de agua de mar tratada, disminuyó los niveles de lípidos tanto en suero como en hígado. Además en ambos estudios se pudo observar una disminución del estrés oxidativo, lo que indicaría que el consumo de agua de mar tratada disminuye el estrés oxidativo asociado al consumo de este tipo de dietas ricas en grasa10.

Igualmente, estudios llevados a cabo con conejos hiperlipídicos reportan que el consumo de agua de mar tratada (desalinizada) por estos animales mejora su perfil lipídico. En un primer estudio se demuestra que el agua de mar produjo una disminución del colesterol LDL. En un segundo estudio la administración de agua de mar tratada prevenía el aumento de colesterol (total y HDL) asociado al consumo de una dieta rica en colesterol11.

Estudios realizados con animales de experimentación muestran que el consumo de agua de mar tratada presenta un efecto antihipertensivo. De hecho, en un estudio realizado en conejos hipercolesterólemicos se pudo observar que la administración de agua de mar tratada, (parcialmente desmineralizada hasta un grado de dureza de 1000) durante 6 meses, produjo una disminución de la presión arterial y de la resistencia periférica total en estos animales12. Asimismo, otro estudio realizado con ratas espontáneamente hipertensas también se observa en estos animales un claro efecto tras la administración agua de mar tratada (parcialmente desmineralizada y diluida) durante 8 semanas13.

Por otro lado el agua de mar además de su contenido en sodio, es rica en otros minerales como magnesio, calcio y potasio cuyo consumo está relacionado en la bibliografía científica con un efecto antihipertensivo14.

Un estudio realizado con ratones alimentados con una dieta rica en colesterol reportó el efecto cardioprotector derivado de la ingestión de agua de mar tratada (electrodializada y diluida al 10%) observándose una mejoría en las anormalidades cardiacas asociadas al consumo de este tipo de dietas altas en colesterol15.

Estudios realizados con conejos hiperlipídicos demuestran un efecto positivo del agua de mar tratada sobre la progresión de la aterosclerosis. En un primer estudio realizado se observó que la administración de agua de mar desalinizada puede ser útil en la prevención de la aterosclerosis16. Un segundo estudio mostró que la administración de la fracción de la materia orgánica de agua de mar producía también una disminución de la progresión de la aterosclerosis. También se observó en los conejos que el agua de mar tratada presentaba unos efectos similares al ácido acetilsalicílico, inhibiendo la agregación plaquetaria17.

El agua de mar modula el metabolismo lipídico en cultivo de células hepáticas humanas18.

Estudios recientes realizados en ratones con diabetes inducida mediante una dieta rica en grasa o con ratones genéticamente obesos muestran que la administración de agua de mar puede presentar efectos antidiabéticos. Así, en el primer estudio tras la administración a los ratones de agua de mar tratada (mezcla de extractos de agua de mar con agua desalinizada) se pudo observar que esta tenía capacidad de disminuir la hiperglucemia y mejorar la tolerancia a la glucosa19. En el segundo estudio, los animales que ingirieron agua de mar presentaban una disminución de los niveles de glucosa y una mejora en los test de tolerancia a la misma, sugiriéndose que la ingestión continuada de agua de mar tratada podría aminorar el desarrollo de la diabetes20.

Estudios recientes sugieren la posibilidad de que la ingesta continua de agua de mar tratada puede disminuir la obesidad. Este estudio muestra que tras la administración durante 84 días de agua de mar tratada a ratones genéticamente obesos, éstos presentaron una disminución en la ganancia de peso cercana al 7% con respecto a los que no la bebieron21.

La combinación de agua de mar, junto a un extracto de hojas de sésamo (Sesamum indicum) resultó ser eficaz en roedores para la supresión de la ganancia de peso y mejorar el perfil de lípidos22.

Desmineralización

Estudios realizados en ratones muestran el potencial regenerativo del agua de mar tratada sobre la osteoporosis. En un primer estudio en el que se administró el agua de mar tratada (desalinizada parcialmente) durante 6 meses a los animales se pudo observar una mejora de las propiedades biomecánicas del hueso23. En un segundo estudio mucho más reciente, tras la administración del agua de mar durante 4 meses se pudo observar un aumento de la densidad ósea24.

Afecciones cutáneas

Numerosos problemas dérmicos están estrechamente vinculados a la disponibilidad de elementos traza y la regulación de la acidez cutánea. Quinton utilizó con éxito el agua de mar para tratar psoriasis, eczemas, pruritos o micosis. Diferentes artículos llevados a cabo en humanos atribuyen un efecto beneficioso del consumo de agua de mar tratada sobre trastornos de la piel. Concretamente algunos estudios concluyen que el consumo de 500 ml/día de agua de mar tratada (desalinizada y rica en magnesio) durante 1 año25 ó 6 meses26 mejora el equilibrio mineral y los síntomas de pacientes con eczema/dermatitis; además de reducir en 3 semanas de consumo la respuesta alérgica cutánea en pacientes con rinitis alérgica27.

Desórdenes digestivos

Se ha comprobado que el agua de mar profundo, tratada e isotonizada es eficaz frente al control de Helicobacter pylori, originando también un mejor equilibrio de la microbiota intestinal28. También, que el agua de mar (rica en selenio) proporciona protección frente a úlceras duodenales en modelos animales29.

José Daniel Custodio
Licenciado en Biología

 

Referencias

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