Antioxidantes en complementos alimenticios: ¿son necesarios…?

 Los radicales libres no son todos malos, ni los antioxidantes son todos buenos: la vida es un equilibrio entre los dos.

Vivir significa adaptarse continuamente al entorno. Para mantener el equilibrio, la salud, la vida, el ser humano debe adaptarse al medio externo. Pero para ello, los mecanismos implicados en mantener el orden del medio interno han de funcionar correctamente.

AntioxidantesLos seres humanos necesitamos obtener la materia y la energía de otros organismos, siendo imprescindible para ello la presencia de oxígeno (O2). Esta inevitable necesidad de oxígeno para que las reacciones de óxido-reducción puedan llevarse a cabo y se mantengan los procesos bioquímicos asociados que nos permiten vivir, también es, paradójicamente, una de las principales responsables de la formación de radicales libres, o especies reactivas del oxígeno (ROS).

La enfermedad se puede entender como un desequilibrio o falta de autorregulación o de adaptación a todos los niveles. En esencia, consiste en considerar que a nivel del organismo existe un nivel de equilibrio de base a partir del cual el organismo tiende a degradarse. Se trata de un equilibrio funcional que resulta de la interacción de los elementos que lo constituyen. Este equilibrio funcional puede verse modificado por distintos factores y uno de estos factores es el desequilibrio entre componentes antioxidantes/oxidantes.

La naturaleza ha creado sistemas de control antioxidante, que neutralizan los cambios producidos por el oxígeno y otras sustancias reactivas a nivel celular. Este sistema se puede dividir en:

  • sistema antioxidante endógeno (producido por el mismo organismo),
  • sistema antioxidante exógeno (adquirido por la ingesta de nutrientes antioxidantes u otro tipo de administración).

Los radicales libres son factores importantes en el origen y evolución de múltiples enfermedades. Algunas condiciones clínicas con participación del estrés oxidativo son las que aparecen en la tabla 1.

Todos los vegetales contienen sustancias antioxidantes que los permiten vivir haciendo frente a su propia producción y exposición a los radicales libres.

Utilizar vegetales con componentes antioxidantes evitaría algunas situaciones contraproducentes o ineficaces a las originadas con el uso antioxidantes aislados, o cuando las asociaciones de estos antioxidantes no son las adecuadas.

Tabla 1. Tomado de Boveris A. La evolución del concepto de radicales libres en biología y medicina. Ars Pharm 2005; 46 (1): 85-95.

Daño inflamatorio/inmune

Glomerulonefritis

Vasculitis

Artritis reumatoidea

Síndromes autoinmunes

Lupus

Isquemia-reperfusion

Post-infarto de miocardio

Post-shock cerebro-vascular

Trasplante de órganos

Sobrecarga de hierro/cobre

Hemocromatosis

Talasemia, multitrasfusiones

Enfermedad de Wilson

Shock séptico y similares

Síndrome de inflamación  sistémica

Shock séptico

Fallo multiorgánico (MOF)

Alcoholismo

Hepatopatía alcohólica

Miopatía alcohólica

Neuropatía alcohólica

Pulmón

Hiperoxia

Toxicidad de paraquat y

bleomicina

Enfisema (fumadores)

Envejecimiento

Envejecimiento normal y

acelerado (progeria y deportistas)

Eritrocitos

Toxicidad de Pb y fenilhidrazina

Fotooxidación de protoporfirinas

Malaria

Anemia de Fanconi

Tracto gastrointestinal

Daño hepático por endotoxinas

Hepatotoxicidad de  hidrocarburos halogenados     (Cl4 C, haloxano,

bromobenceno, etc…)

Hepatopatía alcohólica

Isquemia-reperfusión del

intestino

Daño por radiaciones

Exposiciones accidentales

Radioterapia

Sistema cardiovascular

Aterosclerosis

Toxicidad de adriamicina

Enfermedad de Keshan (Se)

Síndrome metabólico

Disfunción endotelial

Riñón

Sindrome nefrótico autoinmune

Nefrotoxicidad de Pb, Cd y Hg

Hipertensión dependiente del

sistema renina-angiotensina

Cerebro – Sistema Nervioso Central

Hiperoxia

Enfermedad de Parkinson

Enfermedad de Alzheimer

Esclerosis múltiple

Ojos

Cataratas

Fibroplasia retrolental

Degeneración macular

Piel

Irradiación solar (porfiria)

El aumento de los niveles de antioxidantes endógenos (por ejemplo, mediante el suministro de “pro-oxidantes“) puede ser un mejor enfoque a la terapéutica y prevención de enfermedades que el consumo de grandes dosis de “antioxidantes dietéticos“.

Numerosas frutas, verduras, hortalizas y vegetales en general, que deberían estar presentes en nuestra dieta habitual contienen importantes principios activos antioxidantes. Estos principios activos forman una unidad en sí misma, con acciones sinérgicas entra cada uno de ellos que hace obligado su consumo para disminuir los efectos nocivos de los radicales libres.

Estos compuestos antioxidantes podrían inhibir o retardar la oxidación de dos formas: captando radicales libres (primarios), o por mecanismos no directamente relacionados con la captación de radicales libres (secundarios), ejerciendo una acción protectora celular a diferentes niveles.

Los métodos empleados para la determinación de la actividad antioxidante de un alimento se basan fundamentalmente en la medición de, por un lado, la capacidad que tienen los compuestos antioxidantes para reaccionar con un radical libre y, por otro, el potencial que tales compuestos tendrían para reducir un complejo determinado. En definitiva, se trata de comprobar cómo un agente oxidante induce daño oxidativo a un sustrato oxidable y evaluar como este daño es inhibido o reducido en presencia de un antioxidante. Esta inhibición sería proporcional a la actividad antioxidante del compuesto o la muestra, siendo frecuentes también los ensayos que se basan en la cuantificación de los productos formados tras el proceso oxidativo. Dentro de los métodos que se basan en la medición de la capacidad de los antioxidantes para reaccionar con un radical libre, destacan:

  • Ensayo ORAC (Oxygen Radical Absorbance Capacity, o Capacidad de Absorción de Radicales de Oxígeno)
  • Ensayo TEAC (Trolox Equivalent Antioxidant Capacity, o Capacidad Antioxidante como Equivalentes Trolox)
  • Ensayo DPPH (2,2-Difenil-1-picrilhidrazil).

El ensayo o método ORAC es uno de los más utilizados por su sensibilidad, precisión y reproducibilidad. Además, este método, no sólo refleja el contenido total de los compuestos antioxidantes, sino también, la interacción aditiva, sinérgica o de potenciación que resulta de la simultánea presencia de éstos, dando como resultado un valor que refleja la capacidad global o actividad antioxidante de un alimento; a modo de ejemplo se puede ver en la figura 1, la capacidad antioxidante total de determinadas frutas, valorada por este método.

Antioxidantes

Capacidad antioxidante total de determinadas frutas valorada por el método ORAC.

Se ha comprobado experimentalmente, que el consumo del popular gazpacho, en concreto el elaborado con: tomate, pepino, pimiento verde, cebolla, ajo, aceite de oliva y vinagre de vino, puede jugar un papel crítico en procesos oxidativos e inflamatorios y en la disminución de la presión arterial, reduciendo la prevalencia de la hipertensión en individuos con alto riesgo cardiovascular.

Por otra parte, plantas como el romero, la salvia el orégano o el tomillo, muestran cada día una creciente evidencia sobre su potencial antioxidante.

Hace años, la Unión Europea aprobó el uso de extractos de romero para la conservación de los alimentos (E 392) y no sería extraño que tras el romero se desarrollen otro tipo de antioxidantes similares en esta línea, dada la especial sensibilidad que existe con los antioxidantes, conservantes y aditivos alimentarios de síntesis estrictamente química y sus cuestionados efectos sobre la salud.

Ante la pregunta: ¿son necesarios los antioxidantes presentes en los complementos alimenticios…?, la respuesta sería, que, esta necesidad vendrá determinada cuando la ingesta dietética de compuestos antioxidantes o la producción de sustancias antioxidantes endógenas derivadas del modo de vida sea insuficiente, o bien, cuando las condiciones fisiológicas o patológicas así lo requieran.

La producción de radicales libres es un amenaza inevitable. Los radicales libres se originan de forma natural por exposición ambiental, el humo, la radiación… Recorren todo el organismo y son sumamente reactivos.  Su vida biológica media es muy corta, pero logran reaccionar con todo lo que les rodea originando una destrucción en cadena celular al descompensar a otros elementos durante el secuestro del electrón desapareado.

El empleo del término de estrés oxidativo (cuando la producción de especies reactivas supera la tasa de su eliminación), surge a raíz de los numerosos estudios realizados sobre la importancia de los suplementos vitamínico-minerales, para prevenir ciertas patologías metabólicas. Además, el papel de determinados oligoelementos y vitaminas era analizado sobre todo desde el punto de vista de la enfermedad que podía ocasionar su intoxicación y, sobre todo, la carencia. En los últimos años  se ha podido considerar al estrés oxidativo como un trastorno primario, relacionado con la patogenia de ciertas enfermedades en los que un correcto aporte de antioxidantes juega un importante papel preventivo en múltiples situaciones.

José Daniel Custodio
Licenciado en Biología

 

Bibliografía

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