ENVEJECIMIENTO Y CALIDAD DE VIDA

EL FUTURO DE LA SOCIEDAD OCCIDENTAL
Es una idea generalizada creer que en este siglo ha aumentado mucho la longevidad, que ahora «la gente vive más». Incluso se dice frecuentemente que «una persona de 40 años en el siglo pasado era un anciano», mientras que ahora «es joven». Este tipo de aseveraciones proceden de la confusión sobre lo que llamamos longevidad. Para aclararla es preciso distinguir entre esperanza de vida y longevidad máxima.

ancianosSe entiende por esperanza de vida el promedio de años que va a vivir una persona nacida en un determinado momento y sometida a las tasas de mortalidad especificas de ese mismo año.

Como tal, la esperanza de vida al nacer ha aumentado durante la historia de la humanidad, especialmente a partir de 1900. En 1900 en España era de 35 años, sin embargo, la continua caída en las tasas de mortalidad la elevó hasta los 62 años en 1950. Este enorme incremento de la supervivencia desde 1900 a 1950 se debió fundamentalmente al descenso de la mortalidad infantil, del neonato y de la madre, junto con la mejora en el control de las enfermedades infecciosas. Ya en la década de los 90, la esperanza de vida al nacer en 1999 ha alcanzado los 82,5 años en la mujer y los 75,3 años en el varón (Fuente: Eurostat).

Por otra parte, la longevidad máxima se refiere a la edad máxima que puede alcanzar el miembro de una especie determinada.

Un porcentaje cada vez mayor de individuos alcanzan una longevidad que se acerca cada vez más a la máxima posible en la especie humana. Sin embargo, no hay ninguna prueba de que la longevidad máxima haya aumentado durante los últimos siglos o milenios. Incluso en la antigüedad también había hombres que alcanzaban los ochenta y noventa años o más, aunque, eso sí, eran muchísimos menos en términos porcentuales. El hecho fundamental, no es que no haya habido personas longevas en la historia de la humanidad, sino que nunca tantas personas han vivido tantos años.

Es un hecho obvio que una de las constantes de nuestro tiempo es el crecimiento de la población mayor. El sector poblacional de las personas de 65 o más años en el mundo desarrollado no solo se ha incrementado en número, sino que al aumentar su longevidad han aumentado los años «malos» en los que el individuo vive fisiológicamente disminuido.
Hoy en día las enfermedades del corazón son la causa más importante de mortalidad, seguidas del cáncer; ambas son a su vez importantes causas de discapacidad. Otros problemas como el accidente cerebrovascular, la enfermedad de Parkinson y las demencias han ido adquiriendo importancia. Por ejemplo, la demencia era antes una enfermedad rara, pero actualmente la padece una de cada cinco personas mayores de 80 años.
Este cambio en la morbilidad y la mortalidad debería obligar a un cambio de perspectiva tanto en el planteamiento de la prevención, como en el tratamiento y cuidado de estos pacientes.
Los mayores de 80 años son, en la actualidad, una quinta parte del total de la población en determinadas zonas. Las perspectivas de población anuncian que la proporción de sexagenarios tendría que alcanzar el 30% en el año 2030.

Se asume que los costes sanitarios seguirán incrementando debido a estos cambios demográficos, ya que las personas ancianas consumen muchos más recursos sanitarios por capita que los jóvenes y que, por lo tanto, a medida que aumenta su número, supondrán un gasto cada vez mayor para el sistema sanitario. En el caso de que así fuera, la pregunta crucial sería: ¿Podremos hacernos cargo de este crecimiento de los costes?.

De todos nosotros depende que dicha situación no se «desborde» y que cada uno en la medida de sus posibilidades coopere para el bien común; por ejemplo, los padres educando a los hijos en la importancia de una alimentación adecuada, los ancianos siguiendo los consejos preventivos de un profesional de la salud, etc.

GERIARTRÍA EN EL SIGLO XXI
Ninguno de nosotros puede correr tan deprisa, lanzar tan lejos u oír tan bien a los cincuenta años como a los veinte. Enve¬jecemos. ¿Qué es el envejecimiento sino este deterioro gradual de nuestro cuerpo con el tiempo?. No sólo se reduce nues¬tra capacidad para correr o nuestra sensibilidad auditiva, sino que aumenta también la probabilidad de que desarrollemos enfermedades graves como el cáncer o las patologías cardiovasculares.

Antes de discutir las características del proceso de envejecimiento, y las principales teorías para explicarlo, es importan-. te distinguir entre envejecimiento fisiológico y enfermedades relacionadas al envejecimiento.

A medida que envejecemos concurren dos fenómenos paralelos, una declinación fisiológica normal y un aumento en la prevalencia de ciertas enfermedades. Aunque estos procesos se influencian entre sí, existe una declinación fisiológica que es independiente del desarrollo de enfermedad.

El envejecimiento es un proceso continuo, heterogéneo, universal, e irreversible que determina una pérdida progresiva de la capacidad de adaptación. En los individuos mayores sanos, muchas funciones fisiológicas se mantienen normales en un estado basal, pero al ser sometidos a estrés (p.ej. traumatismo, infección, pérdida del cónyuge…) se revela la fra¬gilidad de este equilibrio y aparece la enfermedad.

La enfermedad en la vejez presenta unas propiedades que la diferencian significativamente de lo que ocurre en otras edades. Estas son:
La multicausalidad (son varias las causas), por la intervención de distintas etiologías, tanto exógenas (externas) como endógenas (internas).
La polipatología (son varias las enfermedades), ya que son diversos sistemas y funciones los que están afectados en la enfermedad. Al igual que en la etiología, se puede distinguir uno principal y los demás subordinados. Es constan¬te que los sistemas cognitivos y psíquicos se vean siempre afectados.

La tendencia a la cronicidad, debido a la lentitud en la reparación de las lesiones y de los trastornos funcionales, que no serán únicos, sino siempre diversos.
El riesgo de invalidez, efecto de la dificultad de alcanzar el grado óptimo de recuperación funcional en las últimas fases de la enfermedad, siempre con afectación múltiple de órganos y sistemas.

La opacidad semiológica y sintomática (poca claridad en lo referente a los signos y síntomas), por el enmascara¬miento de los signos y síntomas debido a la afectación de múltiples órganos y sistemas.

La necesaria prudencia terapéutica obligada por la vulnerabilidad de los ancianos, referida en este caso a la acción de los fármacos y al habitual empleo de varios de ellos conjuntamente. Una de las más frecuentes causas de compli¬caciones en el anciano es la iatrogenia medicamentosa. . –
Debe señalarse que no existen enfermedades propias de los ancianos, aunque buen número de ellas presentan mayor pre¬valencia en esta edad y su expresión clínica es distinta a la de otras edades.

Las enfermedades que poseen una más frecuente presentación en los ancianos son las degenerativas, las tumorales, las infecciosas, las autoinmunitarias, las disregulativas, las traumáticas y las iatrogénicas.
Las degenerativas tienen por base principalmente la ateroesclerosis y buena parte de las cardiocirculatorias pertenecen a este grupo. Han cobrado gran importancia en las últimas décadas las enfermedades degenerativas cerebrales. De ellas la enfermedad de Alzheimer es la más conocida, aunque también hay que citar entre ellas a la enfermedad de Parkinson.
Las enfermedades tumorales tienen una elevada incidencia en los ancianos. Los cambios inmunitarios que se producen en esta edad pueden ser los responsables, en parte, de la pérdida de efectividad en la vigilancia ante células alteradas. El cáncer de pulmón es el más prevalente. Le siguen el de colón, el de estómago, el de próstata, el de mama, el de útero, el de vejiga, el de páncreas, el de ovario y los de piel.

La evolución de los tumores en los ancianos por lo general suele ser de menor agresividad, con mayor lentitud en su cre¬cimiento. Es común que se opte por un tratamiento conservador y paliativo (únicamente disminuir los efectos dañinos, por ejemplo, disminuir la intensidad de un dolor) aunque la decisión se basará en criterios de edad, de situación previa de salud y según las características de la neoplasia. Son la tercera causa de muerte en la vejez, con una mortalidad entre un 18 y un 20%.

Las enfermedades infecciosas se localizan principalmente en el aparato respiratorio y en el urinario. Las neumonías son los procesos infecciosos más graves que presentan los mayores en el área respiratoria. Le siguen la gripe y las bronqui¬tis. La tuberculosis tiene en esta edad una incidencia baja, pero no debe olvidarse que es un proceso de muy difícil diag¬nóstico y que sigue estando presente en la patología del anciano.

La infección urinaria aparece muy a menudo en la vejez favorecida, entre otras, por las patologías prostáticas o vesica¬les. La infección de las úlceras de presión es otro proceso común en los ancianos. Otra infección que aparece más en esta que en otras épocas de la vida, es el herpes zóster. Como causa de muerte las infecciones pueden alcanzar, según las esta¬dísticas, hasta el 35%.

Por aparatos los cuadros patológicos que más a menudo aparecen en el anciano son:

  • Aparato digestivo: reflujo gastroesofágico, ulcera gás[roduodenal, colecistopatía calculosa, colecistitis y cáncer de colon.
  • Aparato respiratorio: neumonía, gripe, bronquitis crónica, enfisema, EPOC y cáncer de pulmón.
  • Aparato cardiocirculatorio: infarto de miocardio, angina de pecho, insuficiencia cardíaca, enfermedad embólica, hipertensión, hipotensión ortostática, arteriosclerosis obliterante, tromboflebitie y síndrome varicoso.
  • Sistema nervioso: enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Parkinson, ictus cerebrales con hemiplejías, epilepsia y neuropatías periféricas.
  • Aparato sensorial: cataratas, glaucoma, sordera y síndrome vertiginoso.
  • Aparato urinario: hiperplasia prostática, incontinencia urinaria, infecciones urinarias, cáncer de próstata, litiasis uri¬naria, cáncer de vejiga e insuficiencia renal.
  • Sistema osteoarticular: artrosis, fracturas, osteoporosis, artritis metabólicas, enfermedad de Paget.
  • Enfermedades endocrinas y metabólicas: diabetes mellitus, hipotiroidismo, deshidratación, hipokalemia, obesidad y malnutrición.
  • Sistema psíquico: depresión, ansiedad y síndromes delirantes.

Según la evolución, la enfermedad en el anciano, al igual que en otras edades, puede clasificarse en:

  • Enfermedad aguda, de corta duración, con un incremento en sus atenciones, y que dará lugar, en ocasiones, al inter¬namiento hospitalario.
  • Enfermedad crónica, de larga duración, con curso estable o con frecuentes descompensaciones. Algunas de estas enfermedades se convierten en invalidantes, con reducción o pérdida de las capacidades para la movilización o el cui¬dado personal. Son numerosas en esta edad, y precisan de un prolongado esfuerzo asistencial.
  • Enfermedad terminal, de naturaleza irreversible, con previsible corto final, aunque a veces prolongado. Son enfermedades que obligan a planteamientos asistenciales específicos, tanto en los domicilios y residencias como en los hospitales.

Dentro de una determinada especie, la longevidad final de cada individuo no sólo depende de sus genes, sino en gran medida del ambiente (la alimentación, la exposición a sustancias tóxicas y agentes infecciosos, el estilo de vida, etc.). De hecho, los distintos estudios genéticos coinciden en afirmar que la heredabilidad de la longevidad entre individuos huma¬nos no supera el 25%, en contra de lo que comúnmente se cree. Por todo ello será básica una correcta prevención.
La terapéutica preventiva ha de cimentarse en la eliminación o reducción de los factores de riesgo en la ancianidad. Estos pueden estar presentes en la edad previa a la vejez o en la vejez misma. Su actuación será distinta conforme sea el tramo de edad que se considere. Así, a partir de los ochenta, se muestran con más importancia los factores de riesgo de las caídas, que los cardiovasculares.

Prepararse para una vejez satisfactoria donde se pueda vivir el mayor tiempo posible con autonomía y disfrutando de la edad, lleva aparejado una alimentación sana, una actividad física adecuada a cada circunstancia, un entretenimiento y dis¬tracción útiles, un control de patologías de riesgo y una corrección de hábitos nocivos, como el fumar o el abuso del alco¬hol. Todas ellas son medidas generales de promoción de salud que han de ser recomendadas siempre; y cuanto antes se comiencen a aplicar, mejor.
Debemos cambiar el hábito de preocupamos únicamente por nuestra salud cuando enfermamos, por una «preocupación saludable» que incluya una prevención precoz.

TEORIAS SOBRE EL ENVEJECIMIENTO
Se han propuesto muchas teorías para explicar el proceso de envejecimiento. Goldstein y colaboradores las han revisado extensamente y finalmente las han dividido en dos grandes categorías: las que afirman que el proceso de envejecimien¬to sería el resultado de la suma de alteraciones que ocurren en forma aleatoria y se acumulan a lo largo del tiempo (teo¬rías estocásticas), y las que suponen que el envejecimiento estaría predeterminado (teorías no estocásticas).

Teorías Estocásticas
El envejecimiento resultaría como consecuencia de alteraciones que ocurren de forma aleatoria y se acumulan a lo largo del tiempo.

1. Teoría del error catastrófico (Orgel, 1963)
Esta teoría propone que con el paso del tiempo se produciría una acumulación de errores en la síntesis proteica, que en último término determinaría daño en la función celular.

Se sabe que se producen errores en los procesos de transcripción y translación durante la síntesis de proteínas, pero no hay evidencias científicas de que estos errores se acumulen en el tiempo (en contra de esta teoría está la observación de que no cambia la secuencia de aminoácidos en las proteínas de animales viejos respecto de los jóvenes, no aumenta la cantidad de tRNA defectuoso con la edad, etc.).
Actualmente hay poca evidencia que apoye esta teoría.

2. Teoría del entrecruzamiento
Teoría que postula que ocurrirían enlaces o entrecruzamientos entre las proteínas y otras macromoléculas celulares, lo que determinaría el envejecimiento y el desarrollo de enfermedades dependientes de la edad. Esta teoría no explica todos los fenómenos relacionados con el envejecimiento, pero sí algunos. Se sabe que el desarrollo de cataratas es secundario a que las proteínas del cristalino sufran glicosilación y comiencen a entrecruzarse entre ellas, lo que lleva a la opacifica¬ción progresiva de éste. También se ha observado entrecruzamiento de las fibras de colágeno entre ellas, pero su signifi¬cado clínico no es del todo claro.

3. Teoría del desgaste
Esta teoría propone que cada organismo estaría compuesto de partes irremplazables, y que la acumulación de daño en sus partes vitales llevaría a la muerte de las células, tejidos, órganos y finalmente del organismo.

4. Teoría de los radicales libres (Harman, 1956)
Es una de las teorías más populares. Propone que el envejecimiento sería el resultado de una inadecuada protección con¬tra el daño producido en los tejidos por los radicales libres.

Vivimos en una atmósfera oxigenada, y por lo tanto oxidante. El oxígeno ambiental promueve el metabolisnao celular, produciendo energía a través de la cadena respiratoria (enzimas mitocondriales). Como la utilización y manejo del 02 no es perfecto, se producen radicales libres, entre ellos el radical súper óxido. Los radicales libres son moléculas inestables y altamente reactivas con uno o más electrones no apareados, que producen daño a su alrededor a través de reacciones oxidativas. Se cree que este tipo de daño podría causar alteraciones en los cromosomas y en ciertas macromoléculas como colágeno, elastina, mucopolisacáridos, lípidos, etc.

Se ha encontrado una buena correlación entre los niveles celulares de superóxido dismutasa (enzima de acción antioxi¬dante) y la longevidad de diferentes primates. Además, estudios en ratas sometidas a restricción calórica han mostrado un aumento en la longevidad de éstas, lo que se cree es debido a una menor producción de radicales libres.

Faltan más estudios para lograr comprender más a fondo el rol de los radicales libres en el proceso de envejecimiento. Lo que sí es claro, es el importante papel que juega el daño producido por la liberación de radicales libres en ciertas pato¬logías relacionadas con el envejecimiento, tales como las enfermedades cardiovasculares, cáncer, cataratas, enfermedad de Alzheimer, y otras.

Según la evidencia con la que contamos hasta el momento, si logramos disminuir la generación de radicales libres o neu¬tralizarnos sus efectos nocivos, lograríamos disminuir estas enfermedades. Entonces, seríamos capaces de prevenir una muerte precoz por estas patologías.

Lo que queda aún por esclarecer, es si logrando disminuir el daño por radicales libres, lograremos aumentar la longevi¬dad máxima.

Teorías no Estocásticas
El envejecimiento estaría predeterminado. Estas teorías proponen que el envejecimiento sería la continuación del proce¬so de desarrollo y diferenciación, y correspondería a la última etapa dentro de una secuencia de eventos codificados en el genoma.

1. Teoría del marcapasos (Reloj del envejecimiento». Burnet, 1970)
Los sistemas inmune y neuroendocrino serían «marcadores» intrínsecos del envejecimiento. Su involución estaría gené¬ticamente determinada para tener lugar en momentos específicos de la vida.

En la versión más popular de esta teoría, se piensa que el «reloj del envejecimiento» reside en el hipotálamo. Asimismo el timo jugaría un rol fundamental en el envejecimiento, ya que al alterarse la función de los linfocitos T, disminuye la inmunidad y aumentan, entre otros, la frecuencia de cánceres.
2. Teoría genética
Aunque no se conocen exactamente los mecanismos involucrados, está claro que el factor genético es un importante determinante del proceso de envejecimiento.
Existen patrones de longevidad específicos para cada especie animal. También existe una mucho mejor correlación en la sobrevida entre gemelos monocigotos, que entre hermanos. Asimismo, la sobrevida de los padres se correlaciona bien con la de sus hijos.

En los dos síndromes de envejecimiento prematuro (sd. de Wemer y progeria), en los cuales los niños mueren de enfer¬medades relacionadas al envejecimiento, hay una alteración genética autosómica hereditaria. En el hombre, células de piel obtenidas de recién nacidos se pueden dividir 60 veces, las de adultos viejos se dividen 45 veces, y las células de sujetos con síndrome de Wemer se dividen 30 veces solamente.

Hasta la fecha se conocen 4 grupos de genes en los cromosomas 1 y 4, que dan información sobre cese de la división celular (genes inhibidores). Se sabe también que existen oncogenes estimuladores del crecimiento, los cuales al activar¬se determinan división celular infinita, lo que resulta en una célula inmortal (cancerosa).

Según parece, el envejecimiento celular estaría condicionado por la pérdida progresiva con la edad de material genético en los extremos de los cromosomas: los telómeros. Cada vez que una célula del organismo se reproduce, el telómero se acorta. Cuanto más se acorte dicho telómero, mayor es la afectación en la forma de expresión celular de su código celu¬lar y el resultado es el envejecimiento celular.

Como ejemplo, en la progeria los telómeros del niño al nacer tienen la longitud equivalente a una persona de 90 años, en cambio en el sd. de Werner tienen una longitud normal pero se acortan más rápidamente que los telómeros norma¬les. Asimismo, la exposición excesiva al sol, las infecciones y las heridas, la exposición a radiaciones, el estrés y el tabaquismo hacen necesaria una replicación celular más rápida, por lo que se acelera a su vez la pérdida de los teló¬meros.
Debido al acortamiento telomérico se limita la capacidad de proliferación de las células, esto limitará el número de divi¬siones posibles y por lo tanto condicionará la duración de su vida («Reloj teloméricoH).

Por lo tanto, la capacidad de reparación del ADN a su vez se correlacionará positivamente con la longevidad de las dife¬rentes especies. Una enzima denominada telomerasa será capaz de compensar la pérdida del ADN telomérico reconstru¬yendo su secuencia. Dicha enzima se encuentra principalmente en las células sexuales y en las cancerosas.

Debatida durante mucho tiempo, por fin esta hipótesis ha sido validada. La posibilidad de controlar el reloj telomérico abre el camino hacia nuevos tratamientos de las patologías relacionadas con la vejez.

En conclusión, existe fuerte evidencia de un control genético del proceso de envejecimiento, tanto en el ámbito celular como del organismo en su totalidad, pero aún faltan más estudios que analicen la correlación entre este control genéti¬co y los factores ambientales.
« El ADN ni se preocupa de nada ni sabe nada. Simplemente, es. Y nosotros bailamos al son de su música».
RICHARD DAWKINS

Pero entonces, ¿por qué envejecemos?
No existe una teoría sobre el envejecimiento que pueda explicarlo completamente.

Probablemente envejecer sea la consecuencia de una serie de factores, intrínsecos y extrínsecos, que interactúan sobre el organismo a lo largo del tiempo, y determinan finalmente un debilitamiento de la homeostasis que culmina con la muer¬te. El proceso de envejecimiento sería el resultado de la interacción entre las noxas que atacan al organismo, y los meca¬nismos de defensa, todo esto en un individuo con su carga genética determinada.

Si bien es cierto que el envejecimiento es un proceso universal, no ocurre en forma uniforme en los diferentes individuos de una misma especie, ni tampoco en los distintos órganos de una misma persona. Es característicamente heterogéneo.

Aún falta mucho por comprender acerca del proceso de envejecimiento y obviamente estamos lejos de encontrar la «fór¬mula de la eterna juventud». Teóricamente, la prolongación de la vida tendría un máximo determinado por la longevi¬dad de cada especie y parece lógico afirmar que el secreto de cómo prolongar la vida está en el arte de aprender cómo no acortarla.

En la práctica, lo que realmente importa es la edad funcional de la persona, y no su edad cronológica. Es ésta la que va a indicar su capacidad de autosuficiencia para las actividades del diario vivir.

Más importante que dar más años a la vida, es dar más vida a los años, esto es, a fin de cuentas, aumentar la «calidad de vida».

ANTIOXIDANTES VS. RADICALES LIBRES
Indispensables para el funcionamiento del metabolismo aerobio, las oxidaciones desempeñan un papel muy importante sobre los efectos nocivos del envejecimiento.

Nuestro organismo se vale del oxígeno para convertir la energía procedente de la alimentación en una forma utilizable por nuestras células. Durante la evolución, la adquisición de esta capacidad de «quemar sin llama» las calorías alimen¬tarias ha representado un formidable salto cualitativo: gracias a los enzimas contenidos en sus mitocondrias, las células aerobias consiguen un aumento considerable del rendimiento energético de su alimentación. Sin embargo, son estos mis¬mos orgánulos los que dejan escapar una parte del oxígeno activo producido en las reacciones, lo que da lugar a especies extremadamente reactivas. Llamados más comúnmente «radicales libres», estos compuestos «excitados», es decir, con un electrón suelto en la periferia de uno de sus átomos.

El oxígeno molecular, con un aporte energético suficiente, puede adquirir un electrón adicional para dar el anión supe¬róxido (02-), un radical libre que se combina con dos iones de hidrógeno (H+) para dar peróxido de hidrógeno -agua oxigenada- (H202), en contacto con los numerosos iones ferrosos presentes en la célula, esta molécula puede dar, a su vez, dos radicales hidroxilos (OH) muy reactivos.

A fin de volverse estable, el radical libre roba un electrón de una molécula estable (con electrones pares), la cual enton¬ces se vuelve un radical libre. La formación de radicales libres es una reacción en cadena a partir de un radical libre. De este modo, provocan modificaciones irreversibles al nivel de los principales componentes de la célula: ácido desoxirri¬bonucleico (ADN), membranas lipídicas y/o proteínas enzimáticas. Muy sensibles a estos ataques químicos, estos com¬ponentes son partícipes del avance del envejecimiento: los enzimas pierden su actividad, los lípidos membranarios son destruidos y los ácidos nucleicos alterados.

Como otros animales, nosotros utilizamos ciertos compuestos naturales que se comportan como verdaderas trampas moleculares capaces de capturar los radicales libres en circulación. Entre estos compuestos, hay, sobre todo, moléculas de la clase de las vitaminas, principalmente las C y E, que al unirse a los radicales, forman moléculas estables que «secan» la cascada de las reacciones radicalares. Por otra parte, unas enzimas específicas completan estas defensas: la superózido dismutasa cataliza (acelera) la formación de peróxido de hidrógeno; a su vez la catalasa (en medio acuo¬so) y el sistema glutatión-peroxidasa (en medio graso) neutralizan el H202, convirtiéndolo en agua y oxígeno. Todos estos catalizadores biológicos contienen, al nivel de su sitio activo, oligoelementos tales como el selenio, el manganeso, el zinc o el cobre, los cuales, aportados por la alimentación tienen un papel esencial en el sistema antioxidante.

La producción de energía por las mitocondrias varía a lo largo del día, con un pico después de las comidas o el ejercicio físico, períodos de fuerte consumo de oxígeno. Otras situaciones, como la inflamación o la presencia de ciertos conta¬minantes, por ejemplo, los plaguicidas que lleva la alimentación, provocan también la producción de radicales libres. Por tanto, nuestro organismo ha de adaptar en cada instante su producción de antioxidantes: cualquier variación brusca pro¬voca la ruptura del equilibrio y la oxidación de los elementos sensibles de la célula, una situación que es calificada de sobrecarga oxidativa o «estrés oxidante».

La teoría radicalar ofrece la esperanza de una prevención de fácil acceso para algunas de las patologías relacionadas con este «estrés oxidante», ya que un suplemento de antioxidantes naturales podría reducir los riesgos y retrasar el enve¬jecimiento ya que la administración de vitaminas como las C y E ha demostrado prevenir el envejecimiento mitocondrial y, por tanto, podría retrasar el envejecimiento celular.

En 1979, Miquel y Economos fueron los primeros en demostrar que la administración de algunos antioxidantes era capaz de aumentar la vitalidad y la longevidad media de ratones. Posterionnente se observó que la administración de cier¬tos antioxidantes protegía frente al deterioro de la función inmune asociada al envejecimiento.
El sistema nervioso central, por su composición, muy rica en ácidos grasos polünsaturados, de fácil oxidación, es parti¬cularmente sensible, y esta oxidación sería susceptible de provocar la alteración de diversas estructuras nerviosas. Aun¬que, en el hombre, los estudios todavía son muy parciales, se están haciendo ensayos con suplementos de vitamina E administrados para retardar la evolución de enfermedades degenerativas como el Alzheimer o el Parkinson.
La glutatión peroxidasa es una enzima selenio dependiente que cataliza la reducción del peróxido de hidrógeno o de los lipoperóxidos, utilizando como agente reductor el glutatión reducido (GSH). El glutatión es a su vez un Iripéptido com¬puesto por ácido glutámico, cisteína y glicina. Protege particularmente las grasas y los mensajeros químicos en el cere¬bro (neurotransmisores). Un estudio ha demostrado una correlación entre los niveles bajos de glutatión y una reducción de las neuronas productoras de dopamina, lo que sugiere una posible relación con la enfermedad del Parkinson, la depre¬sión, etc. Existen una serie de suplementos que aumentarán los niveles de GSH: ácido alfa lipoico, NAC, vitamina C y selenio.

Aparte de sus efectos positivos sobre el glutatión, el ácido alta lipoico actúa también como un potente antioxidante. Es liposoluble e hidrosoluble, lo que permite que proporcione su protección antioxidante prácticamente en cualquier punto del organismo.

Cuando se busca un efecto antioxidante mediante la suplementaeión dietética con, por ejemplo, vitaminas C y E, se uti¬lizan dosis que superan por mucho las recomendaciones dietéticas, ya que no se persigue meramente evitar la aparición de enfermedades características de las deficiencias en estas vitaminas, tales como el escorbuto (enfermedad producida por la carencia de vitamina C). ,

En el apartado correspondiente a «Patologías relacionadas con el envejecimiento», se indicarán más específicamente las propiedades de lo distintos suplementos antioxidantes, así como las dosificaciones recomendadas en cada circunstancia.

DIETA Y LONGEVIDAD
El abanico de dietas en el ser humano actual muestra una gran variedad en las formas de alimentación, desde las dietas ricas en carne y pescado de los esquimales hasta la dieta estrictamente vegetariana de algunos grupos del subcontinente indio, pasando por todas las combinaciones imaginables.
Las dietas vegetarianas en sí mismas varían en gran medida, y se distinguen distintas definiciones dependiendo del tipo de dieta vegetariana:
Frugívora: consistente en frutos secos o frescos, semillas, aceite vegetal y, en algunos casos, miel.

Vegana o vegetariana estricta (pura): dieta basada estrictamente en vegetales y frutos, sin ningún producto de origen animal.
Lacto vegetariana: dieta basada en vegetales, frutos y productos lácteos.
Ovo-lacto vegetariana: dieta basada en vegetales y frutos, junto con productos lácteos, huevos y sus derivados.

Los motivos que llevan a restringir o evitar voluntariamente productos procedentes de animales son principalmente éticos, filosóficos, religiosos, culturales y/o por motivos de salud. Además, hoy en día, la mayor parte de la población mundial, particularmente en el tercer mundo, se alimenta exclusivamente o casi exclusivamente con una dieta vegetariana, debido a que no pueden conseguir fácilmente productos procedentes de animales mientras que verduras, frutos secos, semillas y fruta fresca es todo lo que tienen a su alcance.

Sin embargo, mucha de esta población, que vive a base de una dieta muy frugal, muestra un marcado nivel de actividad física y capacidad de rendimiento. Estas sociedades, con frecuencia muy longevas, ejemplifican sin lugar a dudas muchos de los principios que los gerontólogos han descubierto a lo largo de décadas. Echemos un vistazo a algunos aspectos de sus estilos de vida.

Dietas en poblaciones longevas
Un ejemplo es el basado en las observaciones hechas en 1970 por Sula Benet, profesora de antropología, que publicó tras su viaje a Abcasia (región de la Georgia rusa): «No hace mucho, en la aldea de Tanush en Abcasia, república de la anti¬gua Unión Soviética, levanté mi copa de vino para brindar con un hombre que no parecía mayor de 70 años. Ojalá vivas más que Moisés (120 años), le dije, no le agradó el comentario, tenía 119 años».

En lo que respecta a salud y forma física la Dra. Benet observó que estas gentes, en general, disfrutan de muy buena visión y la mayoría de ellos conservan su propia dentadura, su postura es extraordinariamente erguida, incluso en aquellas personas de edad avanzada. Muchos de ellos de 70 años y más mayores hacen paseos de varios kilómetros al día y nadan en arroyos de montaña.

Estudios llevados a cabo por investigadores soviéticos y extranjeros muestran que, en general, signos de aterosclerosis, de haberlos, se dan solamente en personas de edad muy avanzada. Según un estudio llevado a cabo durante 9 años sobre 123 Abcasios de 100 años de edad, no se dieron casos de enfermedades mentales o cáncer. Una alimentación excesiva es considerada peligrosa en Abcasia, y a las personas obesas se las considera enfermas.

La dieta de los Abcasios contiene muy poca carne, quizá una o dos veces por semana. En cada una de sus tres comidas diarias comen abista, un alimento hecho con maíz cocido en agua y machacado, sin sal, que se toma como sustituto del pan. La manera de comerlo es templado, acompañado de trozos de queso de cabra casero. También consumen uno o dos vasos al día de matzoni, leche agria, parecida al kéfir.

Los demás alimentos básicos en la dicta diaria de la población de Abcasia son fruta fresca, especialmente uvas, verdura fresca, incluida la cebolla, el tomate, el pepino y el repollo, una gran variedad de verduras en conserva y judías verdes cocidas lentamente durante horas, machacadas y servidas con salsa de cebolla, pimientos, ajos, jugo de granada y pimienta. Grandes cantidades de ajo están siempre al alcance. Consumen agua de manantiales para cocinar y para beber. No beben ni café ni té, pero consumen en pequeñas cantidades un vino tinto seco de baja graduación alcohólica fabricado por ellos mismos. El azúcar no figura en su dieta, aunque si consumen miel de producción local.

Otro antropólogo que describe los valores de una dieta frugal y un estilo de vida activo como el estudiado en las poblaciones longevas del Cáucaso (los Abcasios), en la zona del Karakorun en la región de Cachemira en los Himalayas pakistanies (los Hunzas) y en los Andes (los Vilcabamba) es Alexander Leaf, profesor de medicina clínica en la Escuela Médica de Harvard quien dice en su libro titulado «Youth in Old Age» («Joven en la Edad Avanzada»):

« Lo más importante, los buenos hábitos alimenticios deben establecerse a una temprana edad… y el ejercicio de resistencia es más que beneficioso…; aunque personalmente no puedo ofrecer una fórmula garantizada de cómo conseguir una larga, vigorosa y saludable vida sí puedo compartir con vosotros los consejos que recibí de Markhti Targil, de 104 años de edad, de Duripshi en Abcasia. Markhti me comentó que todas las mañanas desde que tiene memoria, camina monta¬ña abajo para bañarse en las heladas aguas de los rápidos arroyos de montaña. Después de vestirse, sube de vuelta a su casa. Seguramente si Markhti hace eso todos los días tiene que estar demasiado en forma para morir».

Es significativo que los abcasios carecen de una palabra para definir el concepto «viejo». En su lugar, hablan de gente «de larga vida». La diferencia es de matiz pero notable; se desplaza la importancia hacia algo positivo. La edad se con¬sidera como un logro que los demás respetan y es fuente de orgullo.

« Además de a Dios, necesitamos a los ancianos del pueblo».
(Antiguo proverbio abcasio)

En una investigación realizada sobre la población longeva de Hunza, el Dr. Magsood Ali, nutricionista Pakistaní, encontró que su dieta casi vegetariana tenía un bajo consumo calórico de 1.923 calorías, con 50 gramos de proteínas, 36 gramos de grasa y 354 gramos de hidratos de carbono; la carne y los productos lácteos constituyen solo el 1’S % del total.

Cifras similares han sido publicadas por el Dr. Guillermo Vela, de Quito, que encontró un consumo calórico asombrosamente bajo entre los ancianos de Vilcabamba. Este es un pequeño pueblo situado en la zona sur de los Andes ecuatorianos. Vilca significa «sagrado» y bamba «valle» en quechua, lengua utilizada antiguamente por los indios habitantes del valle. La dieta diaria media proporcionaba 1.200 calorías, con 35 gramos de proteína, de 12 a 19 gramos de grasa y de 200 a 260 gramos de hidratos de carbono. Las proteínas y las grasas eran, en su mayor parte, de origen vegetal. Los alimentos principales incluyen el maíz, la yuca, las patatas, las alubias, el requesón (de leche de vaca y/o de cabra), el trigo, la calabaza, además de plantas silvestres y frutas cítricas, así como algunos peces de río. Sólo comen carne en ocasiones muy contadas.

La dieta de los Hunzas esta principalmente basada en cereales (trigo, cebada y alfalfa), hortalizas de hoja verde (lechuga, espinaca), vegetales de raíz (zanahorias, nabos, patatas y rábanos), alubias, garbanzos y otras legumbres tales como lentejas y legumbres germinadas. Forman también parte de su dieta, el calabacín, la calabaza y abundante queso fresco; entre las frutas figuran principalmente los albaricoques y las frutas silvestres, ya sean frescas o pasas, y la carne la comen en muy raras ocasiones.
Sin embargo, informes científicos bien documentados han refutado muchas de las afirmaciones sobre su mayor longevidad. En concreto al estudiar las partidas de nacimiento de los Vilcabamba, parece que han existido cosiderables exageraciones con respecto a la edad. El motivo parece ser que en estas sociedades el nivel social aumenta con la edad.

Asimismo, en la región de Georgia, en Rusia, se ha detectado que era común que un hijo asumiera, en los registros civiles, tanto el nombre de su padre como su edad, con el fin de evitar el servicio militar.

En el caso de los Hunzas no se dispone de ningún registro escrito, lo cual hace aún más complicada la verificación de las edades.

A pesar de toda esta controversia podemos afirmar, sin temor a equivocamos y sin basamos unicamente en leyendas románticas, que los habitantes de dichos pueblos gozan de un vigor y una salud extraordinaria, así como que gran número de ellos alcanzan edades centenarias.

Pero quizás lo más importante es la baja incidencia de enfermedadaes crónicas en dichas sociedades, lo que les permite disfrutar de una buena calidad de vida a pesar de su longevidad.

Dicho estatus de salud cambia radicalmente, según los estudios, cuando los habitantes de estos pueblos deciden ir a vivir a otro nucleo de población y se integran en sus costumbres de alimentación, actividad, etc. Por lo tanto, podemos afirmar que su longevidad no estaría unicamente determinada por sus características genéticas.

¿Qué conclusiones sacamos de estos estudios sobre estas tres culturas de población longeva, situadas a gran altitud, con relación a la dieta y a la actividad física?
Tienen en común una dieta frugal, semi-vegetariana, baja en calorías (consumen casi un 1/3 menos de calorías que, por ejemplo, un norteamericano medio) y muy cercana a la tierra, de la cual extraen la mayor parte de los alimentos que consumen sin demasiados procesos de refinado, baja en grasas y con proteínas principalmente de origen vegetal.

Otro factor que contribuye en gran medida a la salud y forma física de estas poblaciones es, sin lugar a dudas, la práctica habitual de ejercicio físico. La actividad agrícola tradicional y las tareas del hogar suponen un duro esfuerzo del que todos participan desde su más tiema infancia hasta la vejez. Pero es sin duda el terreno montañoso el que supone un ejercicio físico añadido. Simplemente atravesar las montañas a pie durante días conlleva un alto grado de ejercicio cardiovascular, así como un gran fortalecimiento muscular.

Restricción alimentaria
Cuando a los roedores de laboratorio se les restringe el alimento, de modo que ingieran sólo un 60% de las calorías que tomarían según su apetito si se les ofreciesen de forma ilimitada, su longevidad máxima aumenta entre un 20 y un 40%.

¿ Cómo explicar esta mayor longevidad?
Cabría aducir la responsabilidad de uno de los componentes principales de alimento. No obstante, si se restringen sólo las grasas, por ejemplo, en el mejor de los casos sólo se incrementa moderadamente la longevidad.

Una segunda hipótesis, dado que lo importante es, visiblemente, la cantidad de calorías, es que los animales subalimentados consumen menos energía que los animales alimentados hasta la saciedad. Parece ser que el organismo mantiene una tasa metabólica constante ajustando su peso corporal al alimento disponible.
La tercera hipótesis se basa en la teoría de los radicales libres formulada por primera vez en los años cincuenta por el norteamericano Denham Harman. Algunos investigadores se han preguntado por la posibilidad de que los animales subalimentados sufran menos ataques de estas moléculas oxidantes, tóxicas para las células.

La última hipótesis es que la restricción calórica sería entendida como una agresión del medio, es decir, un estrés al que debe reaccionar el organismo. Se sabe desde hace tiempo que la exposición a un pequeño estrés, por ejemplo a un choque térmico no letal, conlleva posteriormente una mayor resistencia a un estrés fuerte: es el fenómeno de «aclimatación».

El hecho es que se considera aceptado hoy en día que la restricción calórica consigue aumentar la longevidad máxima, debido a que disminuye la velocidad del proceso intrínseco del envejecimiento, a la vez que retrasa el momento de apa¬rición de un gran número de enfermedades degenerativas, incluyendo la mayoría de los cánceres. Esto no quiere decir que los humanos debamos «matarnos de hambre».

La idea básica sería conseguir una dieta con la concentración de nutrientes necesaria pero ajustando las calorías consumidas al gasto individual. Obviamente dicho gasto será distinto, por ejemplo, en un joven que en un anciano, en una per¬sona sedentaria que en un deportista.

La dieta mediterránea
Tanto en lo referente al tipo de alimentación como a la cantidad ingerida, nuestra tan popular y querida dieta mediterránea no difiere mucho de los principios considerados como saludables, anteriormente mencionados. Además, cada día que pasa aparecen más estudios científicos que corroboran las virtudes saludables (p.ej. cardioprotectora) de la dieta mediterránea tradicional.

A continuación transcribo la denominada Declaración de Barcelona sobre la Dieta Mediterránea:
Durante la realización del 1er Congreso de la Dieta Mediterránea de Barcelona en el año 1996 se proclama en el Excmo. Ayuntamiento de Barcelona la Declaración de Barcelona sobre la Dieta Mediterránea, firmada por:

– FAO.
– Excmo. Ayuntamiento de Barcelona.
– Ministerio de Agricultura del Gobierno Español.
– Fundación Para el Desarrollo de la Dieta Mediterránea.

A esta Declaración se han ido posteriormente adhiriendo otras ciudades e instituciones.
Considerando que la Dieta Mediterránea es la que se manifiesta en forma de los saludables hábitos alimentarios tradicionales de las gentes que han poblado durante miles de años la Cuenca Mediterránea;

Considerando que el estado actual de los conocimientos médicos y nutricionales proporciona una clara evidencia de que los hábitos alimentarios de la Dieta Mediterránea tradicional son beneficiosos para la salud;

Considerando que a la luz de los conocimientos actuales de las ciencias que tratan los recursos naturales, se confirman el carácter sostenible medioambiental y agrícola de los sistemas de cultivo tradicionales de la Cuenca Mediterránea;

Considerando que las cualidades culinarias de las diversas cocinas del Mediterráneo son conocidas y apreciadas en todos los lugares del planeta, por su buen paladar y su sencillez de preparación;

Considerando la Declaración de Barcelona: «Los Derechos Alimentarios del Hombre», avalada por la FAO, elaborada bajo la presidencia de S.M. Don Juan Carlos I, Rey de España, y proclamada en Barcelona (Alimentaria) en Marzo de 1992;

Considerando que el creciente interés internacional en la saludable Dieta Mediterránea tradicional, justifica la proclama¬ción de una declaración respecto a sus características:

Proclamamos que:

1. Todo ser humano tiene derecho a una alimentación suficiente y saludable.
2. La comunidad médica y nutricional ha llegado a un consenso internacional sobre la bondad de la Dieta Mediterránea tradicional.
3. Este consenso revela que, la saludable Dieta Mediterránea tradicional contribuye a disminuir el riesgo de padecer patologías crónicas como son las enfermedades del corazón, el cáncer, la obesidad y la diabetes, que afectan a sectores importantes de las sociedades desarrolladas.
4. Son características esenciales de la Dieta Mediterránea tradicional el consumo abundante de cereales y sus derivados (pasta, pan y arroz), legumbres, frotas, frutos secos, verduras y hortalizas, con menores cantidades de pescado, aves, huevos y derivados lácteos y aún menores porciones de carnes. Estos alimentos se condimentan habitualmente con aceite de oliva y se acompañan de un consumo moderado de vino con la comida. Todo ello según costumbres, hábitos y creencias religiosas.
5. Una actividad física regular es una característica de la forma de vida Mediterránea y un complemento importante de la saludable Dieta Mediterránea tradicional.
6. La preservación de los hábitos alimentarios y usos agrícolas tradicionales refuerza la diversidad cultural y biológica, esencial para la salud de la Tierra y sus habitantes.
7. La dieta Mediterránea tradicional posee cualidades históricas y culturales específicas que han de ser preservadas, por su valor intrínseco para las generaciones futuras, con la misma intensidad que la que se aplica a otros símbolos culturales.
8. Los niños tienen derecho a ser educados desde la primera infancia sobre los pincipios de la nutrición, los alimentos, las formas culinarias y sobre el impacto que sus preferencias alimentarias tienen en su propia salud y en el medio ambiente.
9. La comunidad internacional, los organismos internacionales, los gobiernos y los poderes públicos deben reconocer el papel de la saludable Dieta Mediterránea tradicional mediante la promoción de los principios contenidos en esta Declaración y deben, por todos los medios a su alcance, alentar a todas las instituciones públicas y privadas para que se aseguren de que las características de la saludable Dieta Mediterránea tradicional se incluyan en todas las reco¬mendaciones dietéticas dirigidas a la población.
10. Esta Declaración sobre la Dieta Mediterránea tradicional se incorpora a los principios de la Declaración de Barcelona: «Los Derechos Alimentarios del Hombre» FAO-Alimentaria, 1992.

Escrito elaborado por Mikel García Iturrioz
Solgar España