PIEDRAS EN EL RIÑÓN

Hay quienes dicen que el dolor producido por las piedras en los riñones es el más parecido al de las contracciones en el parto, pero evidentemente sin el final feliz de un nacimiento, lo que lo hace aún más difícil de soportar.
Como tantas y tantas cosas, parece que nos encontramos con ellas sin otra opción que soportarlas de la mejor manera posible, lo cual se reduce en este caso a favorecer la expulsión de la piedra y mitigar el dolor.

RESEÑA ANATÓMICA

Los riñones son dos órganos de un tamaño similar a un puño que filtran las impurezas de la sangre. De ellos parten sendos uréteres que desembocan en la vejiga urinaria en la que se almacena la orina hasta el momento de la excreción.

De acuerdo a la Medicina Tradicional China, los riñones regulan el estado orgánico de la médula ósea y la audición; de la misma manera tienen gran importancia en el funcionamiento de las rodillas, ya que el paso de meridiano de Riñón posee puntos de gran relevancia. Igualmente muchos de los problemas en la zona lumbar tales como contracturas y molestias pueden estar causados por un funcionamiento inadecuado de los riñones.

Desde el punto de vista emocional, están controlados por el miedo, y más concretamente por éste cuando se relaciona con los sentimientos, ya que los riñones forman parte, junto con la vejiga urinaria, del elemento agua.

PIEDRAS

Médicamente son denominadas cálculos y litiasis o urolitiasis, etimológicamente “piedras en el aparato urinario”, y se trata de depósitos minerales que provocan dolor y molestias cuando pasan a través de los uréteres camino a la vejiga.

Existen tres tipos de depósitos en los riñones: los de fosfato cálcico, los oxalatos (de sales minerales principalmente de ciertas verduras) y los de ácido úrico (debido a un exceso de proteínas). Sin embargo todas ellas llevan un componente cálcico.

Es cierto que existe una predisposición genética, pero ésta se ve frecuentemente “ayudada” por el tipo de dieta, ya que si existe una deficiencia de magnesio o de vitamina B6 se puede llegar a esas acumulaciones.

En lo tocante a los cálculos hay dos momentos fundamentales. Uno de ellos es cuando sabemos que tenemos cálculos pero aún no nos producen molestia alguna, y otro es en la fase aguda, en el momento de la expulsión, cuando se produce el dolor.

ACUMULACIÓN

En el momento en el que sabemos que tenemos piedras en los riñones, habitualmente tras un diagnóstico médico, podemos favorecer la disolución y por ello la posterior expulsión de diversas formas.

La fitoterapia nos enseña que plantas como la Grama de las Boticas es diurética y depurativa así como estimulante de la función renal y además favorece la disolución de cálculos pequeños. La Cola de Caballo tiene acciones similares, pero al ser remineralizante su uso debe ser supervisado por un profesional, ya que puede no ser la indicada en casos de oxalatos. La Arenaria y el Lepidio (también llamado “rompepiedras”) son dos plantas muy conocidas en los enfermos con este problema, ya que sus propiedades de disolución de cálculos es conocida desde hace muchos años.

La homeopatía posee policrestos tales como la Calcarea Carbonica y el Berberis Vulgaris, y la organoterapia homeopatizada es una gran ayuda cuando podemos hacernos con una de las piedras expulsadas, ya que ésta se puede enviar a un laboratorio para que se le hagan las diluciones pertinentes (normalmente 4, 7, 15 y 30 CH) y de esa manera se regula la predisposición genética a la precipitación.

En caso de un ataque agudo, se impone una actuación rápida debido al dolor que éstos producen y la mejor opción es dirigirse a un hospital para que sea administrado el calmante que el médico considere necesario, pero acto seguido se puede favorecer el proceso de disolución y expulsión con plantas como las ya mentadas anteriormente y otras como el Estigma de Maíz, Fumaria u Ortiga Verde. Obviamente la administración de estas plantas, dado el momento por el que el enfermo está pasando, debe ser supervisada por un profesional en la materia.

En el caso de la homeopatía contamos con el Equisetum Arvense, Cuprun Sulphuricum (en pomada aplicado en la zona renal) o Fosfato de Cobre D6 en casos de esclerosis renal.

También contamos con remedios de la naturopatía clásica (además de aumentar la ingesta de agua) como el emplasto de jengibre con sulfato de magnesio aplicado caliente.

Es necesario hacer especial énfasis en la vertiente dietética en ambos casos, tanto para evitar la acumulación como para favorecer la expulsión. En el primero se deben eliminar los productos lácteos (debido a su cantidad de calcio) y eliminar también la ingesta de fresas, acelgas, remolacha, tomates, espárragos, chocolate, ciruelas, naranjas, endivias, naranjas, judías verdes y berenjenas, especialmente en caso de oxalatos. También se deben evitar la carne de cerdo, vísceras, carne de caza, huevos y lácteos en caso de ácido úrico.

Si nos encontramos en una fase aguda conviene eliminar pescados como la sardina, arenque, caballa y anchoas, también legumbres, azúcar y derivados y aumentar la ingesta de apio, berros, cebolla, limón, ajos, peras, sandías, uvas y frijoles negros, recordando siempre beber bastante agua o zumos.

Un ataque agudo de cálculos es una situación muy desagradable y dolorosa, pero aún teniendo predisposición genética o una situación de tensión emocional que nos pueda conducir a ella, debemos tener en cuenta que una alimentación inadecuada puede facilitar el proceso de precipitación y por ello debemos tener especial cuidado en el campo de la alimentación, ya que en muchos casos es el detonante principal para que se produzcan las temidas piedras.

Rafael Sánchez
Naturópata.