Niños y Mocos
Cuando llega la época de frío, todos nos preparamos para las consabidas enfermedades invernales. A veces basta con exponerse unas pocas veces al frío para notar que nuestro sistema inmunológico no está funcionando demasiado bien. Los resfriados y las gripes empiezan a ser comunes. Y eso es un motivo más de quebradero de cabeza en casos en los que hay niños pequeños en la familia.

A veces un simpre proceso catarral que cursa con mocos deja de ser un resfriado sin importancia. El niño empieza con fiebre, con vómitos o con diarrea y el pediatra diagnostica una otitis o una gastroenteritis… o ambas a la vez.

El moco como defensa
Los mocos no son otra cosa que una secreción que tiene como objeto la lubricación y la defensa. Ante ciertos tipos de ataque al organismo (químicos, víricos, bacteriológicos o procesos de deshidratación) las células calciformes comienzan a producir una mezcla de glicoproteínas y proteoglicanos. Por una parte mantiene hidratados los tejidos y por otra defiende el organismo haciendo de filtro físico y químico debido al alto número de anticuerpos que contiene. Su intención es que los agentes patógenos no lleguen al interior del organismo. También son el resultado de la lucha entre los linfocitos y los agentes atacantes y se encargan de eliminar los “restos de la batalla”.

mucosa nasal

Pero en el caso de los niños hay algunas dificultades añadidas.

Por una parte, los niños no tienen aún maduro su sistema inmunológico. Aunque funcione a la perfección, carece de muchos anticuerpos que los adultos ya tenemos debido a las diversas infecciones que hemos tenido. En nuestro caso, un rinovirus que entre por nuestras mucosas tiene muchas posibilidades de ser reconocido por los anticuerpos que tenemos. El sistema inmunológico envía linfocitos y la cosa no pasa de una sensación de que estamos incubando un resfriado que no va a más.

Pero en un niño, ese mismo rinovirus puede ser la primera vez que entra en su cuerpo. Su sistema inmunológico no tiene los anticuerpos adecuados y por ello la defensa se tiene que organizar de otra manera. El enemigo no está medido y catalogado y por ello no se puede acabar con él rápidamente. Ese rinovirus provocará un proceso catarral más virulento que en adulto. La siguiente vez que el niño se encuentre con ese mismo rinovirus ya estará protegido, pero esa primera vez sufre todo el proceso.

Varios caminos
Esos mocos que crea, en muchos casos acaban en su estómago. Al no poder ser digeridos, quedan flotando y el niño está inapetente y con tendencia al vómito, que por lo general lo alivia.

Si los mocos llegan al intestino y estaban infectados, hay bastantes posibilidades de que el proceso derive en una inflamación tanto de la mucosa gástrica como de la intestinal (precísamente como defensa ante esa secreción infectada) y es cuando el pediatra habla de la gastroenteritis.

Y el otro camino que pueden tomar los mocos es el de la trompa de eustaquio. Se trata de una estructura tubular que va desde la caja del tímpano hasta la nasofaringe. En los adultos, la trompa de eustaquio –o tubo faringotimpánico– es ascendente, pero en los niños es casi horizontal, por lo que el moco tiene mucha más facilidad de llegar al oído con la consiguiente posibilidad de provocar una infección.

Si unimos ambas cosas (la menor cantidad de anticuerpos y las particularidades anatómicas de los niños), es comprensible que cada poco tiempo tengamos al niño en casa, con mocos y con un proceso que a muchos padres alarma porque no saben si va a ser algo poca importancia o va a derivar en un proceso más complicado. No debemos olvidar que en los primeros 5 años de vida, puede haber una media de diez infecciones al año. A pesar de entender que es un proceso lógico y que está creando el sistema defensivo del niño, no deja de ser un motivo muy típico de consulta.

niños y mocos

¿Qué puedo hacer para que mi niño no se ponga malo en el invierno?
Quizá es una de las preguntas que más veces escuchamos en estos meses. La respuesta no es tan sencilla. En realidad la intención no debe ser que el niño no coja infecciones. Éstas, como hemos visto, son necesarias para la creación de anticuerpos. La intención debe ser algo distinta. No hay que evitar que los gérmenes entren en el organismo del niño, lo que hay que intentar es que su sistema inmunológico actúe de la mejor manera posible. Evidentemente, incluso con las mejores protecciones, si ante el agente que ataca no existen anticuerpos, todo el proceso debe hacerse y no vamos a evitar las molestias derivadas de ello. Intentaremos que sea lo más rápido y efectivo posible, pero no podemos –ni debemos- evitar que la naturaleza siga su curso.

Las ayudas las hemos ido comentando en diversos artículos. Debemos mantener el sistema inmunológico en buen estado. Podemos usar inmunoestimulantes como Propóleo, Equinácea, Vitamina C; antinfecciosos como Tomillo o Romero; remedios homeopáticos como Belladona, Pyrogenium, Kali Bichromicum, Anas Barberiae; y también oligoelementos como el Cobre.

Por Rafael Sánchez
Naturópata
Madrid