La miel es uno de los alimentos cuyas propiedades terapéuticas son conocidas desde la antigüedad.

MielHistóricamente, la miel se ha utilizado y utiliza para aliviar los signos y síntomas de trastornos respiratorios, especialmente la tos. La Organización Mundial de la salud (OMS,) ha citado a la miel como un tratamiento potencial para el tratamiento de la tos, además de otros síntomas asociados al resfriado común, con un amplio margen terapéutico, y de especial utilidad en la edad infantil.

Una dosis de 2,5 ml de miel antes de dormir, tiene un mejor efecto de alivio de la tos en niños de edades comprendidas entre 24-60 meses, en comparación con la toma de difenhidramina y dextrometorfano, con una mejoría en la calidad del sueño de los niños y sus padres. En un estudio similar, los padres identificaron a la miel de trigo sarraceno, tomada en dosis única 30 minutos antes de acostarse, como un tratamiento más favorable para el alivio sintomático de la tos nocturna asociada a infecciones del tracto respiratorio superior y el sueño de sus hijos (el suyo también), comparado con el uso de dextrometorfano.

La unión de polisacáridos-resina-miel, se asoció con una mejor y más rápida mejoría en todos los síntomas clínicos a partir de la primera noche de terapia, comparada con un jarabe de carbocisteína, según un estudio aleatorizado, simple ciego, multicéntrico, que incluyó a 150 niños de 2 a 5 años, con tos asociada a infección de las vías respiratorias. Tanto la tos nocturna, como la diurna mejoraron, al igual que la calidad del sueño de los niños y los padres.

El mecanismo de acción de la miel se debe a la acción conjunta de sus variados componentes. El efecto antibacteriano parece estar relacionado con su alta osmolaridad, lo que impediría el crecimiento bacteriano.  La miel madura contiene en torno a un 80% de azúcares, principalmente glucosa, fructosa y  en menor cantidad sacarosa y maltosa, con una presencia de menos de un 18% de agua. La alta concentración de azúcares combinada con un bajo contenido de humedad provoca estrés osmótico, que evita el deterioro de la miel por microorganismos. El bajo pH de la miel (generalmente entre 3,2 y 4,5), también parece contribuir a la acción antibacteriana de la miel. Otro importante agente antibacteriano presente en la miel es el peróxido de hidrógeno (H2O2). La enzima glucosa oxidasa, aportada por las abejas al néctar recogido para la elaboración de la miel,  convierte la glucosa en H2O2 y ácido glucónico. En la actualidad, se han identificado otros componentes como metilglioxal y royalisina (péptido del tipo de las defensinas – Defensina-1-), presentes en determinados tipos de miel, como compuestos con marcada actividad antibacteriana.

La miel también contribuye a regular las concentraciones plasmáticas de prostaglandinas, aumenta los niveles de óxido nítrico (NO) y tiene actividades antioxidantes. Debido a su hiperosmolaridad, estimula el reflejo de la salivación y consecuentemente la hipersecreción de moco en las vías respiratorias, pudiendo mejorar la depuración mucociliar en las vías respiratorias y conducir a un efecto demulcente en la faringe resultando en una reducción de la tos, que asociado al resto de propiedades, puede acelerar la reparación y curación de descamación de la mucosa faríngea y por lo tanto reducir la irritación.

Datos actuales sugieren que la miel, administrado sola o en combinación con la terapia convencional, podría ser un nuevo antioxidante en la gestión de enfermedades crónicas comúnmente asociadas con el estrés oxidativo.

La miel constituye un excelente vehículo para los principios activos vegetales, en particular aceites esenciales, consiguiendo así una interesante acción sinérgica en el contexto de las afecciones respiratorias.

José Daniel Custodio
Licenciado en Biología

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