La vitamina C

La vitamina C es una de las protagonistas de la medicina, tanto desde el campo de la complementación como desde la alopatía o simplemente desde la alimentación. Por ello hoy nos dedicaremos a hacer un breve repaso por “la historia” de esta gran vitamina, ya que, como veremos, no sólo abarca el tratamiento del resfriado común como muchos pensamos, sino que la evidencia la lleva mucho más allá.

Vitamina CSu nombre científico es ácido ascórbico, y se presenta de forma innata en la naturaleza. Dicho termino, ascórbico, viene del vocablo escorbuto que significa “muerte negra”. Esto es porque antiguamente la mayoría de los marineros morían a causa de dicha enfermedad, en la cual se producía una equimosis general con hemorragias tanto externas como internas de todos los órganos que dotaban de color negro a todo el cuerpo de la persona a causa de la sangre extravasada y posteriormente coagulada. La explicación a esta epidemia en la mar era que los trabajadores no consumían apenas alimentos frescos, pues almacenaban reservas de comida congelada para sus largos trayectos en barco; basando la dieta en carne, pescado, huevos y leche, un grupo de alimentos que carece de vitamina C o solamente posee trazas de ésta. Además, la carne que era secada en salazón y acompañada siempre de patata, una hortaliza que pierde toda su concentración de vitamina C al ser cocinada.

En el siglo XVIII había ya más de 2000 marineros ingresados en diversos hospitales alrededor del mundo con el diagnóstico de escorbuto. Fue entonces cuando un sabio almirante comprobó que sus enfermos eran curados mediante remedios como la sidra, la clara de huevo y el zumo de limón. Y más adelante se descubrió que dicha mejoría era debida a la ingesta abundante de zumos a base de cítricos, ya que es el grupo de alimentos con mayor riqueza en vitamina C. Finalmente, fue en el siglo XIX cuando se concluyó el tratamiento definitivo de la enfermedad, consistente en la mera administración de vitamina C y mantenida con una correcta ingesta regular de alimentos crudos y frescos.

Sus propiedades fisiológicas más destacadas son las siguientes:

  • Se trata de una vitamina hidrosoluble, esto quiere decir que se disuelve en agua y por tanto su campo de acción es el medio acuoso del cuerpo humano, como por ejemplo la sangre, y no afecta en cambio a los tejidos grasos como es el sistema nervioso. Con ello queremos expresar que se define como un antioxidante de todas las partes líquidas de nuestro organismo y no de las partes lipídicas, en cuyo caso la protagonista sería la vitamina E.
  • Pero el hecho de que no sea un antioxidante del sistema nervioso no quiere decir que no tenga influencia sobre éste, ya que produce un aumento de la capacidad de concentración mental debido a que potencia la síntesis de neurotransmisores vinculados a dicha función, como son la adrenalina y la noradrenalina. Estas dos sustancias actúan así mismo sobre las glándulas suprarrenales presentando una acción indirecta sobre el sistema nervioso central, ya que la vitamina C no atraviesa la barrera hematoencefálica de nuestro cerebro.

Esto explica que tomar una naranja a la hora de la cena pueda desvelar el sueño, ya que la ingesta de vitamina C produciría el aumento de los niveles de dichos neurotransmisores y nos mantendría despiertos durante más tiempo, mediante la activación de nuestra actividad mental.

  • Una de sus propiedades evidentes, tal como hemos visto en la introducción, es su acción antiescorbuto, ya que reconvierte el cuadro de carencia de vitamina C. Dentro de esta enfermedad el paciente presenta una debilidad de todo el tejido conjuntivo por déficit de colágeno, lo cual conduce a la disminución de turgencia de todos nuestros vasos sanguíneos, con extravasación de sangre fuera de la pared venosa que finaliza con un sin fin de hemorragias internas subcutáneas, llamadas equimosis, además de una fragilidad capilar y venosa generalizada.

El diagnóstico se lleva a cabo mediante un aparato que aplica una presión superior a los 200mm de mercurio sobre un vaso sanguíneo, manteniendo dicha presión elevada durante unos minutos hasta que comience la aparición de la equimosis. Si dicho inicio se produce en pocos minutos se le diagnostica la enfermedad, es decir, la carencia de vitamina C. De una forma más sencilla se puede verificar dicha carencia en aquellas personas que presentan hematomas en la piel al mínimo golpe externo, esto se debe a que sus paredes venosas son excesivamente débiles y cualquier pequeño traumatismo produce la salida de sangre fuera del vaso. En cuyo caso el tratamiento sería tan sencillo como la administración de vitamina C, siempre unida a una dosis de bioflavonoides como explicaremos más adelante.

  • La vitamina C se necesita también para la maduración del colágeno ya que actúa en el proceso de transformación del precolágeno en colágeno maduro. Dicho proceso requiere de varias transformaciones consecutivas, y dos de ellas son las consideradas más importantes, donde precisamente la vitamina C resulta indispensable. Se trata de una reacción de hidroxilación en la cual los aminoácidos prolina y lisina pasan a la forma hidroxiprolina e hidroxilisina, que son los sustratos básicos del colágeno maduro. Por ello la toma del complejo vitamina C + hidroxiprolina + hidroxilisina mejorarían el estado de nuestro colágeno como tratamiento tanto de artropatías como de problemas de piel, cabello, uñas, etc.

Tener un buen colágeno se traduce pues en un esqueleto sano, donde las fracturas óseas consolidan con facilidad y hay un buen almacén de minerales importantes para la articulación como son el calcio o el magnesio, ya que estos oligoelementos se encuentran almacenados dentro de dicho colágeno nutriendo de forma indispensable nuestros huesos.

Con esta explicación concluimos que ante cualquier fractura se debería tomar un mínimo de 50mg diarios de vitamina C, así como también para la cicatrización de heridas cutáneas o úlceras de diferentes mucosas. Por el contrario si tenemos niveles bajos de dicha vitamina los procesos de cicatrización se alargarían y en casos concretos de esguinces o tendinitis la regeneración del colágeno no sería óptima.

  • Nos encontramos además que juega un papel importante en relación con el cáncer. Ya que cuando un tumor crece dentro del organismo, nuestro cuerpo se defiende en una primera fase mediante su encapsulación, rodeándolo de tejido conjuntivo para impedir que siga creciendo por fuera de dicha cápsula y se vuelva maligno. Esto es positivo siempre que el cierre de la cápsula sea completo, pero negativo en el sentido de que impide el reconocimiento del tumor por parte de nuestros antígenos que llevan a cabo la activación del sistema inmunológico con fines de destrucción de todo aquello que nos perjudica. Por ello hay vertientes que la defienden en este punto y otras que prefieren descartar su uso.

Lo que sí es correcto saber es que a dosis altas, de incluso 50gr de ascorbato de sodio vía intravenosa a través de un suero gota a gota lentamente, desencadena la activación de la apoptosis celular, es decir, el suicidio o muerte espontánea de las células tumorales sin provocar una inflamación secundaria por autodestrucción. Acabando entonces con el tumor sin existir reacción inflamatoria alguna. Dicha apoptosis pone en marcha a los llamados linfocitos T8 citotóxicos y a las células NK (Natural Killer) de la línea TH1, los cuales se encargan de la eliminación de las células malignas detectadas. El mayor problema de dichas dosis tan altas es que gran parte de la misma no es capaz de pasar al interior de la célula y en consecuencia es eliminada vía urinaria, por tanto se ha de tener mucho cuidado con lo efectos negativos de dicha pérdida masiva de vitamina C a través del riñón. Vuelve a ser entonces el campo del cáncer un terreno polémico en el uso de esta vitamina.

  • Esta acción que tiene sobre el sistema inmune nos ha llevado a pensar en sus efectos sobre la lucha antiviral por destrucción de la célula invadida. Los estudios han concluido que no actúa como preventivo de la gripe ni de los catarros o el resfriado común, ya que no disminuye la frecuencia de los mismos cuando es ingerida. Tampoco ayuda a la resolución del cuadro si la tomas una vez diagnosticada la infección.

Su función específica se centra en que tomada con regularidad, ya sea en forma de complementos o a través de la dieta diaria, no disminuye el número de gripes por año pero sí que suaviza su intensidad en caso de infectarse por el virus, así como acorta la duración de la sintomatología. Cuando ya la gripe se ha implantado influye levemente en su remisión siempre que sea tomada muy al principio de los primeros signos.

Aún así existen dos excepciones a todas estas afirmaciones que son las siguientes:

A) Los maratonianos que se dedican a correr como deportistas de élite si toman 50mg al día de vitamina C durante los 15 días previos a la carrera se disminuye la frecuencia de los resfriados provocados a lo largo del maratón en un 40%.

B) Y el segundo caso son los ancianos ingresados en instituciones geriátricas, donde la toma de vitamina C actúa de preventivo de gripes, debido a que los planes de comida de dichos centros presentan abundantes platos cocinados en forma de purés o cremas donde la presencia de dicha vitamina es mínima provocando un cuadro subclínico de escorbuto en muchos de estos ancianos, causa también de un aumento de infecciones respiratorias.

Rutas metabólicas

La vitamina C se presenta de forma natural en todo nuestro entorno unida siempre a bioflavonoides que la protegen de su fácil oxidación, ya que el contacto con el oxígeno la oxida muy rápidamente en escasos minutos. Dicho oxígeno puede ser tanto el presente en el aire como el que se encuentra dentro de nuestro estómago introducido a través de la deglución. Cuando la vitamina es oxidada ya pierde completamente su función como antioxidante, por ello es tan importante comer la naranja entera y no en zumo, pues estos bioflavonoides se encuentran en su parte blanca y además el mismo proceso de exprimido ya introduce un exceso de oxígeno en el fruto. Así como también se ha de tener presente la elección de complementos que vayan siempre unidos a un complejo de bioflavonoides.

Su absorción se produce en la primera parte del tubo digestivo, produciendo un pico máximo de elevación casi al momento de su ingesta. Pero hoy en día existen diferentes opciones de presentación en el campo de la suplementación, que han logrado mantener una prolongación en el tiempo de los niveles de vitamina C con una sola toma diaria por la mañana.

Las distintas formas de vitamina C son:

  • Como ácido ascórbico que es su presentación más pura ya que es tal cual se encuentra en la naturaleza.
  • Y por otro lado están los ascorbatos, que son los más usados en complementación porque no producen intolerancia gástrica. Aquí se incluyen:

Las sales de potasio, de magnesio, de calcio o de sodio. Como desventaja es que el aporte de vitamina C en estos casos no es del 100% ya que comparten siempre una pequeña dosis del mineral que la acompañan, el cual suele ser de un 20%, por lo que de vitamina C nos queda en torno a un 80%.

El ascorbato de potasio incluso lleva más aporte del mineral que de vitamina por tanto no se usa como complemento de vitamina C.

El de sodio produce un aumento de la tensión arterial así como de edemas, descartando su uso.

Y nos queda entonces el de calcio, llamado Ester-C, que es uno de los más vendidos y mejor tolerados, ya que además consigue un nivel alto de vitamina C mantenido a lo largo del día de forma estable sin presentar picos de elevación y bajada a las pocas horas de su administración, tal como ocurre con la mayoría de los complementos basados en ácido ascórbico y carentes de bioflavonoides.

  • También existen formas lipídicas como el palmitato de ascorbilo, el cual sólo está autorizado en España a nivel cosmético para el uso de diversas cremas de belleza antiedad, por tanto no se vende como complemento ya que no lo permite la legalidad por parte de la Agencia del Medicamento.

El proceso de absorción de la vitamina C se inicia en el hígado, cuando se produce su entrada dentro del hepatocito (célula hepática). En este punto activa a los microsomas, que son unos gránulos enzimáticos que participan en la fase I y II de detoxicación hepática, provocando un efecto antioxidante. En la fase I participa el citocromo P450, uno de los máximos responsables de los procesos de oxidación, y en la fase II se liberan un amplio espectro de radicales libres que son neutralizados por la vitamina C, entre otros elementos de participación conjunta, produciendo al mismo tiempo un efecto indirecto de depuración de drogas y diferentes toxinas acumuladas en este gran órgano, gran filtro de residuos.

Vitamina CEl aumento de radicales libres se asocia a una activación de la cascada de producción de citoquinas inflamatorias y es entonces cuando la vitamina C se encarga de inhibir dichas citoquinas, produciendo un efecto antiinflamatorio y al mismo tiempo analgésico.

La dosis de vitamina C que un organismo adulto necesita para mantener sus niveles mínimos es de 80mg, pero si queremos usarla como medicamento, es decir, para tratar enfermedades o prevenir diversas patologías, deberemos entonces subir la dosis por encima de este dintel, lo más frecuente son de 1 a 3gr diarios.

La vitamina C sólo permanece en nuestro cuerpo 1/3 del día porque es antes eliminada de forma muy rápida al alcanzar su pico máximo en sangre. Pero si optamos por una presentación de vitamina que sea de liberación sostenida (lenta), como es la patente Ester-C, aumentamos su tiempo de permanencia.

Una vez absorbida se comporta de forma similar a la glucosa, es decir, cuando alcanza un dintel concreto en sangre es eliminada a través de los riñones. Por tanto, administrada a dosis altas, por encima de los niveles C.D.R. (dosis diaria recomendada de 80mg al día), aparece en la orina. La dosis ingerida es directamente proporcional a su concentración en orina. Pero el cuerpo es inteligente y cuando considera que ya no necesita más cantidad deja de absorberla para evitar un exceso de trabajo por parte de los riñones, no siendo por tanto posible una intoxicación por sobredosis. Esta parte no absorbida pasa entonces al tracto intestinal, por ello una dosis superior a la que nuestro cuerpo considera necesaria tiene un efecto laxante, ya que en las paredes intestinales se lleva a cabo un proceso osmótico de atracción de agua que disminuye la consistencia de las heces, desencadenando finalmente una diarrea. La dosis a la que esto ocurre es individual de cada persona, ya que va ligada a la cantidad especifica que cada organismo necesita para cumplir sus funciones vitales según el contexto individual de la persona: las patologías asociadas, los procesos oxidativos desencadenados, la presencia de un terreno inflamatorio, etc. Justamente la aparición de la diarrea sería por ello indicativa de la dosis justa que cada paciente requiere como nivel máximo de tolerancia. De forma genérica, a modo orientativo, dicho máximo suele producirse por encima de los 3gr diarios, pero hay personas que incluso ingiriendo 10 ó 15gr diarios no han notado ninguno de estos efectos, lo cual quiere decir que presentan un gran déficit de vitamina C.

Además de los bioflavonoides, otro complemento que presenta sinergia absortiva sobre la vitamina C es el ácido alfa lipoico, ya que la administración de los dos en conjunto permite una mayor captación intracelular de la vitamina. De modo que con menos dosis obtendríamos los mismos efectos, pues potenciamos su absorción.

El hierro es un mineral que también se ve beneficiado por la vitamina C, en este caso cuando los damos unidos facilitamos la asimilación del hierro administrado dentro del complejo, ya que la vitamina C permite el cambio de su forma férrica a ferrosa, que es la presentación con mayor asimilación orgánica.

Un proceso similar ocurre también con el ácido fólico, que gracias a la ayuda de la vitamina C se transforma en ácido polínico, la forma activa de la vitamina B9.

Medicina ortomolecular

El uso de altas dosis de vitamina C fue promovido por Linus Pauling, el cual dedujo que el hombre era el único animal, junto con el murciélago de la India y la cobaya, que no sintetizaba esta vitamina de forma fisiológica.

La estructura química de la vitamina C es similar a la de la glucosa como ya hemos comentado, por ello la mayoría de los animales utilizan la glucosa para transformarla en dicha vitamina. Esto explica por qué los animales no requieren en ningún caso complementos de vitamina C, ya que su propio organismo está capacitado para producirla de forma innata en la cantidad necesaria. El hecho de que el ser humano no sea capaz a llevar a cabo esta transformación desde la glucosa se debe simplemente a un problema de adaptación.

Linus comprobó entonces que la dosis diaria que necesitan sintetizar los animales era mucho más alta que la que nosotros ingerimos a través de la dieta cada día. De esta forma dedujo posteriormente la relación entre el déficit de vitamina C y ciertas enfermedades degenerativas propias exclusivamente del ser humano y no existentes en el campo animal. Y concluyó que si tomáramos altas dosis de la vitamina, en una proporción similar a la que producen los animales de modo fisiológico, nos protegeríamos de dicha degeneración. Para llegar a esta conclusión quiso evidenciarlo en sí mismo administrándose las dosis directamente, pues además Linus era una persona con una salud debilitada y un terreno de frecuentes infecciones con bajo rendimiento energético.

Fue entonces cuando surgió la llamada medicina ortomolecular, es decir, aportar a la célula el entorno molecular adecuado para mejorar su comportamiento de una manera más óptima y aumentar así el rendimiento físico-psíquico de la persona, extendiendo dicha definición no sólo al campo de aplicación de la vitamina C sino a todo el resto de elementos químicos que componen el organismo humano.

La parte negativa de esta teoría es que la ingesta de altas dosis de cualquier elemento no significa siempre la entrada al 100% de dicha sustancia dentro del citoplasma celular, en cambio los animales ya sintetizan la vitamina C desde dentro de la célula, no por vía oral de forma externa.

También se ha demostrado con la evolución de la ciencia que la administración de megadosis de vitamina C de forma mantenida en el tiempo provoca un escorbuto de rebote una vez interrumpido el tratamiento, ya que la célula se defiende de dichas dosis tan altas dejando de absorber parte de la misma y cuando más adelante realmente necesitas administrarla de modo externo para una patología concreta la absorción se ha visto anulada. Por ello se aconseja utilizar las megadosis para tratamientos puntuales durante un periodo de tiempo específico y controlado en todo momento por un terapeuta. Y así mismo unirla siempre a un complejo de ácido fólico y bioflavonoides que aumenten la dosis intracelular, tal y como se aconseja por ejemplo en tratamientos oncológicos.

Además de estos requisitos sobre el la dosis recomendada, hemos de tener en cuenta unos puntos muy concretos en el campo de acción de tres tipos concretos de pacientes o terrenos:

  • Cuando administramos vitamina C sobre un campo no oxidado que se verá posteriormente expuesto a un daño oxidativo, la vitamina actúa como un antioxidante para disminuir dicha oxidación en un futuro próximo. Es decir, hacemos una terapia de prevención contra radicales libres.
  • Si por contra el terreno de la persona ya está oxidado, la ingesta de vitamina C potencia aún más la oxidación, tal y como ocurre por ejemplo en el caso de los fumadores, que deberían tener contraindicada su administración.
  • Finalmente, si dicha ingesta de vitamina C es a través de los alimentos, por ejemplo mediante una dieta con abundantes crudos, en ningún caso existen dichas contraindicaciones, pues la vitamina actúa siempre entonces como un potente antioxidante. Esto es porque se rodea de sustancias que impiden que se oxide dentro de nuestro organismo, favoreciendo entonces las reacciones de neutralización de radicales libres.

Alimentos con alta riqueza

Dentro del grupo de las frutas los que poseen mayor concentración son los cítricos como la naranja, el limón, pomelo, kiwi, guayaba, ciruela kakadu, camu camu, escaramujo, acerola, grosella negra y roja, caqui, papaya, fresa, melón, pomelo frambuesa, mandarina, mango y lima. Siempre teniendo en cuenta la cercanía de su cultivo, dando preferencia a los autóctonos de la zona donde nos encontremos, ya que la delicadeza de esta vitamina favorece su pérdida durante los largos viajes de transporte de alimentos importados desde el extranjero.

Dentro de los vegetales y las hortalizas estaría el pimiento rojo como uno de los más concentrados; después iría el perejil, el brécol, las coles de Bruselas, la coliflor y las espinacas, como las más destacadas.

De modo que dos raciones de fruta y dos platos de ensalada con verdura cruda variada sería la dosis de vitamina C que necesita nuestro organismo diariamente para llevar a cabo sus funciones vitales i no desarrollar un escorbuto por deficiencia. En el caso por ejemplo del kiwi una ración ya cubriría la C.D.R. ya que 100gr de éste corresponden justamente a 80mg de vitamina C, pero siempre que sean de temporada y de la zona.

Los fumadores necesitan un 20% más de vitamina C en la dieta que el resto, ya que presentan deficiencia. Por ello han de acostumbrarse a aderezar los platos con unas gotas de zumo de limón y ponerse pimiento crudo de forma regular en las ensaladas.

La piel se hidrata notablemente cuando consumes abundantes antioxidantes, por esta razón el tabaco produce como uno de los primeros síntomas un envejecimiento prematuro de la piel por un aumento de su oxidación. Cuando comenzamos a ingerir dosis correctas de potentes antioxidantes como la vitamina C la piel es el primer indicativo de sus efectos positivos.

Sintomatología por deficiencia (escorbuto)

  • Boca: rojez, sangrado de encías, periodontitis, desmineralización de la dentina, deformación y aumento de movilidad de los dientes.
  • General: fragilidad capilar y ósea, defectos en el tejido conectivo, malestar generalizado con cansancio y debilidad muscular, disnea y anemia.
  • Síndrome hemorrágico: petequias y equimosis, hemorragias generales de todo el organismo incluso a nivel de órganos internos y vísceras, hematuria y derrame cerebral.

Indicaciones en base a la evidencia científica

Evidencia A

  • Deficiencia de vitamina C o escorbuto.

Evidencia B

  • Prevención del resfriado común en maratonianos y personas que practican deportes extremos como el esquí de fondo.
  • Infección urinaria durante el embarazo.
  • Aumento de la absorción del hierro.

Evidencia C

  • Cáncer:
    • Cáncer de mama, endometrio, colorrectal y próstata.
    • Cardioprotector y coadyuvante durante la aplicación de quimioterapia.
    • Prevención y tratamiento de tumores malignos.
  • Cardiovascular:
    • Tratamiento de enfermedades isquémicas cardiacas.
    • ICTUS.
    • Insuficiencia venosa crónica.
    • Hipertensión.
    • Anemia.
    • Protoporfiria eritropoyética.
    • Hiperlipemia.
    • Anomalías metabólicas diversas, entre ellas el Síndrome metabólico o Síndrome X.
    • Tratamiento de base de hematomas espontáneos frecuentes o de difícil remisión causados por una debilidad de las paredes capilares.
  • Piel y tejido conjuntivo:
    • Cicatrización de quemaduras.
    • Remisión del eritema solar.
    • A nivel tópico para el tratamiento de úlceras de decúbito o por presión.
    • Prevención de arrugas y de manchas en la piel por hiperpigmentación.
  • Terreno inflamatorio:
    • Aplicación en los diferentes subtipos de artritis y algunas variedades de artrosis.
    • Vaginitis.
    • Asma, por su efecto antihistamínico.
    • Fibrosis quística.
    • Enfermedad pulmonar de diversa índole, así como neumonía.
  • Eje renal-hepático:
    • Tratamiento de la diabetes mellitus tipo II y prevención de la consecuente retinopatía diabética.
    • Nefropatía por contrastes.
    • Proteinuria.
    • Enfermedad vesicular o hepática.
    • Toxicidad por cúmulo de plomo.
  • En el campo del sistema nervioso:
    • Mejoría general de la enfermedad del Parkinson o del Alzheimer.
    • Autismo.
    • Tratamiento del Síndrome de Sudeck con distrofia simpático-refleja asociada a una previa fractura con mala evolución.
  • En infecciones:
    • Implantación del Elicobacter Pylori.
    • Virus VIH del sida.
  • En otros sectores:
    • Disminución de la mortalidad por enfermedades crónicas.
    • Optimización de los meses de embarazo.
    • Tratamiento del niño prematuro.
    • Mejor tolerancia a la administración de nitroglicerina y sus derivados.
    • Prevención de la degeneración macular.
    • Recuperación física tras una sesión de ejercicio intenso.
    • Analgésico potente en el campo de la medicina del dolor, ya que en estos pacientes sus reservas se encuentran agotadas.

Evidencia D, es decir, con resultados contradictorios.

  • Prevención y tratamiento del resfriado común.
  • Prevención de patologías cardiacas, por el contrario, si nos referimos a su tratamiento sí que presenta evidencia C tal cual hemos plasmado.

Precauciones en su administración

Según nuestras explicaciones basadas en la literatura experimental, nos hacemos conscientes de la importancia en la elección precisa de la dosis a la hora de su indicación terapéutica específica, con posible aparición de diarrea a partir de los 3gr. Aunque ya sabemos que dicho número es siempre orientativo y condicionado a cada caso.

Vitamina CAdemás, ya que la vitamina C es eliminada en gran parte por el riñón en forma de oxalatos, no se deben administrar más de 50mg al día en pacientes con litiasis renal por oxalatos. Ocurre exactamente igual en el supuesto de presentar una insuficiencia renal, para evitar un exceso de trabajo para el riñón al intentar eliminar la cantidad sobrante.

Personas con diagnóstico de hemocromatosis o hemosiderosis, es decir, presencia de depósitos de hierro de origen congénito o adquirido; no han de tomar suplementos de vitamina C por la sinergia absortiva ferrosa consecuente.

Existe un caso en la literatura donde se deja constancia de que una dosis por encima de lo 4’5gr/día produce un aumento de la glucosa en el paciente diabético debido a su similitud con la molécula de glucosa. Esto es porque se inhibe entonces la glucosuria (eliminación de glucosa a través de la orina) y en consecuencia aumenta la glicemia (nivel de glucosa en sangre). Pero, como bien describimos, es un caso muy particular. A lo largo de toda la historia experimental con la vitamina en sus diferentes usos.

Las personas con deficiencia de la enzima glucosa-6-deshidrogenasa, esto es, la enfermedad de favismo; tampoco deben ingerir complementos de vitamina C ya que se trata de un tipo de anemia hemolítica.

Interacciones farmacológicas

No debemos tomarla conjuntamente con fármacos anticoagulantes como el “sintron”, pues aumentaremos el riesgo de sangrado.
Así mismo potencia el efecto de la toma de anfetaminas, porque ambos son estimulantes cerebrales similares a la adrenalina y noradrenalina.
Si se administra unida a la aplicación de quimioterápicos puede disminuir los efectos del tratamiento oncológico, ya que aumenta las fases I y II de metabolización de toxinas por parte del hígado. Por tanto, como no existe consenso en este punto, lo más correcto sería evitar su indicación o estudiar el caso ampliamente e base a los estudios de última generación.
Por último, también puede potenciar el efecto de los corticoides orales.

Conclusiones

Los fumadores han de aumentar la ingesta de vitamina C, ya que tienen sus reservas agotadas a causa del terreno oxidativo generalizado que presentan. Pero en estos pacientes la dosis ingerida ha de venir siempre de la propia alimentación y no en forma de suplementos.

Las personas sanas han de potenciar su consumo a través de una amplia variedad de frutas y hortalizas crudas adecuadas a cada temporada estacional. Y paralelamente se debería reservar la complementación para tratamientos concretos puntuales o personas con deficiencia por causa patológica específica. De esta manera será como nos quedaremos sólo con la amplia parte positiva de su recomendación terapéutica y dejaremos de lado sus posibles riesgos por exceso o mala praxis.
Esto es porque la vitamina C, al igual que cualquier otro elemento químico, no está exenta de precauciones, por ello se ha de usar bajo la supervisión de nuestro terapeuta y sustentada en un indicación clara, no de forma automática. Cuando dicha indicación es real será entonces cuando nos beneficiaremos de sus grandes resultados de forma rápida e incluso sorprendente.

Si optamos por la medicina ortomolecular las dosis pueden llegar a los 20 ó 30gr diarios, vendida en botes de 0’5kg de polvo de ácido ascórbico. Se trata pues de un tratamiento acotado en el tiempo y debidamente argumentado por un terapeuta, sólo así presenta beneficios por encima de perjuicios.

La evidencia más actual aconseja dosis de en torno a 500 o 2000mg diarios, y en algún caso 3gr, como dosis de mayor aprovechamiento terapéutico y máxima efectividad.

Todo elemento natural tiene también una medida en torno a la cual gira su beneficio, pero dicha medida es altamente subjetiva, hemos de saberla encontrar y adaptar a cada terreno personal.
El equilibrio es pues la base de la salud, su búsqueda conlleva un amplio estudio de todos nuestros campos orgánico-funcionales, sin olvidarnos nunca del más básico: el campo emocional. Por ello si lo que queremos alcanzar es dicho equilibrio hemos de buscar cuál es la dosis que cada cuerpo, cada ser humano, cada vibración individual necesita. Y por supuesto la que requiere cada momento, ya que la vida avanza y cambia, y con ella nuestras necesidades también se van modificando. Esto es porque lo que éramos no es lo que somos ni tampoco lo que seremos, pero en cambio sí que somos en gran parte lo que día a día buscamos, ya sea de una manera consciente o meramente inconsciente guiada por instintos internos.

Belén GARCÍA LÓPEZ
Diplomada en Fisioterapia
Naturópata – Homeópata
Experta en Macrobiótica