La lucha contra el cáncer

Hoy en día hay una enfermedad que aún se escapa al control del ser humano. Una enfermedad que aparece sin tener una causa concreta, pero que a la vez guarda relación con muchos detalles de la vida cotidiana: la alimentación, la contaminación de nuestro entorno, la herencia genética, el estrés emocional, los hábitos tóxicos… Aún así, puede desarrollarse incluso en un terreno biológico en el cual no se den ninguno de los factores de riesgo hasta ahora conocidos.

Esta caprichosa enfermedad se llama cáncer y ante ella a veces sólo queda la opción de la quimioterapia. Un tipo de tratamiento que constituye lo más alejado que existe a la Medicina Natural, ya que se basa en la toxicidad y por tanto desbalancea plenamente el equilibrio necesario para mantener la salud. Pero hay casos en los que o escogemos este camino o quizás no haya ningún otro. Es entonces cuando acudimos a la Naturopatía con el fin de disminuir al máximo los efectos secundarios de la toxina y en consecuencia podamos mantener el nivel más alto de calidad de vida antes, durante y después de su administración.

La quimioterapia afecta negativamente sobretodo a seis ámbitos fisiológicos de la persona:

  1. Toxicidad medular

La anemia, trombocitopenia y leucopenia son los tres efectos secundarios más frecuentes. En parte se palia con transfusiones de sangre que reponen los hematíes y las plaquetas, pero no los leucocitos, ya que son células especializadas de cada individuo. Por lo que para tratar la bajada de estos glóbulos blancos se dan fármacos estimulantes de su formación en la médula ósea, el principal problema es que resultan muy caros.

En este caso nosotros disponemos de los hongos reguladores del sistema inmune. Lo más común es usar un complejo de los que han demostrado científicamente mejores resultados. Así tenemos el Coriolus Versicolor, conocido también con el nombre de Kawaratake o Cola de Pavo; y otros como el Shiitake, el Maitake, el Reishi, el Cordiceps y el Agaricus Blazei Murill o Champiñón del Sol.

CáncerTodos ellos poseen una elevada concentración de polisacáridos capaces de favorecer la apoptosis tumoral (muerte espontánea de las células cancerígenas). La forma de administración más correcta es en extracto seco a dosis de unoa 9 gramos al día y como mantenimiento preventivo serían suficientes alrededor de 3 gramos.

Su acción se ve potenciada si incluimos el oligoelemento Selenio o el Germanio 132, ya que éstos actúan al mismo tiempo como potentes antioxidantes. En todo caso los hongos han de ir siempre unidos a una vitamina C en forma de ascorbato para mejorar su asimilación y correspondiente metabolización.

  1. Toxicidad digestiva

La inflamación de la mucosa bucal o mucositis es el primer síntoma desagradable detectado por el paciente oncológico. Esto se debe a que la boca está llena de múltiples bacterias y el paciente tiene los linfocitos bajos, fundamentales para su defensa. En consecuencia aparece el dolor y la disfagia (incapacidad para tragar), incluso en ocasiones se añade la proliferación de levaduras como la Cándida Albicans. En este último caso indicaríamos colutorios a base de antifúngicos naturales, como el extracto de semilla de pomelo, y a parte la complementación con Lactoferrina, que además mejora la absorción de hierro, ya que en la mayoría de los casos se produce una anemia secundaria al tratamiento médico.

En la segunda etapa suele avanzarse hacia una inflamación de toda la mucosa intestinal, provocando hemorragias digestivas y diarreas; la cual cosa lleva a la desnutrición y con ello una mayor inmunodepresión. Es aquí donde hemos de complementar con el aminoácido L-Glutamina a dosis de 5 gramos diluido en agua cada noche antes de acostarse. De esta manera lograremos una regeneración más rápida de toda la mucosa, especialmente de tramo del intestino delgado. Lo ideal sería comenzar con la indicación de este aminoácido una semana antes, mantenerlo durante todo el tratamiento quimioterápico y continuar alrededor de dos a tres semanas después, según la demanda de síntomas álgicos.

La siguiente ayuda antiinflamatoria de la que disponemos son los licuados de zanahoria de la dieta Gerson. A través de la zanahoria disminuimos las constantes diarreas consecuentes a la quimioterapia, ya que esta verdura es principalmente astringente. Al mismo tiempo aportamos una gran concentración de beta-carotenos (pigmento natural provitamina A), que nos ayudan a la cicatrización y reparación de las úlceras de toda la mucosa digestiva y constituye también un gran antioxidante de todo el tracto intestinal. También podemos potenciar los beneficios de estos zumos añadiendo un poco de manzana o un par de hojas de col y unas gotas de limón. La forma correcta de administración sería un vaso de 125 ml recién licuado a cada hora o más espaciado según la disponibilidad de cada paciente.

Junto con el licuado sería aconsejable suplementar con un omega 3 de buena calidad (sobretodo concentrado en el ácido graso DHA), ya que son potentes antiinflamatorios y además mejoran la asimilación de los beta-carotenos, que requieren de la ingesta simultánea de algún aceite para transformarse en nuestro organismo en vitamina A, ya que son nutraceúticos liposolubles.

Como siguiente alternativa tenemos los probióticos (bacterias amigas de la flora), que repueblan la mucosa intestinal y al tiempo aumentan toda nuestra línea inmuno-defensiva. En especial el Saccharomyces Boulardii y el Lactobacillus Casei serían los dos más indicados. Solamente estarían contraindicados en cánceres quirúrgicos muy agresivos, que provoquen una inmunodepresión excesiva. Ni tampoco en el caso de que el paciente esté tomando junto con el quimioterápico algún fármaco antifúngico o antibiótico, ya que en este caso las bacterias probióticas podrían volverse contra nuestro propio organismo.

Antes de cada sesión de quimioterapia haríamos un colutorio con una cucharada de aceite de girasol de primera presión en frío, ya que su concentración en vitamina E y en ácido linolénico nos ayudan a eliminar de forma local los tóxicos quimioterápicos a través de la saliva. A la vez que nos protegemos de los radicales libres propios de la enfermedad.

  1. Vómitos

Como antiemético tenemos la raíz de jengibre, que además es un gran potenciador de toda la esfera yang de la persona desde el punto de vista de la Medicina China; de modo que aumentamos la vertiente energética de la persona necesaria para la erradicación del cáncer.

Lo ideal sería utilizar la raíz en fresco, a dosis de un gramo al día. Si no es así tenemos como alternativa las cápsulas del extracto estandarizado en gingeroles, en cuyo caso la dosis sería de incluso 12 gramos al día.

  1. Afección de los folículos pilosos

La pérdida de cabello no tiene gran importancia a nivel de la salud, ya que es un síntoma transitorio, pero sí que afecta a la imagen corporal de la persona. Por lo que para lograr una más rápida reconversión de esta consecuencia deberíamos aumentar en la medida de lo posible la ingesta de toda la gama de antioxidantes a través de la alimentación(los colores morado, amarillo-anaranjado y rojo serían los principales).

Sumado a eso podríamos hacer enemas periódicos de café verde cada 3 días ya una vez acabado el tratamiento. Estos enemas además de tener un potente efecto antioxidante general de todo el terreno, son grandes depurativos hepáticos, por lo que nos ayudarán a disminuir más rápidamente los tóxicos que hayan quedado depositados.

Como siguientes ayudas antioxidantes tenemos la vitamina C a altas dosis, pero no más de 3 gramos al día para evitar su efecto laxante. Mejor en todo caso si va unida a bioflavonoides, ya que hacen sinergia en el proceso de absorción. Con ella cubriríamos toda la línea acuosa de nuestro organismo (antioxidante por tanto de sangre, linfa y resto de líquidos corporales).

También el Resveratrol es otro gran protector de la oxidación de los pequeños capilares sanguíneos y de las paredes tanto arteriales como venosas.

La vitamina E suministrada como mezcla de tocoferoles y unida siempre al Selenio, nos actuaría como antioxidante del medio graso.

Y por su lado el Ácido Alfa-Lipoico nos cubriría ambas vertientes ya que engloba tanto la esfera hidrosoluble como la liposoluble.

A parte disponemos de otros suplementos como la N-Acetil-Cisteína, encargada de neutralizar la oxidación hepática, así como la acumulada en el intestino y el sistema nervioso central.

Por último no nos deberíamos olvidar del Cardo Mariano, estandarizado en 400 mg de Silimarina. Este principio activo es el necesario para que se produzca la regeneración del hígado, ya que es nuestro órgano más importante desde el punto de vista de la eliminación de toxinas, entre otras muchas bondades.

Si unimos el Metil-Sulfonil-Metano o MSM aumentamos aún más la acción hepato-detoxicante, ya que aportamos una gran cantidad de Sulforafanos y el azúfre a parte de estimular la depuración es un gran aliado de la salud de las mucosas.

Y para terminar disponemos de otras ayudas de la fase I y II de depuración hepática como son la Colina, el Inositol, el aminoácido L-Metionina y la Vitamina B12.

  1. Alteraciones gonadales

Antes de iniciar la quimioterapia sería recomendable hacer una congelación de folículos ováricos u ovocitos, como medida preventiva para evitar la posible incapacidad fértil posterior al tratamiento. Así como la congelación de esperma en el caso del hombre.

De cualquier manera, la suplementación con vitamina E y aceite de onagra o de borrajatambién colaborarían en este sentido, para acelerar la reconstitución de todo el aparato reproductor.

Si el cáncer es de tipo hormono-dependiente, como en el caso del carcinoma mamario, deberíamos sumar la complementación con extracto de granada, ya que disminuye la concentración de estrógenos. Así como 90 mg de Isoflavonas de soja en su forma Aglicona, divididas en tomas de 30 mg 3 veces al día.

  1. Toxicidad cardiaca

Como protector del corazón y al mismo tiempo relajante muscular y nervioso para ayudar al sueño y al bienestar general del enfermo, tenemos el mineral Magnesio. Serían suficientes unos 400 mg al día y preferiblemente en la presentación quelada con aminoácidos, para mejorar su asimilación y evitar su posible efecto laxante.

Aquí también deberíamos incluir la L-Carnitina, ya que es el mayor aliado cardiaco en la conversión de energía por parte de las células encargadas de la contracción miocárdica. Tomando en torno a 1’5 gramos fuera de las comidas lograríamos además un buen efecto vigorizador complementario, contrarrestando por tanto la fatiga generalizada de un organismo desgastado en su lucha ante la dura enfermedad.

  1. Alteración del genoma y destrucción de células sanas

La inevitable afectación de células no tumorales por parte de los fármacos anticancerígenos, hace indispensable la toma casi de por vida de algún tratamiento inmunoestimulante preventivo, evitando así una posible recaída en un cáncer posterior. Por ello mantendríamos una dosis mínima diaria del hongo Coriolus Versicolor, al menos por ciclos de 3 meses sí y uno de descanso.

Otro gran preventivo de última generación y cada vez con más estudios científicos que avalan su acción, es el principio activo que se concentra en el Brécol, el Indol-3-Carbinol. Por lo tanto, la ingesta regular de esta verdura, así como las cápsulas de su extracto concentrado nos funcionarían como barrera en la proliferación de nuevos tumores.

Disponemos también de otras alternativas homeopáticas basadas en la Microestimulación inmunológica u Homotoxicología, que resultan sobretodo de gran efectividad durante los 5 años posteriores a la quimioterapia, que son los más básicos en cuestión de posibles recaídas.

Por otro lado; en el caso de que el tratamiento consista en Radioterapia, para evitar las quemaduras y mejorar su cicatrización disponemos del gel de Aloe Vera mezclado con aceite de prímula de forma tópica sobre las zonas afectadas.

Al mismo tiempo, como suplemento homeopático vía oral, tenemos la Belladona a la 7 CH, 5 gránulos antes de cada una de las tres comidas sería suficiente para disminuir la irritación de la piel causada por las radiaciones.

Después de cada terapia radiológica deberíamos a su vez ayudar a repoblar la flora intestinal mediante Fructo-oligosacáridos o FOS.

Además de todos estos remedios paliativos tenemos dos grandes complementos procedentes del aceite de hígado de tiburón que nos ayudan a potenciar la efectividadde la quimioterapia. Son los llamados Alquilgliceroles y el hidrocarburo poliinsaturado denominado Escualeno. Tomando 6 perlas el mismo día en que sea administrado el fármaco aumentamos la acción definitiva del medicamento.

Y no podemos en ningún caso dejar de lado la esfera psicológica del paciente mediante un correcto apoyo emocional proporcionado por las Flores de Bach más adecuadas a cada caso, así como los diferentes métodos de relajación.

Para concluir solamente añadir que en el cáncer juega un papel muy importante el poder de nuestra mente, esto es, el que de verdad lucha y se recupera es aquel que encierra dentro de sí un enorme deseo de vivir. Podríamos resumirlo de forma bien sencilla diciendo…

Querer es Poder”.

Belén García López
Fisioterapeuta
Naturópata – Homeópata
Experta en Macrobiótica