La Diabetes Tipo II

La Diabetes Mellitus Tipo II o Secundaria, una enfermedad que hasta hace bien poco parecía bastante controlada, ahora vuelve a adquirir un gran protagonismo en nuestra sociedad plasmado en un aumento progresivo de casos. ¿A qué se debe este paso hacia atrás?

Si echamos un vistazo a las causas más frecuentes de diabetes, vemos que todas ellas guardan un denominador común, pues la mayoría están relacionadas con los hábitos de vida propios de la era moderna, que en muchas ocasiones tanto daño nos causan. Entre los factores de riesgo destacamos:

  • Cada uno de los componentes que engloba el llamado Síndrome Metabólico o Síndrome X, donde se incluyen la hipertensión, la hipercolesterolemia, la hipertrigliceridemia y la obesidad o sobrepeso. Todo ello unido a una falta de ejercicio físico regular.
  • El abuso de ciertos fármacos, que muchas veces nos auto-indicamos sin tener del todo una conciencia de sus efectos secundarios.
  • El estrés, que día a día vamos acumulando hasta finalmente presentar síntomas psicosomáticos.
  • La dieta, también de gran influencia, ya que el poderoso mundo de los alimentos refinados y los azúcares simples son uno de los terrores de nuestro agotado páncreas. Así como el exceso de grasas animales y de alcohol.
  • A través de la dieta regulamos además nuestro pH orgánico, el cual si tiende a acidificarse crea un terreno de riesgo para un correcto metabolismo de la glucosa. Por esta razón el predominio de lácteos, sobretodo leche y quesos, también influye en la predisposición de la patología.
  • A su vez, cuando dejamos pasar muchas horas seguidas sin ingerir ningún alimento se produce en nuestra sangre un pico de glucosa que exige un sobreesfuerzo pancreático. Debido a este razonamiento es siempre mejor hacer cinco comidas al día pequeñas que no tres muy abundantes y separadas en el tiempo.
  • Y sin olvidar finalmente el gran componente hereditario, que en este caso juega un papel importante en la predisposición de nuestros genes. Así como la edad avanzada de riesgo, que se sitúa en torno a los 40 años.

DiabetesPero para entender todo este proceso hemos de definir mínimamente en que consiste la fisiopatología de esta enfermedad.

Tanto la glucosa ingerida como la producida internamente por nuestro propio organismo necesitan entrar en las células para llegar a sus mitocondrias y así poder transformarse en energía aprovechable. Si dicha entrada no se produce, la glucosa queda libre en sangre y es cuando daña nuestros tejidos. La insulina producida por el páncreas es la encargada de transportar la glucosa a nivel intracelular. Por lo que si la demanda de insulina se vuelve excesivamente constante a medio plazo agotamos la capacidad de trabajo de las células pancreáticas, careciendo pues de la indispensable insulina. Dicha glucosa libre se une a las proteínas y grasas del torrente sanguíneo desarrollando las llamadas glicosilaciones enzimáticas, que se comportan como productos oxidativos. La oxidación abre la puerta, entonces, a toda una reacción inflamatoria que deteriora:

  • Las paredes vasculares (ateroesclerosis).
  • Los pequeños vasos de la retina (retinopatía diabética y ceguera), del riñón (nefropatía) y de las zonas periféricas (heridas que cicatricen lentamente y amputación de miembros distales).
  • La rama nerviosa (neuropatía sensitiva), motora (neuropatía motora) y vegetativa (neuropatía vegetativa).
  • Y el correcto funcionamiento del sistema inmune (propensión constante a diversas infecciones).

Los alimentos con un índice glicémico alto son los que producen mayor cantidad de glicosilaciones. Si este proceso no se para, con una correcta alimentación y un programa de ejercicio diario, la glucemia aumenta progresivamente cada vez más y con ella aumenta nuestro pH, pudiendo desembocar finalmente en una acidosis metabólica que desnaturaliza nuestras células y, en último término, mata.

Pero si detectamos rápido los factores de riesgo de la enfermedad y normalizamos el peso, aún las células de nuestro páncreas estarán a tiempo de recuperar su capacidad de trabajo y normalizar todo el proceso, sin requerir ningún aporte extra de insulina. Ya en fases más avanzadas las células pancreáticas se anulan por completo y no existe terreno alguno que poder regenerar o estimular.

Los síntomas más frecuentes que nos harían sospechar sobre la enfermedad serían:

  • Vista cansada o borrosa.
  • Sensación continua de sed con micción frecuente.
  • Fatiga y debilidad sin causa aparente.
  • Sensación de hambre desproporcionada.
  • Pérdida de peso inexplicable.
  • Úlceras que tardan mucho en curar.
  • Hormigueo o parestesias.
  • Digestiones pesadas o dispepsia y a veces náuseas.
  • Desarreglos intestinales y dolor abdominal.
  • Irritabilidad constante y cambios de humor repentinos.

Para poner freno a todo este proceso, se trata simplemente de mantener lo más estable posible el nivel de glucosa durante todo el día. Para alcanzar este objetivo deberíamos seguir las siguientes pautas:

  1. Hacer tres comidas principales y entre ellas dos o tres tentempiés a base de hidratos de carbono para acortar al máximo el periodo de ayuno. Incluyendo también un tentempié antes de acostarse, ya que la hipoglucemia nocturna es de las más peligrosas, puesto que es la de mayor duración.
  2. Se debe intentar que todas las comidas tengan un aporte similar de carbohidratos, de en torno a un 60 %. La proteína sería de un 10%, predominando en todo caso la de origen vegetal como legumbres y derivados de la soja, ya que se ha visto que las personas vegetarianas presentan un menor porcentaje de riesgo a esta patología. Y el 30 % restante correspondería a la porción lipídica, a base de grasas cardiosaludables como el aceite de oliva o los omega tres de la chía, el lino o las nueces.
  3. El aporte de fibra es de gran interés, sobretodo la de tipo soluble como la avena, la pectina de la manzana o los betaglucanos de diversas setas y hongos.
  4. El alcohol estaría totalmente contraindicado, por su influencia en la acidosis del pH orgánico.
  5. Por el contrario, para favorecer la alcalosis hemos de aumentar nuestro aporte de potasio mediante infusiones, caldos y abundantes verduras u hortalizas, así como frutos secos en su correcta medida.
  6. Es fundamental la hidratación constante, para favorecer una adecuada diuresis y mejorar así todo el terreno renal. Por ello se aconseja además cocinar sin sal, introduciendo como sustitutos las hierbas aromáticas y especias como el orégano o la canela.
  7. Hemos de tener a mano siempre una tabla de alimentos clasificados por su nivel glicémico. De manera que podamos hacer predominar los que tengan un índice más bajo, ya que éstos producen un menor pico insulínico. Así comprobaremos como los alimentos más aconsejados son todas las verduras con gran cantidad de agua (no por tanto otras como la remolacha o la calabaza), así como el mundo de los integrales. Evitando al mismo tiempo los de alto índice, donde encontraremos todos los azúcares simples o refinados y las grasas animales.

A parte de la alimentación, tenemos otras ayudas naturales que nos pueden resultar de gran ayuda. Así por ejemplo:

  • La fibra soluble del fenogreco, el glucomanano, la goma guar o el psyllium mantiene estable nuestra glucemia.
  • El ácido alfa lipoico, el cromo, la levadura de cerveza, la onagra y el aceite de pescado disminuyen la resistencia celular al paso de la insulina.
  • El ginseng (mejor si es el de origen siberiano), la albahaca, la alcaravea, la sábila y la cebolla son hipoglucemiantes.
  • El arándano negro protege a nuestra retina del daño oxidativo.
  • La coenzima Q-10, el zinc y las vitaminas C y E son también potentes antioxidantes de todo el entramado arterio-venoso.
  • La L-carnitina y la vitamina B3 inhiben el daño cardiovascular.
  • El magnesio contrarresta el arrastre renal de minerales consecuencia del daño nefrótico.
  • El eje de oligoterapia zinc – níquel – cobalto regula el funcionamiento de nuestro páncreas.
  • La fitoterapia a base de galega, alcachofera, vainas de judía, travalera, eucalipto, moral, olivo, pau d’arco, colpachi mejoran la producción insulínica de los islotes pancreáticos.
  • La momórdica y la gimnema, procedentes de la medicina Ayurvédica, también ofrecen resultados muy positivos.
  • Y los recientes estudios sobre la estevia, demuestran grandes adelantes en la curación de la enfermedad debido a su concentración en heterósidos de esteviol.

Gracias a todo este amplio soporte podemos conseguir que el metabolismo de nuestros hidratos de carbono recupere su normalidad. Sabiendo que el rango ideal de glucosa en sangre ha de estar por debajo de 100, que entre 100 y 126 somos considerados pacientes de riesgo y que a partir de 200 nuestro páncreas ya está enfermo.

De esta manera vemos una vez más como nuestro estilo de vida guarda una estrecha relación con nuestra salud y en consecuencia con nuestro futuro y nuestra valiosa felicidad. El pequeño cuidado del día a día, el “mimo” hacia nuestra propio cuerpo, es la clave de una vida saludable.

Para amar a los demás primero nos hemos de amar a nosotros mismos.

Belén García López
Fisioterapeuta
Naturópata – Homeópata
Experta en Macrobiótica