Cuando nos cuesta tragar, nos duele la garganta intensamente, vemos que nuestra temperatura aumenta y el dolor se irradia a los oídos, sospechamos que podemos estar ante una inflamación de las amígdalas. Se trata de un problema que se presenta frecuentemente en los niños, pero no por ello los adultos nos libramos de ello.

LAS AMÍGDALAS

Tanto las amígdalas como las vegetaciones son unos tejidos linfáticos que actúan como primera defensa ante la entrada de agentes patógenos tanto por la boca como por la nariz. Las primeras pueden verse a simple vista abriendo la boca. Sin embargo las vegetaciones, al estar situadas en el centro y algo más abajo, para ser vistas es necesario un pequeño espejo.

Hace no muchos años, las infecciones recurrentes en niños tanto en las amígdalas como en las vegetaciones, popularizó la extirpación quirúrgica de ambas (tomsilectomía y adenoidectomía). Sin embargo dicha práctica se ha ido reduciendo, ya que se ha ido reconociendo la importancia de estas barreras en el sistema inmunológico y se han descubierto productos y métodos para no tener que llevar a cabo dichas operaciones.

Ante una infección, las amígdalas y las vegetaciones ponen en marcha un sistema de defensa estimulando la producción de linfocitos B y T. Dichas infecciones pueden estar provocadas tanto por virus como por bacterias.

Este es un dato que se debe tener en cuenta, ya que el tratamiento es distinto si nos encontramos ante uno u otro agente patógeno. Los productos con acción antibiótica no tienen efecto si la inflamación de las amígdalas está provocada por un virus.

Entre los virus que pueden provocar una amigdalitis encontramos  adenovirus, rinovirus, coronavirus, enterovirus, influenza, herpes simple (I y II), citomegalovirus, sarampión, etc. Y si es provocada por bacterias, quizá la más común sea el Streptococcus pyogenes, siendo también frecuentes la Arcanobacterium Haemolyticum y Corynebacterium Diphteriae.

La evolución de las amígdalas y de las vegetaciones es distinta y por ello las consecuencias de su inflamación. Mientras las primeras pueden inflamarse a cualquier edad, las vegetaciones suelen hacerlo durante los primeros años de vida de la persona. Esto es debido a que su tamaño se reduce durante la adolescencia, momento a partir del cual en raras ocasiones se produce la inflamación. La edad en la que mayor riesgo existe de inflamación de las vegetaciones es aproximadamente hasta los 4 ó 6 años de edad.

Igualmente, en la mayoría de los casos, los procesos inflamatorios amigdalares se acompañan de inflamaciones de los ganglios del cuello y de la garganta así como de la faringe, pudiendo derivar en una faringoamigdalitis. Es reseñable que en algunos casos no resulta fácil saber si una faringoamigdalitis está provocada por una primera inflamación amigdalar o viceversa.

AYUDAS

Evidentemente, todo proceso infeccioso debe ser tratado por un profesional. Debemos tener en cuenta que las disminuciones de reacción del sistema inmunológico, especialmente si son recurrentes, pueden estar enmascarando alguna circunstancia que debe ser tenida en cuenta.

Es normal pensar que momentos de estrés, situaciones en las que se ponga a prueba el sistema nervioso así como cambios de temperatura bruscos o constantes, abuso de bebidas frías o exposición a agentes infrecciosos, crean un estado de inmunodepresión.

Desde las técnicas naturales, cuando surge una inflamación amigdalar, no se pretende evitar o cortar dicho proceso más allá de lo necesario para mejorar la respiración de la persona en caso necesario. Debemos tener en cuenta que estamos ante una disminución inmunológica y que nuestro cuerpo está poniendo en marcha sus primeras reacciones, por lo que si las cortamos también facilitaremos la entrada a los agentes infecciosos. En ese caso, luego nos veremos obligados a aportar productos antibióticos o antivíricos más fuertes para acabar con la infección con la que no hemos permitido acabar a nuestro cuerpo.

Entre las plantas más comunes para estimular el sistema inmunológico, especialmente en la zona nasofaríngea, nos encontramos con plantas como:

Tomillo (Thymus Vulgaris), especial para afecciones respiratorias, gripes, amigdalitis, faringitis, etc. Se debe evitar su uso en aceite esencial en embarazo, lactancia, niños menores de 6 años o pacientes con gastritis, úlceras gastroduodenales, intestino irritable, colitis ulcerosa, Crohn, problemas hepáticos, epilepsia, Parkinson o enfermedades neurológicas. Gordolobo (Verbascum Thapsus), con acciones y advertencias similares al Tomillo a las que se debe añadir la precaución de filtrar el resultado de la infusión porque los estambres pueden irritar la garganta. Llantén (Plantago Major), indicaciones y advertencias similares al Tomillo. Erísimo (Sisybrium Officinale) especial para faringitis y laringitis, asma bronquitis, etc. Contraindicado en obstrucción de vías biliares.

Y en cuanto a la homeopatía, contamos con:
Baryta Carbonica para amigdalitis de repetición que surge al menor contacto con el frío con dolor quemante y picante. Baryta Muriatica para amigdalitis de repetición con amígdalas que supuran al contacto con el frío. Belladona para las amígdalas con inflamación y color rojo que se acompañan de dolor pulsante.  Ferrum Phosphoricum para casi cualquier tipo de amigdalitis aguda. Lachesis Mutus para casos en las que está por la amígdala izquierda, que puede pasar el dolor a la derecha irradiando hacia el oído al tragar y con la garganta de color púrpura oscuro que mejora al tragar líquidos calientes. Silicea para cuando duele más al enfriarse la garganta y se acompaña de inflamación en los ganglios del cuello.

Una inflamación de amígdalas en sí no es nada preocupante, pero si se dan con repetición conviene acudir a un profesional para que realice una evaluación del sistema inmunológico, ya que en muchos casos, si bien las amígdalas pueden inflamarse, una buena reacción de éstas evitará que la infección llegue a causar más problemas.

Por Rafael Sánchez
Naturópata
Madrid