El cromo es uno de los elementos más abundantes en la corteza terrestre, existiendo en nuestro medio ambiente en varios estados de oxidación, principalmente metálico (Cr0), trivalente (Cr3+) y hexavalente (Cr 6+). Este último esespecialmente tóxico y en gran parte se origina por la oxidación del cromo trivalente, que es el estado en que se encuentra en la mayoría de los alimentos y suplementos nutricionales, constituyéndose como un nutriente esencial con muy baja toxicidad (1).

El interés del cromo como un elemento nutricional que mejoraría el metabolismo de la glucosa, se remonta a los años cincuenta, cuando se sugirió que la levadura de cerveza contenía un Factor de Tolerancia a la Glucosa (GTF), que impedía el desarrollo de diabetes en animales de experimentación. Inicialmente, este factor se propuso como una forma activa de cromo trivalente que podía reducir sustancialmente los niveles de glucosa en plasma en ratones diabéticos (2).

Posteriormente, en la década de los setenta, se insiste en la importancia del cromo como nutriente esencial necesario en el metabolismo de los carbohidratos, observando que en pacientes que recibían nutrición parenteral total (NPT), desarrollaban síntomas graves de diabetes, incluyendo pérdida de peso e hiperglucemia refractaria. Se decide añadir cromo como suplemento, observándose una mejoría a las dos semanas de tratamiento. Los signos y síntomas de la diabetes mejoraron y se redujo considerablemente el requerimiento de insulina exógena: de 45 unidades al día a ninguno (3).

Actualmente el cromo se añade de forma rutinaria a las soluciones de nutrición parenteral (4), aunque la dosis adecuada sigue estando cuestionada (5), su uso en los estados carenciales está bien establecido.

El cromo trivalente se encuentra en una amplia gama de alimentos tales como la carne, el hígado, la levadura de cerveza, la yema de huevo, las patatas con piel, y las melazas y aceites vegetales. También lo contiene el pan integral y el salvado, los cereales integrales, el germen de trigo, los quesos, el café, las nueces y algunos tipos de vinos y cervezas.

Un hecho interesante, es que algunas plantas medicinales o complementos alimenticios utilizados tradicionalmente para el tratamiento de la diabetes son ricos en cromo, tal y como sucede con la ya nombrada levadura de cerveza (Saccharomyces cerevisiae), el pericarpio (vaina) de las judías (Phaseolus vulgaris) o la hoja de arándano (Vaccinium myrtillus) (6).

En forma de compuestos inorgánicos, la cantidad de cromo absorbida es muy reducida (<2%), aumentando con ciertas formulaciones orgánicas. Una vez absorbido, el cromo se distribuye en los distintos tejidos, pero parece estar más concentrado en riñones (suprarrenales), músculo e hígado (7).

El consumo de alimentos refinados, como azúcares simples aumenta el problema de insuficiencia de cromo en la dieta, ya que estos alimentos suelen ser muy bajos en cromo, pero además aumentan su pérdida (8). También el agotamiento de cromo está asociado con situaciones de hiperglucemia y dislipidemia (9).

El receptor de insulina, tirosina fosfatasa es activado por el cromo, por tanto puede influir en la sensibilidad insulínica.

Las formas orgánicas de cromo se absorben más fácilmente (p. ej.: picolinato de cromo o asimilado en levadura de cerveza) que las formas inorgánicas (p. ej.: cloruro de cromo). Todo y así, se absorbe menos de un 10%. Su absorción aumenta con la presencia de oxalato y de almidón.

Una vez realiza su función, se elimina con mucha rapidez. Su eliminación aumenta en dietas muy refinadas, ricas en hidratos de carbono simples.

Las cantidades diarias recomendadas no están muy bien establecidas, se calculan entre 50 y 200 g/día para los adultos. Entre 10 y 120 g/d para niños menores de 7 años.

Aunque la suplementación con cromo también puede beneficiar los trastornos asociados a la hipercolesterolemia (10), sus principales usos están enfocados a la mejora de la actividad de la insulina y al control de peso.

El cromo en forma de picolinato es una de las formas más utilizadas en suplementación, demostrando atenuar la ganancia de peso, aunque no se conoce con profundidad el mecanismo subyacente a este efecto.

En un estudio realizado sobre 42 mujeres adultas con sobrepeso, con ansia de carbohidratos, a las que se le administraron 1.000 g de picolinato de cromo durante 8 semanas, se comprobó que el picolinato de cromo, en comparación con el placebo, reducía la ingesta de alimentos, los niveles de hambre, las ansias de hidratos de carbono y tendía a disminuir el peso corporal. De modo paralelo, un estudio sobre animales de experimentación, concluía que el picolinato de cromo tiene un papel regulador de la ingesta de alimentos, mediado por un efecto directo a nivel cerebral (11).

Distintos ensayos clínicos concluyen que el picolinato de cromo tiene un modesto, pero significativo efecto diferencial en el control de peso, comparado con el placebo. En algunos casos incluso se indica que los resultados son estadísticamente significativos, pero no clínicamente (12).

La sugerencia que el picolinato de cromo afecte a los neurotransmisores involucrados en la regulación del estado de ánimo y el comportamiento frente a los alimentos, mitigando de algún modo las ansias por determinados alimentos, justificaría su uso en múltiples complementos nutricionales. Dosis de 400 g diarios de picolinato de cromo pueden tener propiedades antidepresivas (13), (14).

BIBLIOGRAFIA

1. Cefalu WT, Hu F. Role of Chromium in Human Health and in Diabetes. Diabetes Care 2004; vol. 27(11): 2741-2751.

2. Tuman RW, Doisy RJ: Metabolic effects of the glucose tolerance factor (GTF) in normal and genetically diabetic mice. Diabetes 26:820–826, 1977.

3. Jeejeebhoy KN, Chu RC, Marliss EB, Greenberg GR, Bruce-Robertson A: Chromium deficiency, glucose intolerance, and neuropathy reversed by chromium supplementation, in a patient receiving long-term total parental nutrition. Am J Clin Nutr 30:531–538, 1977.

4. Anderson RA: Chromium and parenteral nutrition. Nutrition 11:83–86, 1995.

5. Moukarzel A. Chromium in parenteral nutrition: too little or too much?.Gastroenterology. 2009 Nov;137(5 Suppl):S18-28.

6. Giner E, Castillo E. Fitoterapia y diabetes. Revista de Fitoterapia 2003; 3(2):113-122.

7. Hepburn DD, Vincent JB: Tissue and subcellular distribution of chromium picolinate with time after entering the bloodstream. J Inorg Biochem 94:86–93, 2003.

8. Anderson RA, Bryden NA, Polansky MM, et al. Urinary chromium excretion and insulinogenic properties of carbohydrates. Am J Clin Nutr 1990;51:864–8.

9. Anderson RA. Chromium and diabetes. Nutrition 1999;15:720–2.

10. Pattar GR, Tackett L, Liu P, Elmendorf JS. Chromium picolinate positively influences the glucose transporter system via affecting cholesterol homeostasis in adipocytes cultured under hyperglycemic diabetic conditions. Mutat Res. 2006 Nov 7;610(1-2):93-100. Epub 2006 Jul 25.

11. Anton SD, Morrison CD, Cefalu WT, Martin CK, Coulon S, Geiselman P, Han H, White CL, Williamson DA. Effects of chromium picolinate on food intake and satiety. Diabetes Technol Ther. 2008 Oct;10(5):405-12.

12. Pittler MH, Stevinson C, Ernst E. Chromium picolinate for reducing body weight: meta-analysis of randomized trials. Int J Obes Relat Metab Disord. 2003 Apr;27(4):522-9.

13. Attenburrow MJ, Odontiadis J, Murray BJ, Cowen PJ, Franklin M. Chromium treatment decreases the sensitivity of 5-HT2A receptors. Psychopharmacology (Berl). 2002 Feb;159(4):432-6. Epub 2001 Nov 28.

14. McLeod MN, Golden RN. Chromium treatment of depression.Int J Neuropsychopharmacol. 2000 Dec;3(4):311-314.

Por José Daniel Custodio
Licenciado en Biología