Cuidados y suplementos para piel, pelo y uñasLa dermocosmética es la parte de la dermatología que se encarga primordialmente de la piel sana. La cosmetología es la ciencia y el arte que se ocupa del cuidado y embellecimiento de los caracteres estéticos de una piel sana. Los cuidados de la dermatología cosmética incluyen todo lo que se refiere a la prevención y el tratamiento del envejecimiento cutáneo, así como la corrección de las alteraciones del contorno.

La demanda de la dermocosmética es un hecho que aumenta cada año paralelo a la sociedad de bienestar y al envejecimiento de la población. Hemos conseguido aumentar nuestra esperanza de vida, sin embargo, nuestro organismo no está preparado para ser longevo y a partir de la tercera década de vida comienza un proceso de envejecimiento y muerte celular de los grandes sistemas del organismo.

La constante búsqueda de estabilidad en los organismos vivos es en realidad una constante mucho más rápida en todas las especies que en el ser humano. La capacidad de adaptación a los cambios en el medio ambiente no es tan rápida y esto provoca que en nuestra especie sea necesario redoblar esfuerzos para evitar envejecer.

Esto ha generado que en terrenos dermatológicos sea muy frecuente que coexistan pacientes con trastornos dermatológicos y los que inducidos por una mejor estética demandan consejos y tratamientos dermocosméticos ya sea por mejorar apariencia o por retrasar o paliar los efectos del envejecimiento.

El sol no da tregua y el daño que provoca la sobreexposición a los rayos solares es grave. La piel sufre cambios entre el invierno y el verano. En el verano generalmente está menos protegida por ropa y las condiciones ambientales que afectan (sol, viento, calor, etc.) empeoran. Lo ideal es que la gente use ropa que permita una buena ventilación y que se seque la transpiración. Evitar estar con ropas húmedas en contacto directo con la piel por tiempos prolongados. Se debe usar filtro solar 30+, todos los días y repetir en las zonas del cuerpo expuestas al sol. Se deben usar cremas hidratantes en rostro y cuerpo, evitar el contacto de la piel con químicos irritantes (ej. Exceso cloro en la piscina), así como, duchar o lavar la piel después de ir a las piscinas o playas.

Los cuidados estacionales de la piel, pelo y uñas, deben ser mucho más amplios en términos generales teniendo en cuenta que estos elementos representan no solo un elemento desde el punto de vista estético sino que muchas veces su estado y apariencia puede brindar información muy importante del estado general de salud del individuo.

En la temporada estival se pasan largas temporadas bajo el sol o se toman prolongados baños en el mar o en la piscina. Pero esto, puede resultar peligroso para la piel y el cabello.

Así como se protege habitualmente la dermis con protectores solares, también se deberá poner especial cuidado en la atención al cabello, que puede resentirse mucho por los efectos del sol, el cloro, la sal o la arena.

El cuero cabelludo es una extensión de la piel y también se ve afectado por los cambios hormonales en las mujeres y por ende sufre un desgaste de elastina, colágeno y afectan la calidad del pelo.

Las alteraciones en el aspecto y la cantidad del cabello pueden ser indicadores de enfermedades sistémicas como hipotiroidismo, alteraciones nutricionales, síndrome de ovario poliquístico, sífilis, anemia, etc, por lo que si nota algún cambio en dicho aspecto debe consultar con un especialista.

Las uñas son unas estructuras anexas de la piel que se localizan en los extremos de los dedos. Están formadas, principalmente, por células sin núcleo, que contienen queratina, una sustancia muy rica en azufre, constituye el componente principal de las capas más externas de la piel de los vertebrados. También el pelo es muy abundante en queratina, aunque su composición es distinta de la de la piel y la de las uñas.

La queratina de las uñas es una proteína fibrosa, con un elevado contenido en aminoácidos y especialmente en cisteína, que se distribuye formando cadenas enlazadas por dos átomos de azufre que forman puentes disulfuro. Es esta estructura lo que confiere a las uñas su dureza y resistencia.

La queratina de la piel, en cambio, también es rica en aminoácidos básicos, pero es más pobre en cisteína, lo que hace que su estructura sea menos fibrosa y más flexible.

Las uñas también contienen una pequeña cantidad de grasas (fosfolípidos, colesterol y ácidos grasos) que, además de formar parte de su estructura, contribuyen a retener agua. Ambos elementos, la grasa (presente en un 5%) y el agua (en un 10-15%), aportan fortaleza y un cierto grado de flexibilidad a las uñas, necesario para que éstas no se rompan. También están presentes pequeñas cantidades de minerales, como el cobre, el manganeso, el zinc, el hierro y el calcio.

El 20% de la población presenta en algún momento uñas quebradizas, aunque su frecuencia aumenta con la edad. Así, se ha visto que más del 30% de los mayores de 50 años pueden manifestar signos de una mayor tendencia de las uñas a romperse.

La fragilidad de las uñas puede ser debida a estados carenciales, como la anemia por déficit de hierro y otros componentes esenciales, las deficiencias vitamínicas (sobre todo, de biotina) y la falta de zinc. También puede observarse en determinadas alteraciones congénitas y como signo acompañante de algunas enfermedades que afectan al estado general, como las infecciones crónicas y la artrosis.

Pelo UñasPor otro lado, una de las agresiones más comunes que provoca que las uñas se vuelvan quebradizas es su contacto repetido con el agua (sobre todo si es caliente y jabonosa), los detergentes, los solventes y las sustancias alcalinas. La inmersión repetida de las uñas en el agua hará que éstas retengan más agua, lo que modificará su composición y alterará sus propiedades y estructura. Los detergentes, jabones, solventes y sustancias alcalinas, por otro lado, arrastran los lípidos, con lo que la captación de agua por las uñas se verá reducida y aumentarán su sequedad y su tendencia a fisurarse.

La Nutricosmética nace como respuesta al interés por aportar al cuerpo los nutrientes necesarios para la salud y la belleza. En palabras de Jímenez Ucero “la nutricosmética es la intersección entre la alimentación y el cuidado personal”.

Por tanto esta rama específica de la medicina antienvejecimiento no complementa exclusivamente la alimentación y nutrición, sino los cuidados cosméticos, que, cuando son tópicos, no llegan a las células profundas de la piel o de sus anexos.

Por sus acciones biológicas determinados nutrientes tienen un valor terapéutico en el cuidado del pelo, piel y uñas.

El uso de acondicionadores es necesario para mejorar el aspecto y la hidratación del tallo piloso. El consumo de vitaminas C, A, B, ácido fólico, zinc y biotina promueven el buen crecimiento y una buena circulación para la correcta distribución de los nutrientes en el cuerpo y folículos pilosos.

La administración de suplementos nutricionales que contengan vitaminas (especialmente, biotina), minerales (zinc, sílice, hierro) y aminoácidos (cisteína, metionina) y la adición de antioxidantes como la vitamina A, C y E, los carotenoides y el selenio, es una medida muy efectiva para mejorar el aspecto de la piel, pelo y uñas ayudando a fortalecer su estructura.

Se destaca el papel del azufre, por tratarse de un constituyente importante del pelo, piel y uñas, además de ser un antioxidante que protegerá frente a los radicales libres por la exposición al sol, humos y contaminación, y al envejecimiento natural del individuo. Se recomienda la suplementación de azufre orgánico como el Metil Sulfonil Metano (MSM) con las comidas ó fuera de las comidas de L-cisteína en ambos casos en dosis de 500 a 1.000 mg al día.

La cisteína, es el componente principal de la queratina, la proteína que aporta a las uñas su dureza, mientras que la metionina contribuye a mantener el enlace disulfuro, responsable de la dureza y resistencia de las uñas.

El zinc es un componente principal en piel, pelo y uñas y su acción es necesaria para la reparación y curación de tejidos. Sus estados deficitarios son un factor común de afecciones de la piel, así como también aumenta la tendencia de las uñas a romperse y pueden cambiar incluso de color, adoptando una tonalidad grisácea. También se ha relacionado la carencia de zinc con la paroniquia, que es una inflamación en los tejidos que bordean las uñas. Además el Sílice es uno de los principales componentes estructurales de estos mismos tejidos. Por lo que se recomienda la suplementación de 20 a 50 mg al día de Zinc y de 55 a 110mg al día de Sílice (conteniendo silicio).

Las vitaminas B están involucradas en la homeostasis de nuestro organismo y es determinante su papel en el metabolismo de las proteínas. Sus acciones biológicas son determinantes de la salud, producción e integridad del pelo. Este hecho, refrenda que la suplementación nutricional, con este grupo de vitaminas hidrosolubles, es imprescindible en un esquema de tratamiento dermocosmético.

Además, la falta de biotina, se ha relacionado con la aparición de fragilidad ungueal. Esta vitamina fortalece las uñas al actuar sobre la síntesis de las moléculas de grasa que conforman su estructura. Diversos estudios han demostrado una evidente mejoría del estado de las uñas en pacientes que han recibido una suplementación oral de biotina.

Se sugiere además que las Proantocianidinas oligoméricas (PACs) que tienen funciones antioxidantes además de ser estabilizadoras del colágeno son importantes para la salud de la piel, se recomienda su administración en dosis de 50 a 100 mg al día.

Por Roberto Vimbert
Licenciado en Medicina
Postgraduado Salud Pública y Métodos de Investigación Biomédica

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