En nuestro alrededor, las afecciones respiratorias parecen ser cada vez más comunes. Tanto debido a procesos alérgicos como a otros derivados de problemas nerviosos o iatrogénicos (producidos por efecto de medicamentos), se muestran como dificultades en la respiración y consecuentemente en la oxigenación, lo cual revierte en cansancio, dificultades de concentración y obviamente en la angustia de quien lo padece.

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 En medicina, se denomina asma a una obstrucción total o parcialmente  reversible de las vías aéreas. 

Si bien se sabe con certeza que es debido a una inflamación, tanto los mecanismos como las causas, no están totalmente dilucidados.

En algunos casos puede deberse a los efectos producidos por restos de medicamentos o de tóxicos que el organismo no puede expulsar o bien en los efectos producidos por cualquiera de éstos. En otros, los nervios y el estrés realizan su labor impidiendo la correcta respiración.

 

El asma no es una enfermedad hereditaria, pero sí existe una predisposición. Se puede heredar una facilidad para los brotes alérgicos, para los estados nerviosos alterados o bien se puede mantener en miembros de la misma familia un contacto con agentes que puedan desencadenar este tipo de síntomas.

 

En el mundo que nos rodea hay diversos productos que pueden actuar como detonantes de un proceso asmático. Desde los diversos tipos de polen, tóxicos ambientales como gases producidos por los coches o fábricas, tabaco, algunos tipos de aerosoles, etc.

Existen tres tipos de asma dependiendo del agente que la desencadene. La primera sería la causada por alergenos, en la que un producto desencadena una alergia y el organismo reacciona produciendo síntomas entre los que se encuentra el asma. La segunda sería la derivada de una bronquitis bacteriana, en la que las bacterias y sus toxinas harían una labor similar a la que hacían los alergenos en el primer caso. El tercer tipo sería el asma nerviosa y en ella son los trastornos emocionales o nerviosos los que provocan el ataque. Como dije anteriormente, para que todos ellos se produzcan, debe existir un terreno predispuesto, ya que en personas sin predisposición al asma, cualquiera de estos desencadenantes producirían otra serie de síntomas. 

asma2.jpgEs necesario hacer una distinción entre el asma bronquial, que es la que estamos tratando en este artículo, y el asma cardiaca. Este segundo caso no es propiamente asma pero se la denomina así debido a que también produce una dificultad respiratoria, pero en realidad es debida a fallos circulatorios en los vasos pulmonares. Por ello es necesario saber distinguirlas, ya que la manera de enfocar una y otra es totalmente distinta e incluso algunos remedios que están indicados en una de ellas, pueden estar contraindicados (e incluso prohibidos) en la otra. Para ello hay diversas pruebas médicas que darán los resultados precisos.

Retornando al asma pulmonar, se debe recordar que en el asmático crónico, puede sobrevenir el llamado enfisema pulmonar. En él, se dilatan los alvéolos pulmonares y terminan perdiendo su elasticidad pudiendo terminar rompiéndose. Los alvéolos se acaban poco a poco transformando en bolsas de aire sin elasticidad. La respiración es reducida, el tórax se encuentra permanentemente dilatado y el enfermo se fatiga ante el mínimo esfuerzo.

En lo tocante al componente psicológico del asma, cada vez se está estudiando más al respecto, porque se encuentran más casos de personas con crisis de asma nerviosa e incluso de personas a las que la alergia a un producto les provoca asma y el contacto con otro producto inofensivo pero similar en su forma al verdadero, les produce un cuadro asmático.

 

Es notorio en ese sentido el caso de personas a las que una alergia a ciertas flores les provocaba asma y de la misma manera, tenían ataques de asma cuando se les hacía oler esas mismas flores, pero de plástico, creyendo ellos que se trataba de flores naturales.

 

Otros estudios relacionan el terreno asmático con irregularidades en la relación materno-filial o bien con la parte femenina del enfermo. De cualquier manera, esto supera las pretensiones de este artículo.

 

En cuanto a los remedios naturales que tenemos para estos casos, podemos contar con los siguientes:

 

En fitoterapia tenemos la Fumaria (Fumaria Officinalis), con acción antiasmática, antialérgica y antihistamínica. Se debe tomar en tratamientos discontinuos y evitar en embarazo y lactancia. El Gordolobo (Verbascum Thapsus) que es expectorante, antitusivo y antialérgico. Se debe tener precaución si se toma en infusión debido a que los estambres pueden producir irritación de la faringe, por lo que se recomienda filtrar bien. La Cebolla (Allium Cepa) que además posee acción en afecciones genitourinarias y circulatorias. Se debe evitar su uso en casos de hemorragias y tratamientos con anticoagulantes. El Eucalipto (Eucaliptos Globulus), que también es una buena opción en resfriados, rinitis, sinusitis, traqueitis y gripe. Contraindicado en afecciones gastrointestinales, biliares o hepáticas, es incompatible con medicamentos analgésicos, sedantes o anestésicos. 

En homeopatía tenemos policrestos como el Bromum en casos de asma o molestias inspiratorias en las que el aire inspirado parece frío, Natrum Sulphuricum para el asma producida al cambiar de clima y con agravación por humedad y frío, Psorinum para el asma que mejora estando acostado con los brazos en cruz y con sensación de frío excesivo o Valeriana Officinalis para casos de asma nerviosa.

 

Como hemos visto, el asma es un síntoma que puede tener diversos detonantes. Como es costumbre en las terapias naturales, se debe investigar acerca de la causa primera para poder enfocar el problema de la manera más adecuada para cada persona e intentar generalizar lo mínimo posible, ya que no hay dos personas que necesiten exactamente los mismos productos porque no hay dos personas exactamente iguales.

Escrito por Rafael Sánchez

Naturópata

Madrid