El Estreñimiento

Una deficiente salud intestinal está asociada con una creciente incidencia de muchas de las enfermedades asociadas al mundo occidental, mantener un ritmo intestinal correcto y regular es indispensable no sólo para la salud del sistema digestivo, sino para el mantenimiento de la salud en general.

El estreñimiento es un síntoma que se describe como un esfuerzo excesivo para defecar, una sensación de evacuación incompleta, intentos fallidos para defecar, deposiciones duras y una disminución de la frecuencia de las deposiciones semanales. Este último aspecto depende mucho de la naturaleza de la persona, ya que en individuos sanos el ritmo de defecación puede oscilar entre 3 veces al día y 3 veces por semana.

No evacuar diariamente no significa necesariamente padecer estreñimiento. Puede darse el caso que personas con el tránsito intestinal más corto evacúen después de cada comida, mientras que otras personas, con tránsito intestinal más largo, pueden producir 3 evacuaciones a la semana, pero de forma espontánea, natural, sin esfuerzo ni sensación dolorosa, por lo que no puede considerarse estreñimiento.

En general el estreñimiento se divide en dos tipos fundamentales: el estreñimiento funcional primario (no hay una enfermedad orgánica que pueda ser la causa) y el estreñimiento secundario (si hay una enfermedad, o defecto fisiológico de fondo como causa).

El estreñimiento funcional primario es el más frecuente. Entre sus causas más comunes se encuentran los desequilibrios alimentarios, la baja ingesta de líquidos, el sedentarismo, situaciones de estrés, nerviosismo, ansiedad y agotamiento, cambios en los hábitos de vida o en las actividades diarias y el uso de ciertos medicamentos.

El estreñimiento secundario se puede producir como consecuencia de problemas fisiológicos, enfermedades o situaciones especiales: trastornos intestinales, hemorroides o fístulas anales, embarazo, trastornos hepáticos o pancreáticos, falta de tono en la musculatura lisa del intestino, lesiones musculares pelvianas, trastornos del sistema neurovegetativo, esclerodermia, distrofia muscular, depresión, esclerosis múltiple, Parkinson, hipotiroidismo, deficiencias vitamínicas, afecciones neurológicas, fibromas, quistes ováricos, tumores etc…

Las medidas generales en caso de estreñimiento primario funcional pasarían por:

– Realizar ejercicio físico para favorecer el peristaltismo intestinal.

– Aumentar la ingesta de agua (1,5 a 2 litros diarios) en caso que exista un estado previo de hidratación deficiente.

– Seguir una alimentación variada y equilibrada (cereales integrales, espinacas, verduras cocidas, acelgas, legumbres secas en puré, higos, uvas, ciruelas, kiwis…).

– Hacer caso al primer aviso para no reprimir el impulso defecatorio.

– Realizar todas las comidas diarias con tranquilidad, sentados, masticando bien y reposando unos 15 minutos antes de iniciar la actividad.

– Sentarse cada día a la misma hora aproximadamente, e intentar evacuar relajadamente, respirando profunda y largamente, concentrándose en el abdomen.

El tratamiento del estreñimiento en base a plantas medicinales y complementos nutricionales debe ir asociado a las medidas generales nombradas con anterioridad.

Al igual que con los fármacos de síntesis química, también se utiliza el término laxante, para referirse a este tipo de complementos.

Según su mecanismo de acción pueden clasificarse en distintos grupos:

1. Formadores de masa.

Aquí se pueden incluir los productos ricos en fibra. La fibra dietética está constituida principalmente por carbohidratos de naturaleza compleja, que forman parte de las paredes celulares de los vegetales, y que son resistentes a las secreciones digestivas de hombre (son, por tanto, no digeribles). Esta definición incluye a la celulosa, hemicelulosa, pectina y lignina (de naturaleza no glucídica), sustancias que se pueden encontrar en cereales, frutas y verduras. El término fibra dietética, sin embargo, se ha ampliado, y hoy en día comprende también otros polisacáridos de origen natural o semisintético con elevado índice de hinchamiento, como gomas y mucílagos (polisacáridos de algas y otros vegetales) y celulosas modificadas.

Serían útiles:

– Para favorecer la normalización del hábito intestinal.

– En pacientes con estreñimiento crónico leve.

– En estreñimiento ocasional.

– En pacientes que precisen evitar esfuerzos en la defecación y en aquellas situaciones que sea conveniente una defecación fácil, con heces blandas, como en caso de hemorroides, fisuras anales o tras intervenciones quirúrgicas anorrectales.

– En caso de colon irritable y en estreñimiento espástico.

– Se administran por vía oral, siempre acompañados de líquido abundante (agua, zumo de frutas…) no se absorben y producen el efecto pasadas unas horas, normalmente entre 12 y 24. La mejoría suele conservarse entre las 12 y 72 horas de iniciado el tratamiento.

Entre los efectos secundarios, cabe destacar la flatulencia, que puede corregirse con plantas medicinales carminativas como el hinojo o el anís verde.

Consideraciones:

No se debe sobrepasar los 30 g diarios y no es aconsejable en personas con atonía de colon.

– No son aconsejables en niños < de 6 años.

– Se ha de separar la toma al menos dos horas (fundamentalmente fibra soluble) si se utiliza conjuntamente con determinados fármacos, ya que puede alterar su absorción.

– Puede existir peligro de obstrucción esofágica si no se toma con suficiente líquido o si se utiliza justo antes de acostarse.

– Algunos ejemplos de este tipo de laxantes serían el salvado de trigo (es laxante y regulador, se utilizará en curas discontinuas, pues puede resultar irritante a largo plazo), sustancias mucilaginosas que contienen polisacáridos que favorecen la hidratación del bolo fecal (agar-agar, glucomanano, malvavisco, zaragatona, lino, ispágula…).

También se puede tener presentes los productos simbióticos a base de probióticos y prebióticos, aunque su manejo terapéutico sería diferente.

2. Estimulantes.

Este grupo incluye una serie de plantas cuya actividad se atribuye sobre todo a la estimulación de la motilidad intestinal, pero modifican también la permeabilidad, es decir, el intercambio de agua y electrolitos a través de la pared intestinal.

Los principios activos de este grupo se denominan heterósidos de derivados hidroxiantracénicos. Estos principios activos inicialmente son inactivos, pero una vez en el organismo después de ingerirlos, liberan sus formas activas actuando sobre el colon, por la acción de la flora intestinal. Esta situación se comprueba teniendo en cuenta que una vez ingeridos su acción se manifiesta a las 6 u 8 horas, tiempo necesario para llegar a su lugar de actuación.

Este grupo de laxantes se emplearía:

– En el tratamiento de corta duración (máximo una semana) del estreñimiento ocasional, pero no en caso de estreñimiento que vaya acompañado de espasmos, pues podría exagerarlo.

– En aquellas situaciones en las que sea conveniente el vaciado intestinal, como es el caso de ciertos preoperatorios y previamente a determinadas exploraciones radiológicas o proctológicas.

Consideraciones:

Ocasionalmente, pueden producir espasmos y dolores abdominales, en especial en pacientes con colon irritable.

Se puede dar un cambio en la coloración de la orina, de amarillo-pardusco o rojizo (según el pH), debido a su eliminación por la orina. Es conveniente avisar al paciente para indicarle que no se trata de presencia de sangre en la
orina (hematuria).

En caso de sobredosificación, suelen dar cólicos y diarrea aguda, con pérdida de agua y electrolitos (especialmente potasio) que es conveniente reponer.

Están contraindicados en caso de obstrucción intestinal, atonía, enfermedades inflamatorias del colon, apendicitis, dolores abdominales de origen desconocido y estados de deshidratación severa con pérdida de agua y electrolitos.

No deben administrarse a niños menores de 10 años, y a niños mayores de 10 años, sólo bajo prescripción médica.

Es preferible evitar su uso durante el embarazo, así como en la lactancia.

En caso de uso crónico o abuso, pueden dar lugar a hipokalemia por lo que podrían interaccionar con fármacos del tipo de los heterósidos cardiotónicos o antiarrítmicos.

Plantas que tradicionalmente vienen utilizándose por su efecto laxante irritante son: el aloe, el sen, la cáscara sagrada, la frángula, el ruibarbo, el ricino, o la caña fístula.

3. Lubricantes.

Actualmente no tienen demasiado uso, salvo el popular. Su uso prolongado y en cantidades excesivas es desaconsejable. En este caso cumplirían su acción por un reblandecimiento de las heces (aceite de oliva, aceite de sésamo).

4. Osmóticos.

Actúan atrayendo agua hacia la luz intestinal, absorbiéndose poco o nada en el intestino. Este grupo incluye a las ciruelas (de las que se pueden tomar de dos a cuatro vasos por día de zumo de ciruelas, o de cinco a siete ciruelas mojadas la víspera y que hay que consumir por la mañana), la flor de hibisco o los frutos de tamarindo.

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José Daniel Custodio
Licenciado en Biología